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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE tir la ejecución de Noriega y ante la falta del apoyo presuntamente prometido por Estados Unidos. La rebelión fue sofocada por las Fuerzas de Defensa y Giroldi y otros oficiales fueron asesinados. Superado el trago, la Asamblea Nacional designa a Noriega de manera formal como Jefe de Gobierno y declara al país en estado de guerra contra los EE. UU. ya bajo la presidencia de George Bush (padre) En plena noche del 19 de diciembre de aquel mismo año, aviones estadounidenses desatan un bombardeo simultáneo contra todos los núcleos militares del país. Bush anunció que sus fuerzas tenían como objetivo capturar a Noriega y proteger los intereses norteamericanos en Panamá. La operación, llamada Causa justa se prolongó por quince días y se cobró un número de muertos que se estima entre 600 y 5.000; en su mayoría, civiles. Noriega permaneció escondido en casa de su amante, Vicky Amado, hasta que se trasladó a la Nunciatura Apostólica el día de Nochebuena, protegido por el nuncio Sebastián Laboa, un jesuita español. Fue el prelado quien lo convencería para que se entregara a las fuerzas invasoras, labor que hizo el 3 de enero de 1990. Al día siguiente era enviado al condado de Dade, en Florida, a la espera de juicio. Fue condenado a 40 años de prisión por permitir el tráfico de drogas hacia Estados Unidos, pena que le fue reducida a 30 años. Después, el Gobierno premió su buena conducta y sus pasadas colaboraciones con la CIA y le redujo la pena a 17 años, los que ha pasado como prisionero de guerra disfrazado de general zarzuelero y que vencerán el próximo día 9 de septiembre. Ahora, Manuel Antonio Noriega espera a que el Departamento de Estado ejecute su extradición a Francia, donde fue juzgado en ausencia en 1999 por lavado de dinero y condenado a diez años de prisión. Sus abogados han insistido en que el ex dictador sea enviado a Panamá, donde debería afrontar varios cargos por corrupción y en el que ya ha sido condenado a 35 años de cárcel por los asesinatos de Spadafora y el mayor Giroldi. Aunque en Panamá se ha recibido esta noticia como una humillación, en el fondo reconocen que la justicia será más efectiva en tierras galas que en suelo centroamericano. En el Istmo, como en casi todo el continente, siempre hay un juez dispuesto a conceder un amparo o un partido político presto a ceder un escaño y, con ello, la impunidad. Ahí siguen tan panchos Efraín Rios Montt- -en Guatemala- o Arnoldo El Gordo Alemán- -en Nicaragua- calentando sus asientos en el Congreso mientras sus prontuarios criminales acumulan polvo y telarañas en algún juzgado... Cuarenta años de prisión Noriega, detenido en 1989 por agentes norteamericanos tras convencerle un jesuita español de que se entregara Silvera que apoyaba el retorno de Torrijos al ordeno y mando, por lo que, como recompensa, fue ascendido a teniente coronel y nombrado Jefe del Servicio de Inteligencia o G- 2. Al parecer, fue allí donde comenzaron sus relaciones con los narcos colombianos. Desde 1981, tras el accidente aéreo que acabó con la vida de Torrijos, y de la que se le llegó a responsabilizar, Noriega empieza a acumular mando en las Fuerzas Armadas y en el Partido Revolucionario Democrático del extinto dictador. Urdió el acceso de Nicolás Ardito a la Presidencia en 1984, para luego despacharlo de un puntapié. Destituyó al jefe del Estado Mayor, puso y quitó gobernantes y, sobre todo, alquiló el país al servicio del cartel de Medellín (por unos 300.000 euros al mes) mientras distraía a la empobrecida población con mensajes populistas y otras chucherías. En febrero de 1988 comienza la cuenta atrás para el generalote: en Florida son presentados cargos por narcotráfico contra él. En un exceso de optimismo, el entonces presidente Erik Delvalle intenta destituirle. Pero el Parlamento, títere de Noriega, lo que hace es despedirlo a él. Le sustituirá otra marioneta, Manuel Solís Palma, a quien nombrarán Ministro encargado de la Presidencia EE. UU. impone entonces un bloqueo económico contra Panamá, lo que agrava aún más la crisis que se llevaba arrastrando desde años e impone el bloqueo de las cuentas bancarias para evitar la fuga de capitales. La administración Reagan intentó convencerlo Noriega juzgado en Florida y condenado por narcotraficante a 40 años de prisión por las buenas para que abandonara el poder, pero Noriega debió de confundir al presidente norteamericano con un mal actor de Hollywood y no se avino a razones. En septiembre de aquel mismo año, Solís Palma se presentó ante las Naciones Unidas acusando a los estadounidenses de agresión contra su país. En mayo de 1989 se celebran elecciones, en las que la oposición presenta a Guillermo Endara como candidato de unidad, mientras el oficialismo postula a Carlos Duque Jaén. La participación fue masiva y el triunfo de Endara, apabullante. Cuando se dieron a conocer los resultados preliminares, favorables al Gobierno, la oposición denunció el fraude y el pueblo se echó a la calle; excusa perfecta para que Noriega anulara los comicios alegando una interferencia extranjera Panamá malvivió desde entonces al día. En septiembre de 1989 juraba como nuevo presidente un ingeniero que pasaba por allí, Francisco Rodríguez, amiguete de Noriega desde su estancia en Lima. Al mes siguiente el mayor Moisés Giroldi Vera, jefe de la compañía de fusileros responsable de la seguridad de la Comandancia, fracasa en su intentona golpista al no atreverse a permi- Ahora, Noriega espera a que se ejecute su extradición a Francia, donde fue juzgado en ausencia en 1999 por lavado de dinero y condenado a diez años de prisión