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2 9 07 CLAVES DE ACTUALIDAD El narcodictador que declaró la guerra a los gringos Después de pasar 17 años en cárceles de EE. UU. al bribón que gobernó Panamá entre 1983 y 1989 parece que le espera otra temporada a la sombra en un penal francés TEXTO: MANUEL CASCANTE CORRESPONSAL EN MÉXICO Noriega S i se observa la historia de América Latina, al realismo mágico le sobra el adjetivo y sus fábulas más bien resultan apuntes del natural. Así, el general panameño Manuel Antonio Noriega no desmerece entre los dictadores de ficción retratados por Asturias o García Márquez o de aquel inaugural Santos Banderas valleinclanesco. Servidor de mil amos, corrupto, sagaz y sin escrúpulos, Noriega fue nuestro hijo de puta -uno más- -para Estados Unidos hasta que a los gringos dejó de serles útil y sus vínculos con el narcotráfico se convirtieron en tan escandalosos como sus fraudes electorales. Pero, durante los seis años en que Noriega ejerció el poder a su capricho- -desde la sombra o a plena luz, como primer espadón del Ejército, cabeza de Gobierno o Jefe de Estado- se enriqueció, amañó elecciones, torturó y ejecutó opositores (Hugo Spadafora fue el más renombrado) alojó terroristas (incluidos los de ETA) Amamantado por Omar Torrijos, Noriega fue durante años fontanero en las cloacas del Estado; sus habilidades con el soplete y el mandril le proporcionaron chapuzas extra para la CIA, para Cuba, para la Nicaragua sandinista... Para todos trabajó y de todos ellos cobró. Pero fue en la agencia de información estadounidense donde consiguió sus mejores sobresueldos. Cuando tenía el rango de mayor, y como jefe de la zona militar de Chiriquí, secundó el golpe encabezado por el coronel Ramiro El general Noriega, puño en alto, en la ciudad de Panamá, días antes de su detención en 1989 Fotos: ABC Durante los seis años en que Noriega ejerció el poder a su capricho, se enriqueció, amañó elecciones, torturó, ejecutó opositores y alojó terroristas (incluidos los de ETA)