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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE MADRE TERESA A ABC Es un deber luchar por la santidad FRANCISCO DE ANDRÉS La Madre Teresa participó en Lima, en agosto de 1989 en un Congreso Internacional sobre la Reconciliación. En Lima estaban presentes, además, sus hermanas trabajando en alguno de los barrios más deprimidos. Poco aficionada a las entrevistas, aceptó mantener sin embargo una conversación en una salita del convento donde se atendía a niños abandonados, muchos de ellos afectados por el síndrome de Down y otros problemas. De aquella charla que publicamos en ABC el 21 de agosto de 1898, extraemos algunos aspectos. Mire, creo que es hermoso considerar que existe mucha pobreza espiritual en los países ricos, e incluso pobreza material, aunque sea menos visible. En todos ellos hay una muchedumbre de personas que sufren soledad, desamor, enfermedades físicas y morales, que constituyen una pobreza mayor que la material y más difícil de solucionar. Si alguien necesita un pedazo de pan, basta con ofrecérselo para saciarlo; si necesita descanso, basta una cama. Pero ante un ser humano abandonado, despreciado, no basta la ayuda material, se precisa una ayuda afectiva y espiritual que es mucho más difícil. Por eso es tan importante la labor de nuestras hermanas. Ellas entienden muy bien esas necesidades Acepto las invitaciones y los premios por la gloria de Dios y el bien de la gente. Acepté el Premio Nobel de la Paz por ese motivo, de otro modo nunca lo hubiera aceptado (Sobre la Teología de la Liberación) Si destruye la alegría, la paz y el amor, la unidad, entonces no es liberación. Más que nunca necesitamos hoy esos valores y debemos defenderlos y fomentarlos He puesto el condicional si Sé poco de esas teorías, pero a raíz de lo que he escuchado tengo que decirle que todo lo que se relaciona con Dios tiene como fruto unirnos más unos a otros. Hemos de hacer sólo lo que seamos capaces de hacer. Nosotras intentamos arreglar los males del mundo dando a los pobres, a los enfermos, a los despreciados, a los más miserables de los miserables, todo el cariño y afecto que somos capaces de ofrecerles. Todos, desde su condición en el mundo, pueden también contribuir a la tarea de cambiarlo, de purificarlo, buscando la unidad, el servicio, la reconciliación, el amor. Es necesario un amor tierno hacia el prójimo, que sólo puede venir de la oración porque ella nos concede un corazón limpio. El hambre no sólo es de pan. El hambre es de amor, de reconciliación, y, si queremos reconciliarnos, tenemos que perdonarnos unos a otros. Perdonar nos da un corazón puro, y el que tiene un corazón puro puede amar a Dios Sufrir es participar en la Pasión de Jesucristo. En cierta ocasión me encontraba junto al lecho de una mujer enferma de cáncer y le animaba y consolaba diciendo que ese dolor era un beso de Jesús. le decía: Mira, estás tan cerca de la Cruz de Jesucristo que Él te puede besar Y entonces ella, haciendo un gran esfuerzo y con una pizca de humor me contestó: Por favor, dígale a Jesús que deje de besarme Sí, yo siempre digo a los enfermos que su dolor es un regalo del Cielo y que tienen que hacer uso de ese bien. Muchas veces no podemos hacer más que eso: pedírles que ofrezcan sus sufrimientos por la paz entre los hombres El aborto es un asesinato. Todo lo que destruye una vida humana es contrario al amor, a los planes de Dios respecto a cada una de sus criaturas, y a la concordia entre los hombres (Sobre la ordenación de las mujeres) Nadie pudo haber sido mejor sacerdote que Nuestra Señora. Y, sin embargo, quiso permanecer Esclava del Señor. Lo que yo puedo hacer como mujer no puede hacerlo ningún hombre, y por eso es tan importante para mí aspirar a ser una mujer perfecta de acuerdo con los planes que Dios me reservaba cuando me creó (Sobre los inconvenientes de su fama de santa) No, ¿por qué habría de molestarme? Para mí es un deber luchar por la santidad como para todos los cristianos, porque a todos nos ha dicho Dios: Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto (Sobre el secreto del éxito de sus monjas) La oración, porque su fruto es la fe, y el fruto de la fe, el amor, y del amor, el servicio al prójimo; y el fruto del servicio, la paz Sonriente, entre sus pobres, junto a una canasta de plátanos para compartir Las sandalias de la fundadora de las Misioneras de la caridad