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D 7 26 8 07 POR VIRGINIA RÓDENAS GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Hamburguesas resa de alferecía o vaya a saber usted de qué otros males quedaría nuestra ex ministra de Sanidad- -ahora en la Cartera de Administraciones Públicas- -ante la visión del Big Mac más grande del mundo (4 metros de alto por 3,6 de ancho) con que Jim Delligatti, padre de la criatura, ha querido celebrar en North Huntingdon (Pennsylvania) el cuarenta cumpleaños de la hamburguesa más vendida del orbe. Sólo en España nos zampamos al año 20 millones de este sándwich de vacuno que contra apocalípticas ideas- -sobre todo de algún asesor ministerial- -no es un bicho congelado que viene de Estados Unidos, sino un bocadillo que se elabora con lechuga y cebolla de Navarra, pan de Barcelona y Madrid, queso Cheddar y pepinillos de Alemania, salsa (ultra secreta) hecha en el Reino Unido y El índice que devoramos El Big Mac la hamburguesa más vendida del planeta, ha cumplido esta semana cuarenta años. Un icono que es diana de los anti fast food al tiempo que un índice de referencia para The Economist P carne procedente de granjas de la UE, aunque, también es verdad, que la ortodoxia de la cría del ganado en general está en cuestión, pero esa es otra historia, y para la nuestra igual da que nos despachen las mollas picadas o en filetes. Es cierto que Delligatti, uno de los primeros franquiciados de McDonald s que incluso llegó a trabajar codo con codo con Ray Krock, fundador de la cadena de comida rápida, no es precisamente un tipo magro y que no sabemos cómo andará de colesterol (del malo) pero ahí está, vivito y coleando, y muy sonriente al pie del cañón tras haber sobrevivido a cuatro décadas de comida- basura Su aspecto, desde luego, no da una impresión menos saludable que el que se atiborra de torreznos o huevos con chorizo a la barra de nuestros bares locales. Pues bien, esta semana, el legendario empresario Jim Delligatti posa orgulloso ante la estatua en honor al Big Mac el sándwich que creó hace 40 años en McDonald s ABC confesaba, con una sonrisa de oreja a oreja, que jamás se imaginó que su invento (del que se devoran 550 millones de unidades cada año en EE. UU. y 150 en Japón, el segundo país en consumo de esta hamburguesa doble) llegara a tener tanto éxito. Los clientes adultos de aquel entonces- -ha recordado- -buscaban un sándwich diferente. Yo les di justo lo que ellos pedían y ahora estamos celebrando el aniversario de un verdadero icono Aquel primer Big Mac se vendió a 45 céntimos de dólar y fue despachado por el hoy retirado profesor de Biología Frank Berardi, entonces empleado a las órdenes de Jim en su local de fast food El mundo, como de costumbre, andaba patas arriba. La ONU había proclamado a 1967 Año Internacional del Turista, mientras los americanos morían embarrados en Vietnam, a punto de consumarse la carnicería más inútil de toda esa guerra: La batalla de la Colina de la Hamburguesa (el nombre lo dice todo) Tiempo después, de eso hace ahora veinte años, la escabechina de la colina 937 bien aliñada con napalm, volvía a salpicarnos desde la gran pantalla, cocinada por el cineasta británico John Irvin. Pero la vuelta de tuerca a esta hamburguesa se la han dado los economistas, haciendo del invento de Delligatti el Big Mac Index que, a partir de una investigación no científica, todo sea dicho, permite comparar el poder adquisitivo de los distintos países donde se vende este producto y saber si las monedas nacionales están sobrevaloradas respecto al dólar estadounidense. Así lo usa desde hace más de veinte años The Economist Según el último análisis del semanario británico, la moneda china (un Big Mac cuesta en Pekín 11 yuanes- -1,45 frente a los 3,41 en EE. UU. está infravalorada en un 58 mientras que la divisa islandesa, noruega o suiza se sobrevaloran: Hoy en Reikiavik no te comes la hamburguesa de Delligatti por menos de 459 coronas (5 euros) contra los 3,20 que vale en España.