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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE des, como Tony Blair, que vivieron de cerca los avatares de la añorada princesa. A través de Diana, tratada con mayor simpatía que Carlos, la autora analiza el Reino Unido, su monarquía, su vida social, etcétera. De las páginas del libro emerge una Diana mitómana- -en un momento comentó que ella podía arreglar el problema de Irlanda del Norte- fabuladora y manipuladora pero, al mismo tiempo, poseedora de unas considerables dosis de valentía, decisión y perspicacia. Era una actriz consumada y con un extraordinario talento para la creación de la imagen fascinante que caló hondo en el público británico. Sus manifestaciones, aparentemente espontáneas- nuestro matrimonio era cosa de tres y eso lo convertía en un lugar atestado parecen, a menudo, algo rumiado de antemano. Su inigualable imagen y su sentido del espectáculo los puso también, lo que le honra, al servicio de causas nobles. Diana acaparó televisiones y portadas cuando subastó con fines benéficos los trajes de sus momentos dorados de princesa consorte: el modelo de Edelstein con el que bailó con John Travolta en una recepción en la Casa Blanca, que alcanzaría los 225.000 dólares, así como otros de Catherine Khan o de Jacques Azaguri, el modista que manifestó sabía que tenía unas piernas estupendas y después del divorcio quería enseñarlas Mayor impacto aún alcanzó su foto en África con un enfermo de sida, una primicia entonces, o su arrojo y empeño en Angola, al cruzar, en un viaje con la Cruz Roja y a pesar del peligro, un campo de minas- -había 70.000 mutilados por ellas en el país- para mentalizar a la opinión pública mundial sobre la necesidad de prohibirlas. Lo logró. El gesto no fue apreciado por el Gobierno conservador británico, pero tuvo una trascendencia histórica para la firma de un trata- Era una actriz consumada y con un extraordinario talento para la creación de la imagen fascinante que caló hondo entre el público británico Su gesto de cruzar un campo de minas- -había 70.000 mutilados por ellas en Angola- -mentalizó a la opinión pública contra este tipo de armamento do internacional sobre el tema. La buscada fama prestaba así un impagable servicio a una hermosa causa. Antes de su muerte pensaba embarcarse a fondo en otra cruzada loable: luchar contra el analfabetismo. Alguien vería en ello una reacción contra su increíble incultura: la deslumbrante princesa, la chic entre las chics, había estudiado en un instituto privado muy poco exigente, donde el requisito de entrada era únicamente que el aspirante tuviera buena caligrafía. Suspendió dos veces el examen final y terminó con notas insólitamente ramplonas. Algo, según algunos, en cierta medida premeditado: en la época, una buena formación hubiera sido nociva para sus aspiraciones principescas. Diana, con todo, acabaría, otra cruel paradoja, siendo víctima de su éxito de diosa mítica cuando encontró al que sería el verdadero amor de su vida, el cirujano paquistaní Hasnat Khan. La autora revela convincentemente que la princesa, con su matrimonio ya destrozado, se enamoró como una colegiala de este apuesto médico, el único lo llamaría, que trabajaba en un sanatorio londinense al que ella había acudido para visitar al marido de una amiga- ¿No es de un guapo para caerse de espaldas? le susurró a ésta- Diana tuvo un largo affaire con él, acudía a su apartamento de soltero donde le planchaba la ropa y le preparaba platos precocinados, hizo un viaje a Pakistán para impresionar a su familia y acudía de noche regularmente a recogerlo al hospital. Descubierta por un reportero, lla- Objetivo frustrado Mario Testino dispara a los fotógrafos en la exposición organizada en Kensington, en 2005, con las imágenes que él captó de Diana de Gales La autora de su última biografía pone en solfa la extendida creencia de que Lady Di era una tímida mosquita muerta y apunta que su matrimonio ya hacía aguas en 1985 Su inseguridad- -su madre la había abandonado cuando tenía seis años- la echó en brazos de Al Fayed, cuya inmensa fortuna le ofrecía protección y boato AFP mó a un importante redactor del periódico confesándole que la razón de su visita al hospital era confortar a los enfermos: Los cojo de la mano, les hablo, los consuelo... salgo renovada Una vez más el periodista picó el anzuelo y publicó un largo artículo titulado Mis noches secretas como ángel La boda con el cirujano, deseada ardientemente, no tendría lugar. El padre, ante los rumores, manifestaría que su hijo se casaría con una paquistaní musulmana, pero el escollo mayor era el mero significado de Diana. En su constante lucha publicitaria con Charles, le robó el show hasta el día en que este confesó en la televisión su adulterio, y con la sombra de Camila, Lady Di se había convertido en un mito inigualable al que seguía y adoraba la prensa de todo el mundo. Es justamente lo que odiaba Khan, la publicidad, los focos, llamar la atención. Esto imposibilitaba su matrimonio. Como dice Clive James: Diana creía que había un lugar maravilloso y encantado, llamado extranjero, donde la gente la comprendería y podría llevar una vida normal Khan comprendió que no era así y rompió. La princesa quedaría devastada. Su incandescente celebridad auyentó al hombre del que se había enamorado. Diana siempre habría resultado guapa, agradable, pero sus tribulaciones la convirtieron en algo extraordinario, el público británico estaba hechizado al ver la transformación ocurrir delante de sus ojos apunta Tina Brown, pero desgraciadamente, ella aceleró los cambios que terminarían haciendo su vida literalmente imposible La elección por Charles de Highgrove, el antiguo domicilio conyugal, para celebrar en julio de 1997 el 50 cumpleaños de Camila fue un golpe para Diana; la hundió. Quería ausentarse y le llegó la invitación del millonario Al Fayed. En su yate conoció a su hijo Dodi. Su inseguridad, su inveterado temor a ser marginada- -su madre la había abandonado cuando tenía seis años- la echó en brazos del egipcio que con su inmensa fortuna le ofrecía protección, boato, grandes hoteles, yate de ensueño, enjambre de guardaespaldas... necesarios en ese momento. Este delirio mediático causaría su precoz muerte huyendo, precisamente, nueva feroz paradoja, de los focos que tanto había buscado. Los medios de información se postrarían de nuevo de hinojos ante la diosa; tanto, que opacaron por completo la desaparición ese día de un alma ejemplar, la de la Madre Teresa de Calcuta.