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26 8 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Crónicas de Diana Las paradojas de una diosa La noche del 30 al 31 de agosto se cumplirán diez años de la muerte de la princesa Diana, una criatura magnética, llena de contradicciones y auténtica reina de los medios de comunicación POR INOCENCIO ARIAS EMBAJADOR DE ESPAÑA eguro que usted sabe cuál era el problema. El problema es que ella se negaba a practicar el sexo oral El descarnado comentario sobre Lady Di no salió de un procaz gacetillero sensacionalista, sino de su abuelastra, la conocida novelista Barbara Cartland. Muestra una de las muchas irónicas paradojas, que mencionaremos, de la vida de uno de los mayores mitos del siglo XX. Diana Spencer, Lady Di, parece haber calculado en su adolescencia que uno de los requisitos para atraer al Príncipe Charles era guardar su compostura es decir, su virginidad. A la larga, sin embargo, la incompatibilidad sexual de la pareja- -Charles confesaría a un amigo que en los primeros meses de matrimonio hacían el amor sólo cada tres semanas- -y la pasión del Príncipe por Camila, casada y, al parecer, quizás por ello, menos remilgada, contribuirían a la debacle del matrimonio Carlos- Diana. S riodista, y llegaron dos batacazos. Uno, con una nueva revista, y otro con un programa televisivo. La Brown, que se atreve a hacer comentarios arriesgados como que Hillary Clinton es la candidata demócrata que, a pesar de las encuestas, no puede ganar la Pre- sidencia de los Estados Unidos por ser excesivamente polarizadora, resucita ahora con su libro sobre Diana, que se nutre no sólo de conversaciones que tuvo en su momento con el Príncipe Charles y su esposa, sino de otras entrevistas recientes con personalida- La rata que rugió Este fracaso y la radiante pero atribulada vida de Lady Di son contados brillantemente en el libro de Tina Brown Las crónicas de Diana La autora es una periodista integrante de la jet y que, como muchas vedettes mediáticas, vivió una irresistible ascensión seguida de una caída. Dirigió la prestigiosísima revista norteamericana Vanity Fair en la que publicó, en 1985, un artículo sobre Diana de Gales, La rata que rugió que causó sensación. Ponía fundadamente en solfa la extendida creencia de que Lady Di era una tímida mosquita muerta y apuntaba que su matrimonio con el Príncipe heredero británico hacía ya agua. El texto sería devorado y desmenuzado por toda la prensa británica. Pasó más tarde al timón de la igualmente respetada The New Yorker el sueño de cualquier pe-