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6- 7 D 7 LOS DOMINGOS DE Penélope Cruz, en el papel de Lupe Sino, y Adrien Brody, como Manolete, en una escena del filme Son muchos los que se han lanzado al ruedo literario para novelar sobre la personalidad del torero dentro y fuera de la plaza. Mares de tinta que colman de vida la leyenda nativa, Comunista era rebautizado como Mirador en la España de la posguerra- Manolete, el califa fulminado (Planeta) de Anne Plantagenet- -recorrido por el trágico itinerario de un muchacho pobre que quiso ser héroe y terminó devorado por su propio mito- Mares de tinta para colmar páginas y páginas sobre el elegante torero con rictus de amargura. González Viñas desvela en Sol y sombra de Manolete (Books 4 pocket) la historia de un hombre que representa perfectamente la España del momento; una España gris, estoica, que ha de prescindir de lo superfluo, de los adornos, de la ostentación y refugiarse en la frugalidad de la cartilla de racionamiento La sombra del IV Califa es alargada: más de ochocientos poemas se han escrito sobre él. Y Fernando del Arco los funde en un magnífico recopilatorio, Parnaso manoletista (Egartorre) Barnaby Conrad, imantado por su singular personalidad, novela sobre el último día de Manuel Rodríguez en Matador (Fundación Lara) con más de tres millones de ejemplares vendidos en Estados Unidos. El psiquiatra y escritor Fernando Claramunt ha cuajado con Tiempo de Manolete (Egartorre) una soberbia faena, prologada en berrendo y epilogada en colorado y ojo de perdiz donde se recuerda al miura que segó una vida y engrandeció un mito. Manolete, el torero más invocado por poetas y fuente de inspiración de grandes artistas, ha renacido este año. Islero se lo llevó al paraíso de los toreros bravos y lo coronó héroe de eterna leyenda. Travelling sobre verónica JAVIER CORTIJO La mejor demostración de que la gran pantalla pocas veces se ha metamorfoseado dignamente en ruedo taurino es que, si preguntas a cualquier aficionado, que no sea del tendido 7 sobre una buena película de toros, tal vez responda: Juncal la entrañable teleserie protagonizada por Paco Rabal. Sin embargo, que se sepa, el cine taurino ha echado un buen capote, al menos, a dos personas: A Rodolfo Valentino (y luego a Tyrone Power) para consagrarse como sex symbol gracias a Sangre y arena (la versión de Sharon Stone décadas después sí que tuvo delito) y a Achero Mañas para darse cuenta de que lo suyo era la dirección tras pinchar en hueso con Belmonte Hombre, algunas buenas corridas sí se han librado, como esa Tarde de toros de Ladislao Vadja; El momento de la verdad de Francesco Rossi, y las dos grandes orejas: la psicológica ¡Torero! del gallego Carlos Velo, y la neorrealista Arruza de Bud Boetticher. Y eso que por cantidad no será: la estudiosa Muriel Feiner calculó en medio millar los filmes en que aparecen, por activa o por pasiva, las astas del morlaco. Lógicamente, con mayoría nacional, desde muletazos de El Cordobés Chantaje a un torero o Platanito Jugando a morir a documentales ilustrativos como Yo he visto a la muerte de José María Forqué. Pero aún no se ha visto en cine un buen travelling capaz de seguirle el recorrido a una buena verónica. Según los entendidos, claro. El rictus de amargura de Brody, encarnando a Manolete, con el que guarda un sorprendente parecido físico FOTOS: ABC