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19 8 07 VIAJES Corea del Norte La gimnasia como arte (Viene de la página anterior) cidad hacia el siglo XXI o Tecnología punta acompañan a los dibujos de caballos trotando al galope o de futuristas científicos que, ataviados con una especie de trajes espaciales, observan sus microscopios. No parece probable, pero quizás estén buscando a la persona que, diminuta, se encuentra bajo esa alfombra de carteles, exhausta tras meses de severísimos entrenamientos que le han robado miles de horas a sus estudios, su trabajo, su familia y, en definitiva, a su ya de por sí pobre existencia. Y es que este excéntrico derroche de medios y de fuerza humana únicamente puede ocurrir en Corea del Norte. Aquí, el régimen que dirige Kim Jong- il maneja manu militari a una sociedad en la que, desde su infancia, los individuos han sido reducidos a autómatas para que todos marchen al mismo paso, tengan las mismas ideas y aplaudan al mismo tiempo cada vez que vean al Querido Líder No en vano, la consigna Con una sola alma queda ilustrada con un mosaico de la Torre de la Idea Juche para ensalzar la unidad monolítica de la nación y la firmeza en la victoria El festival concluye con una canción por la reunificación de las dos Coreas, separadas desde la contienda civil (1950- 1953) que siguió a su partición tras la Guerra Mundial La Gimnasia Masiva no sólo contribuye a incrementar la fortaleza física de los niños y jóvenes, sino que también refleja el espíritu revolucionario del pueblo coreano y la superioridad del régimen socialista dice la propaganda, que sitúa su origen en los juegos florales surgidos en los años 30 durante la Lucha Antijaponesa. Tras su eclosión en los años 80 y su posterior abandono por la Gran Hambruna de los 90, Corea del Norte recuperó Arirang hace ya siete años con el propósito de devolver el orgullo al régimen. Apelando a todos esos valores de superación y esfuerzo y autodependencia juche los niños trapecistas son también capaces de atravesar el estadio de una punta a otra haciendo equilibrio sobre un alambre. O más difícil todavía: son lanzados por un cañón y vuelan más de 100 metros para pasar justo por en medio de un aro en el extremo opuesto del recinto. El festival concluye con una canción por la reunificación de las dos Coreas, que se mantienen separadas desde la contienda civil (1950- 1953) que siguió a su partición tras la Segunda Guerra Mundial (1945- 49) Corea es la única tierra dividida bajo el cielo. Una madre que no ve a su hijo, un hijo que no sabe nada de su madre. Una tragedia que dura ya más de medio siglo y cada año va a peor. ¿Hasta cuándo va a durar esta situación? Que la conciencia del mundo nos ayude se desgañita, emocionada, una voz lastimera que resuena en los altavoces. Su llanto es ahogado por una clamorosa ovación que, parecida a la que hizo rugir al público cuando los mosaicos dibujaron el retrato de Kim Il- sung, pone al estadio en pie. Como en la antigua Roma, pan y circo ¿pero dónde está el pan? Valores comunes El momento de los equilibristas, entre una coreografía de gimnastas rítmicas Turistas americanos en zona de guerra De manera excepcional, y sólo durante tres días, Corea del Norte permitió recientemente la entrada a cinco ciudadanos de Estados Unidos, un país con el que sigue en guerra porque un armisticio, y no un tratado de paz, puso fin al conflicto entre 1950 y 1953. Uno de estos extraños visitantes era George Broden, un doctor de Virginia que quería introducir en Corea del Norte los mismos experimentos con atletas que ya había realizado en los años 80 en la Unión Soviética y países satélites. Curiosamente, dichos equipos eran famosos no sólo por sus medallas sino también por dopar a sus deportistas para que sus triunfos ensalzaran la superioridad del comunismo. Broden obsequió a Kim Jong- il un maletín de la marca Spalding confeccionado con lona de la NBA. El segundo era John Kenny, un latino que no ocultaba sus simpatías por el régimen norcoreano y criticaba abiertamente la política belicista de EE. UU. desde la época del presidente Truman Otro de los que destacaba era Eddie Thomasson, un joven creacionista con gran fe religiosa que no sólo interpretaba literalmente la Biblia, sino que también creía que todos somos hermanos y que si muchos americanos venimos a Corea del Norte y rezamos, acabaremos consiguiendo la paz Algo de lo que no estaba tan seguro Zachary Mckendrick, otro joven de Arizona, de 24 años, que, por haber vivido de niño en Seúl y hablar coreano, despertaba en los guías bastantes sospechas como posible agente de la CIA. A pesar de su celo, a los guías- vigilantes se les escapó que el quinto americano era, en realidad, un colaborador de la agencia de noticias Bloomberg que, con el nombre Rocky Swift, escribió luego un reportaje sobre el viaje a pesar de que está prohibida la entrada de periodistas en Corea del Norte.