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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura Bagaría y el humor gráfico comienzos del pasado siglo, y como parte de grafismo propio del emergente periodismo de diario, auspiciado por los intentos de renovación de la sociedad española, de su tejido industrial, y apoyado por el entusiasmo de todos los intelectuales, la caricatura política en la prensa tenía nombre propio en el dibujante Luis Bagaría, nacido en Barcelona a finales del diecinueve, y que terminó sus días en el exilio parisino primero, y luego en cálido exilio de La Habana en los años cuarenta. Quizá uno de los pocos antecedentes de tan brillante talento está en el diecinueve, en la serie de acuarelas y caricaturas que, bajo el seudónimo Sem, los hermanos Valeriano y Gustavo Adolfo Bécquer, muy lejos de su presuntamente edulcorada poesía, crearon con su enorme ingenio a modo de guillotina humorística contra Isabel II y toda su corte, eso sí, protegidos de sus iras tras el anonimato. Tan perseguidas estuvieron esas acuarelas que si se conservan es gracias a las correspondientes a dos álbumes que se conservan en la Biblioteca Nacional de Madrid, que fueron editadas a finales de los noventa, y en la que vemos la plasmación gráfica de, como indica el editor en el prólogo Robert Pageart, la más terrible sátira nunca hecha contra el poder libro que divirtió mucho al Rey Don Juan Carlos I en la inauguración de la feria del libro de Madrid de aquel año. Luis Bagaría, del que la Fundación Mapfre ofrece una cuidada exposición hasta principios de septiembre en Madrid, con una selección de originales que ha adquirido, fue sin duda el renovador del género. Su obra permite apreciar cómo los personajes del momento se metamorfosean en un delirante bestiario A por citar unos pocos. Tampoco mantuvo al margen de la sátira a personajes internacionales como Adolf Hitler o Benito Mussolini. Inició desde muy joven sus colaboraciones gráficas en la prensa catalana, así como exposiciones de sus dibujos. Su vida bohemia le llevó a Inglaterra, México y Cuba, donde gozaba de cierta fama ya a principios de siglo. Asentado en Madrid comenzó a trabajar para La Tribuna con caricaturas de artistas y políticos. De aquí pasó a la inolvidable revista España que dirigieron Ortega, Araquistain y Azaña, donde sus dibujos constituían la portada y muchas veces el verdadero editorial y fue el ilustrador fijo del diario El Sol a las que pertenecen la mayoría de las ilustraciones expuestas, ocupando su primera página y retratando a los personajes de la época, donde cobró verdadero relieve y fama. El propio Bagaría, tras abandonar El Sol y pasar a ilustrar Crisol declaraba sobre la Fauna política nombre de su sección: No pasa nada, cuando pasa nada; y cuando pasa algo, no dejan pasar nada Antonio Mingote, digno heredero por talento y profundidad intelectual en este oficio, que cumple sus bodas de platino como humorista gráfico desde la aparición de su primer dibujo en Blanco y Negro una revista preciosa que añoro y lloro con lágrimas cuando pienso que ha desaparecido; se publicaban dibujos de lectores y yo mandé el mío ha dicho este creador- en aquellos años treinta en los que triunfaba Bagaría y él descollaba como promesa confirmada por el tiempo. Con la humildad de un maestro, asegura que ahora que dicen que soy un dibujante de humor, debo confesar que empecé por casualidad, porque yo no pensaba ser dibujante, sino escritor, periodista. Y si me dediqué al dibujo fue porque un amigo en la pensión conocía a Álvaro de la Iglesia, le llevó mis dibujos y Álvaro empezó a publicarlos. Y ahí me he quedado... Como Bagaría, Mingote es un defensor de la libertad: Sin libertad no hay nada que hacer. Ya lo decía Cervantes, el mayor bien que puede desear un hombre es la libertad. Y Azaña sostenía que la libertad no hace mejor a los hombres, los hace simplemente hombres Tal vez por eso los humoristas gráficos han sido siempre, desde el inicio del periodismo moderno, parte fundamental de sus páginas y reivindicaciones. Un patrimonio que cuidar, y que empezar a estudiar con respeto y admiración. José Ortega y Gasset, Valle Inclán, Santiago Rusiñol o García Lorca, que alcanzó una enorme popularidad entre los intelectuales de su tiempo. Entre ellos Unamuno, JESÚS GARCÍA Economía El muerto está dentro ánico vendedor y suspense en los parqués mundiales, como en los guiones de Hitchcok. Los policías de los bancos centrales buscan un cadáver en el basurero de los mercados de hipotecas y de deuda. Las agencias de calificación, que miraron para otro lado, se perfilan como chivo expiatorio. Conocíamos la basura orgánica y la radiactiva, entre otras. En los últimos tiempos se ha puesto en boga la basura hipotecaria. Ingentes cantidades de hipotecas subprime -con mínimas garantías- -empaquetaditas y colocaditas en fondos de inversión, de pensiones, en hedge fund y, por supuesto, bien derivadas, con su colateral y su canesú. Un bolo indigesto para unos mercados que viven momentos de terror, con índices que dibujan dientes de tiburón por el miedo a lo desconocido. No sabemos cuál es el agujero insisten los expertos. Un banquero de inversión lo borda al indicar que lo único que intuimos es que el muerto está dentro del sistema. Los bancos centrales lo han olido, con esa inyección de dinero líquido que trata de cauterizar la herida del cierre del crédito para algunos bancos. Más de un cuarto de billón de euros de los bancos centrales para engrasar un sistema exhausto y con temor a la iliquidez repentina. Tras un lustro de amazonas crediticio, el grifo se seca. Por ahora estallan metástasis de la burbuja con sobresaltos empresariales de 10.000 en 10.000 millones de dólares mientras los economistas temen al enfriamiento a ambos lados del Atlántico. Hace unas semanas los partícipes de dos fondos inmobiliarios gestionados por Bearn Stearns se quedaron a cuadros cuando recibieron una carta indicándoles P que su inversión había pasado a valer cero. En Goldman Sachs también ha tocado la pedrea basurera, que ha cruzado el charco. Algunos partícipes de fondos de BNP no saben si les queda algo en su cuenta. Están evaluándolo. El Postbank alemán ha taponado un agujero de 600 millones de euros de subprimes En EE. UU. ha cerrado el hipotecario Homebank; Toll Brother, la mayor constructora de viviendas de lujo americana, publicó la semana pasada el hundimiento de sus resultados, tras haber perdido en noventa dias un tercio de su valor en bolsa. La UE ataca a las agencias de calificación que actuaron como los monos de Gibraltar. Los estertores de la crisis inmobiliaria estadounidense y el virus de las hipotecas basura se notan en los minoristas como Home Depot, en las grandes corporaciones como General Electric y en los bancos de inversión. De la cúspide al suelo, toca a miles de ciudadanos americanos. Todo lo pagaban con préstamos hipotecarios usados para el consumo. Créditos sin avales como deporte nacional, con los bancos haciendo la vista gorda. Y ahora las economías mundiales tiemblan. En España, el grifo del crédito se empieza a cerrar para los promotores, empresas y consumidores. Aunque no hay crisis de hipotecas basura, financiarse cuesta más. Hay más empresas de refinanciación de deudas que nunca y más conseguidoras de dinero fácil que en toda nuestra historia financiera. Pero la cosa se empieza a poner difícil para las familias con el euribor a un año duplicado en 24 meses- -ya en el 4,63 y una morosidad que el año pasado creció un 30 aunque estemos en mínimos. Que el oficinista de Ohio, Toledo, o el cuidador de focas del acuario de Conneticut no puedan pagar sus hipotecas subprime afecta al ahorrador de Ávila que tiene su dinero en acciones de bancos españoles. Es la globalización, el efecto contagio, a la vista de que la primera economía del mundo está tocada. La burbuja crediticia salta en pedazos. Si el acceso al crédito sigue endureciéndose en los mercados internacionales y las cotizaciones bursátiles sufren el impacto de la crisis inmobiliaria americana vienen tiempos difíciles para todos. Los expertos insisten en que no es descartable una cadena de impagos, cierres empresariales incluidos en EE. UU. y efectos negativos sobre el consumo. Lo dicho, el muerto está dentro, y además, hipotecado. Los bancos centrales tratan de encontrar el cadáver sepultado entre el basurero de las subprime mientras las bolsas se desangran.