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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE así como bebés, ancianos y embarazadas, son susceptibles de resultar bendecidos por un sacerdote que, junto a una de las entradas a la nueva basílica, escancia agua bendita por doquier. Por todas partes se venden recuerdos de la Madre de Dios a precios muy a menudoexorbitantes, y los alojamientos para peregrinos en el propio recinto se rifan literalmente. Pero por encima de todo, sobrecogen las imágenes de los peregrinos que dejan trabajo y familia para buscar refugio entre los brazos de su morenita del Tepeyac Una gran estatua de bronce de Juan Pablo II, el Papa enamorado de la Virgen de Guadalupe, el Pontífice que canonizó al indio Juan Diego, se encuentra en la confluencia de la antigua basílica y La básilica tradicional, parte del enclave religioso de Guadalupe el nuevo templo, construido con motivo de la visita que el Santo Padre realizara en los años ochenta a México. Hasta allí llegan, una vez visitada la imagen, y antes de recobrar fuerzas en los restaurantes anexos al complejo mariano, los esforzados peregrinos de Guadalupe. Fuertes medidas de seguridad vigilan el recinto, que, como todo espacio de multitudes, sufre el acoso de los carteristas y de aquellos que juegan con la fe de los fieles. Para luchar contra ello, las autoridades que regentan la seguridad del recinto van a establecer una nueva Unidad de Protección Ciudadana para los turistas, así como la colocación de videocámaras de seguridad en puntos estratégicos del santuario y sus alrededores. Uuna visita a Guadalupe comporta una sinfonía de sentimientos encontrados, que van desde el recogimiento al fanatismo, además de generarse infinitas anécdotas Muchos de los peregrinos realizan parte de su camino de rodillas, para acentuar el sacrificio con el que demandan la ayuda de la Virgen Los responsables eclesiásticos tratan, en vano, de evidenciar la tenue línea que separa la religiosidad del negocio en un lugar como Guadalupe. Más de un millar de vendedores tienen sus puestos, legales o no, en las inmediaciones del santuario. Algunos, incluso, se atreven a colocarlos dentro del recinto sagrado, provocando que algunos visitantes traigan a su memoria el episodio evangélico de Jesús junto a los mercaderes del templo. Y es que, afortunada o lamentablemente, la devoción a la Virgen supone también un negocio que da pingües beneficios, tanto a la ciudad como a la propia Iglesia. Tomando un poco de distancia, desde una de las esquinas del santuario, el viajero no puede evitar un sentimiento de admiración a la voluntad de miles de personas que, movidos por esa fe que mueve montañas, llegan desde todos los rincones del mundo para demostrar su devoción a la serena imagen de la Virgen de mirada serena que un día, hace ya casi cinco siglos, se apareció a un indígena para, con su impulso, impregnar de modo indeleble el Cristianismo en toda América. Y, por qué no decirlo, tratar de imaginar cómo sería aquel monte antes de todo aquello. Y, por fin, imaginar los sueños, alegrías y penurias, milagros al fin y al cabo, escritos en todos aquellos papelitos que los peregrinos dejan caer en la papelera amarilla de metal, después de rezar bajo el lienzo de la Virgen de Guadalupe. De todo el mundo