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12 8 07 VIAJES Guadalupe El santuario más visitado del mundo Más de 14 millones de peregrinos acuden cada año al santuario de Guadalupe, junto a México D. F. Devoción, negocio, religiosidad... se dan cita en el templo de la morenita de Tepeyac TEXTO Y FOTOS: JESÚS BASTANTE LIÉBANA La morenita de Tepeyac eposite aquí su milagro Una gran papelera de metal, toscamente pintada de amarillo, recibe a los peregrinos a su salida de las plataformas móviles que el santuario mariano de Guadalupe, en México, ha instalado para que los fieles puedan observar, sin formar montoneras, a la imagen más venerada y visitada del imaginario católico. Y es que, según las últimas estadísticas, la basílica de Guadalupe fue el santuario católico más visitado del mundo durante 2006, acogiendo la visita de más de 14 millones de peregrinos y superando a la basílica de San Pedro o los santuarios de Lourdes y Fátima. Muchos de ellos se aproximan al santuario desde una gran avenida. El espectáculo resulta sobrecogedor: a cualquier hora del día o de la noche, centenares de hombres, mujeres e incluso niños recorren varios centenares de metros de rodillas, cuesta arriba. El sufrimiento se refleja en sus rostros, al igual que la imagen de la morenita de Tepeyac según dicen, deja ver a través de sus ojos la figura del indio Juan Diego, el D primer indígena canonizado por la Iglesia, y que en 1531 fue testigo de las apariciones de la que hoy es Patrona de las Américas. El objetivo final de los peregrinos que, arrodillados, culminan a duras penas el sacrificio ofrecido a la Madre de Dios para la curación de sus enfermedades o las de sus hijos, o para cumplir las promesas hechas al Cielo, no es otro que acudir a misa en la nueva basílica- -la original, situada a escasos metros, se encuentra en estado de ruina por el paso de los años y los sucesivos terremotos, que han torcido por completo tanto la planta como la estructura del templo- para, una vez perdonados sus pecados y reconfortados con la Palabra, acudir al encuentro de la Virgen de Guadalupe. cla de éxtasis y dolor, de profunda devoción y orgullo por el sacrificio realizado. Una profesión de fe muy común en este tipo de santuarios, que para muchos no deja de resultar una especie de superstición, alejada de la fe auténtica, pero que para otros- -al menos, para los que se dejan las rodillas y parte del corazón caminando hasta Guadalupe- -no significa otra cosa que una profunda creencia, arraigada de generación en generación desde hace siglos. Sea como fuere, lo cierto es que una visita al santuario de Guadalupe comporta una sinfonía de sentimientos encontrados, que van desde el recogimiento al fanatismo, así como una panoplia de anécdotas que demuestran que, como pocos lugares en el mundo, el recinto de Guadalupe es un universo propio. Lo sagrado inunda todo el ambiente, incluyendo el propio parking del santuario, definido como lugar sagrado por una tosca placa. Todos los objetos, desde rosarios a camisetas, El lienzo original se encuentra a cinco metros del suelo, bajo un ventanal que recibe los rayos del sol, que aportan a la escena un halo de misticismo. No son pocos los que, a ambos lados de la pasarela mecánica- -y antes de hacer llegar su milagro a la papelera de metal- caen al suelo, presos de una sensación inenarrable, mez- ¿Fe o superstición? El indio y la Virgen En diciembre de 1531, un indio llamado Juan Diego acudía a la Santas Misa. Al llegar junto al cerro de Tepeyac escuchó una voz que lo llamaba por su nombre: era la Virgen María. La Madre de Dios pidió al indígena que construyera en aquel lugar un templo, para en él mostrar y prodigar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa a todos los moradores de esta tierra y a todos los que me invoquen y en Mí confíen Al principio, nadie creyó a Juan Diego, ni el obispo, ni su propia familia. Durante otro encuentro, el indio pidió a la Virgen una prueba para convencer a su obispo. María le dijo que subiera a la cumbre del cerro, donde halló rosas de Castilla frescas, inusuales en esas fechas y en ese lugar. El indio las cortó y se las llevó al prelado. Una vez ante monseñor Zumárraga, Juan Diego desplegó su manta, cayendo al suelo las rosas y quedando en el manto la imagen que hoy se conoce como de la Virgen de Guadalupe. Viendo esto, el obispo ordenó edificar el templo. Juan Pablo II no fue el único Pontífice que veneró a la morena del Tepeyac Así, Pio X la proclamó como Patrona de toda la América Latina Pio XI de todas las Américas Pio XII la llamó Emperatriz de las Américas y Juan XXIII La Misionera Celeste del Nuevo Mundo y la Madre de las Américas