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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Fast Food Nation Peligro amarillo POR PEDRO RODRÍOGUEZ CORRESPONSAL EN WASHINGTON Los consumidores de EE. UU. además de sus propios problemas de seguridad alimentaria, se enfrentan a la importación de peligrosos alimentos chinos, que no pasan los mínimos controles asta de dientes contaminada, comida para animales venenosa, jarabes dañinos, neumáticos defectuosos, juguetes tóxicos... y ahora alimentos no aptos para el consumo humano. Estados Unidos- -un país que de por sí ya tiene sus propios y enormes problemas de seguridad alimentaria expuestos en el reciente libro y película Fast Food Nation -se enfrenta estos días a la indigestión adicional de alimentos procedentes de China, con precios muy competitivos pero no recomendables para el consumo humano. Las estadísticas oficiales confirman que Estados Unidos tuvo el año pasado un déficit comercial con China de 232.500 millones de dólares. Cifra sin precedentes pero que con toda probabilidad volverá a ser superada en 2007. Y dentro de esa ingente montaña consumista de toda clase de productos made in China hay sitio también para la exportación de alimentos. Sobre todo pescados y mariscos, ya que el mercado estadounidense recurre al extranjero para satisfacer la mayor parte de este apetito, que ha crecido un 11 desde el 2001. Con China a la cabeza de todas estas ventas, dominando una cuota de mercado del 16 La voz de alarma, pese a indicios acumulados desde hace un año, ha sido lanzada este verano por la Agencia Federal de Alimentos y Medicamentos (FDA) al documentar la existencia de una serie de sustancias prohibidas en gambas, anguilas, barbos y otros productos de piscifactorías chinas. Los análisis de las autoridades de Estados Unidos han detectado inaceptables niveles de antibióticos, otros fármacos prohibidos y sustancias carcinógenas. Además de la denunciada utilización de gases para camuflar la existencia de putrefacción. Por lo que se ha ordenado una serie de controles adicionales, teóricamente estrictos. Con todo, las cuestionables prácticas de China en la producción de alimentos han servido también para dejar en evidencia los mínimos controles sobre es- P tas exportaciones de alimentos que se realizan en Estados Unidos. A pesar de la intervención de la FDA y la orden de realizar análisis antes de permitir la entrada de cargamentos de pescado y marisco chinos, esta semana ha trascendido como al menos 453 toneladas de estos productos sospechosos han conseguido llegar hasta las mesas de los estadounidenses sin mayores problemas. Como ha reconocido Carl Nielsen, responsable de inspecciones de la FDA hasta el 2005, el sistema actual es obsoleto y no funciona bien aunque pretendan lo contrario Según Nielsen, si los controles de la FDA son incapaces de aplicarse a riesgos conocidos como el pescado y el marisco de China, cómo van a poder hacer un trabajo aceptable con amenazas que no resultan tan evidentes como las sustancias nocivas encontradas en pasta de dientes o comida El glosario de horrores alimenticios que relata Schlosser en su best- seller sobre la hamburguesa casi hace más apeticible un embalsamado trozo de pescado chino para animales de compañía. Estos niveles alarmantes de indefensión, además de investigaciones en el Congreso y reuniones bilaterales, están generando presiones adicionales para aumentar la información facilitada a los consumidores sobre la procedencia geográfica de los alimentos en la cesta de la compra. Requisito que los importadores de pescado y marisco a Estados Unidos intentan evitar para conjurar el riesgo de discriminaciones con un impacto negativo en sus negocios. En condiciones normales, la FDA tiene capacidad solamente para inspeccionar el 1 por ciento de los veinte millones de cargamentos anuales de productos alimenticios provenientes del extranjero, con una jurisdicción compartida con el Departamento de Agricultura. Pero cuando existe una alerta de importación, como la emitida oficialmente contra el pescado y mariscos de China, estos envíos quedan bloqueados hasta que los importadores no faciliten costosos análisis privados que demuestran sus buenas condiciones. Con la posibilidad de que la FDA repita esas pruebas en sus propios laboratorios. Aunque una reciente investigación parlamentaria ha demostrado que desde el 2003, el número de inspectores de la FDA ha disminuido mientras que las importaciones de productos alimenticios a Estados Unidos casi se han duplicado. En este contexto indigesto, no faltan tampoco reproches sobre la vigilancia de la producción de alimentos dentro de Estados Unidos, sobre todo ante una reciente acumulación de intoxicaciones y retiradas forzosas de productos contaminados. Con el consiguiente debate sobre si la bronca con las importaciones chinas tiene una generosa ración de hipocresía, al obviar problemas domésticos y cuya denuncia se remonta por lo menos a comienzos del siglo XX con el clásico volumen La Jungla de Upton Sinclair, sobre la industria cárnica concentrada en Chicago. En esa línea, resultó especialmente impactante el libro- denuncia del periodista Eric Schlosser publicado en el 2001 con el título Fast Food Nation: El lado oscuro de la típica comida americana Un alegato elevado a la categoría de best- seller y con muy pocas grietas sobre la multimillonaria industria de la comida rápida que dispone de fuerza suficiente como para transformar la dieta, el paisaje, la economía, el mercado laboral y la cultural popular de los Estados Unidos. Hasta el punto de que todo ese documentado glosario de horrores alimenticios casi hace más apetecible al paladar un embalsamado trozo de pescado chino. De hecho, el neoyorquino Schlosser no tiene reparos en repetir la celebre frase de Sinclair: He apuntado al corazón de América y por accidente he alcanzado su estomago La multimillonaria industria de la comida rápida ha sido capaz de cambiar, además de la dieta, el paisaje y la economía de EE. UU. ABC