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26- 27 D 7 LOS DOMINGOS DE Un pequeño embarcadero es toda la comunicación las doradas, focas, ovejas y curiosas vacas de pelo largo (la raza highland que pastan a sus anchas por sus campos vírgenes y sus playas desiertas. Jura es de esos lugares para perderse, y de hecho allí se perdió durante tres años George Orwell, aislándose para escribir 1984 Cuentan que para no ver a nadie cultivó un huerto donde plantó lo necesario para vivir, pero lo echó todo a perder. Le quedó la pesca y ésta casi le cuesta la vida, pues en una ocasión que salió a la mar, las fuertes corrientes y los remolinos de algunas zonas, le volcaron la barca y de milagro pudo llegar hasta la orilla. Jura es un lugar de difícil acceso (por eso no hay nadie) y, a pesar de estar cerca de la costa escocesa, desde España se tarda prácticamente todo el día en llegar, incluyendo varios trayectos en avión, coche y barco. La civilización está en la vecina isla Islay, pues en Jura sólo hay una pequeñita tienda de comestibles, una iglesia, una escuela de primaria para los 18 niños entre los 5 y los 12 años y una estafeta de correos donde resulta un tanto difícil encontrar un sello, lo que da idea del panorama comercial, pues incluso los galones de gasolina para los escasos coches que circulan vienen de Islay, la isla que tiene de todo. En Jura son pocos los privilegiados que tienen casa de vacaciones, pero entre ellos está David Cameron, líder del partido conservador casado con una descendiente de lord Ashton, familia que tenía allí propiedades. que la convirtió en uno de los asentamientos más antiguos de Escocia. Además, como fortaleza vikinga, su cementerio acoge lápidas de caballeros templarios y un mausoleo, el de los Campbell, dueños prácticamente de la isla hasta 1938, que fueron los que dieron a Jura, a través de su whisky, el esplendor y la fama que tiene. El aislamiento es tal que en estos momentos no tienen ni médico. Andan poniendo anuncios en los periódicos para ver si hay algún galeno dispuesto a llevar una vida de tranquilidad y aburrimiento en este rincón remoto de las islas Británicas. No lo encuentran, pese a los 8.000 euros de sueldo fijo mensuales, más un suplemento de otros 7.000 por estar disponible full time y otros 5.000 por dirigir la clínica, además de una estupenda vivienda. En Jura, aparte de pasear o montar en bicicleta, la mejor diversión es probar whiskies en la destilería, en la que trabaja la mayoría de la población. Allí se elabora uno de los mejores maltas ahumados gracias a la turba, a la estupenda agua del manantial Market Loch (fundamental) y al amor, cuidado y técnica que ponen en cada botella, capaz de recoger el espíritu y el sabor verdadero de este particular enclave de Escocia. Jura es un malta ligero, suave y elegante, gracias también a la cebada de Escocia, a la levadura especial que utilizan y al uso de unos alambiques tremendamente altos que permiten que sólo la mejor destilación se convierta en whisky. Tras el malteado de la cebada y su trituración (para liberar el almidón de la semilla) se procede al macerado, donde se transforma el almidón en azúcar añadiéndole agua caliente a diferentes tem- Estos inmensos alambiques son la clave de la destilación del Jura fresco) un Jura Superstition (con delicados aromas a turba y al que se aconseja agregar agua) que al servirlo no hay que olvidar tocar la cruz para asegurar una buena salud tanto al anfitrión como a los invitados; un Jura 16 años (rico en aromas con toques de jengibre y melocotones maduros) y un Jura 21 años con notas de mazapán y chocolate, que en boca tiene un sabor a caramelos y almendras. Todo un lujo. Si hoy Jura sigue siendo una isla con sabor a whisky es porque, pese a las dificultades que su destilería atravesó hacia 1900 (cuando los Ferguson entraron en disputa con Colin Campbell y decidieron dejar la destilería y que todo quedase en una auténtica ruina) en los años 50, Robin Fletcher y Tony Riley- Smith decidieron reconstruirla en el mismo lugar que antes y con unos alambiques especiales responsables de dar al whisky el espíritu de los maltas de Highlands (las Tierras Altas) En 1974 sacaron su primer single malt y desde entonces la capacidad de producción ha aumentado hasta alcanzar los 2,5 millones de litros por año. En 1993 la destilería fue comprada por Whyte Mackay y desde 1995 Richard Paterson, toda una leyenda en la industria del whisky y master blende de la compañía, ha sido el responsable de la producción que, por esas cosas raras de la vida, hace unos años dejó de venderse en España pero vuelve hoy a hacerlo (de la mano de Liquorum, la compañía que distribuye aquí todos los productos de Whyte Mackay) para deleite y placer de los degustadores y expertos en single malt escoceses que, aunque todavía pocos, sienten pasión por esta bebida única. Willie Tait (master destiller) sacaC. F. un Jura envejecido en bota de Jerez peraturas hasta conseguir un mosto azucarado que al ponerle levadura se convierte en una cerveza de unos 8 Tras la primera destilación para quitarle el agua, donde queda un alcohol de 28 se hace una segunda, para conseguir un alcohol de entre 64 y 76 grados. Más adelante, para que sea whisky, hay que someterlo a la maduración, que en los maltas oscila entre los 10 y los 40 años, y en Jura lo hacen en barricas usadas de bourbon americano o en las del oloroso de Jerez. El malta que sale de las barricas del bourbon tiene notas de vainilla y regaliz; el del oloroso, más cítrico, desprende aromas a toffe, especias y granos de café. Hay un Jura 10 años (suave y Tierra de supersticiones Jura está llena de leyendas y de supersticiones (los escoceses son muy dados a ellas) que datan de hace más de 8.000 años. Eso fue lo El whisky de Jura debe su nombre desde 1800 a la isla, y es especial por el agua y los grandes alambiques que permiten que sólo la mejor destilación se convierta en bebida