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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE M. FRANCISCO REINA Cultura La Euphoria de Tam Tam Go o parece que sean tiempos para estar eufóricos en el mundo de la música aunque Tam Tam Go, uno de los míticos grupos de los ochenta españoles, y de los pocos supervivientes de La Movida aún en activo, han decidido llamar a su disco con esta palabra Euphoria así, a la griega, con ph incluido, y no precisamente neutro. Los hermanos Nacho y Javier Campillo, alma fundacional del grupo todavía en vigencia, toman partido, sin paños calientes, tanto en las letras de sus nuevas canciones como en las declaraciones que hacen cuando son preguntados sobre los problemas del día a día en el negocio de la música, que ha ido desplazando sin más a lo que era una forma de cultura y de vida. Dice Nacho Campillo a este respecto que este disco es una crítica al mundo de la cultura de este país y a quien la maneja. Hace un repaso no solo por la música sino por el teatro, el cine y la televisión (que tiene mucha culpa de lo que está pasando) y es una manera de satirizar la sociedad artística en la que vivimos. Es una visión muy realista en la que denunciamos el desequilibrio en la balanza que hay entre artistas que valen la pena y los que no, que están porque los ha puesto ahí una televisión o un acontecimiento social. Se está confundiendo al público, es hora de denunciar que nos están vendiendo mucha mediocridad. Pendientes de la realidad que los circunda y observadores, sin dejar de lado en toda su carrera las preocupaciones sociales ni la actualidad, han sabido hacer suya la contemporaneidad sin olvidar sus raíces. Su público es hoy, como entonces, heterogéneo, puede ser porque han equilibrado bien los difíciles ingredientes de N calidad, exigencia, compromiso y diversión. En este sentido apunta Javier Campillo: hemos llegado hasta aquí con experiencia, siendo eclécticos, trabajando con mucha gente, de la que nos vamos empapando. La clave es ser humildes y aprender día a día. Quizá una de sus grandes virtudes, además del mimo con el que cuidan cada arreglo, que no es poco, es su talento para contar historias en cada canción, y su facilidad para conectar musicalmente con un público identificado y cómplice, amén de un sin fin de estribillos pegadizos que hacen que sus canciones perduren, como con cualquiera de los clásicos del Pop. Su primer sencillo fue El móvil de Lucifer una canción desenfadada y divertida escrita por Ignacio de Salas, y en cuyo vídeo promocional aparece la actriz Alexandra Fierro, como una satánica majestad pelirroja y femenina que trata de seducir con promesas y sensualidad a los músicos. No deja de ser irónico en un mundo en el que por la tan cacareada fama, la gente no espera ni a que el diablo quiera comprarles el alma. Hay muchos que la ofrecen casi regalada. Alexandra Fierro, excelente actriz y persona muy cercana a Nacho Campillo, ya había colaborado antes con el cantante en varios montajes sobre la poeta argentina Alejandra Pizarnik, y últimamente, recién estrenado en Madrid, en el Teatro de Bellas Artes, La Voz de Rachel Corrie, con dirección de Carme Portaceli. Según los hermanos Campillo, Tam Tam Go, Euphoria incluye mestizaje entre pop británico y sureño con sonidos de la música de los Balcanes o del rock chicano. Se trata de un nuevo trabajo de estudio en la carrera musical de un grupo que comenzó sus andaduras en el ochenta y ocho, que nos ha dejado temas tan importantes para el pop español como Manuel- Raquel escrita por el cineasta Ricardo Franco, de quien vuelven a grabar un tema en el nuevo disco, Espaldas mojadas o Un juramento entre tú y yo Volviendo al tema del título, dice su cantante que Euphoria parece una palabra muy optimista pero su primer significado es la capacidad humana para soportar las adversidades. Y el disco tiene mucho de eso, la lucha que ofrecemos los músicos que se nos está maltratando desde la industria. La palabra ofrece una combinación muy interesante porque también hay una parte muy optimista. Hay mucha ironía en el disco, rozando la sátira. Falta nos hace la ironía, santísima forma de inteligencia que se camufla de afilado humor, para llevar a cuestas tanta zafiedad. Si viene envuelta en música y talento, no se puede pedir más. JESÚS GARCÍA Economía La burbuja del crédito a era dorada del crédito toca a su fin. Los mercados mundiales han vivido el sueño del reinvento de la rueda. Ocurre cada cierto tiempo. El estallido de la burbuja de internet relevó a la manguera de la liquidez, al dinero barato, al crédito accesible y a la vida por encima de las posibilidades. En toda la pirámide. Los ricos se han endeudado como si fueran grandes corporaciones, los bancos han abierto las compuertas del crédito y tirado la llave al mar, las empresas se han apalancado como bancos y han surgido nuevos instrumentos de inversión centrados en su capacidad de levantar dinero: deuda. Sin olvidarnos de los hedge funds emanados de un extraño concepto libertario del capitalismo que no da cuenta a nadie y que multiplica los panes y los peces o te envía una carta sucinta indicando al inversor que el valor de su inversión ha pasado a ser cero. El cielo y el infierno en el mismo producto. La riqueza y la ruina. Emoción a raudales generada por treintañeros, con su Ferrari último modelo, instalados en Connecticut, moviendo más de un billón de dólares, con b auténtica. En una especie de ruleta financiera en la que el juego consiste en obtener el máximo lucro de las debilidades económicas y los desequilibrios de los mercados. Entre todos han construido castillos en el aire sobre una montaña de deuda mundial descontrolada y colocada en instrumentos de difícil comprensión incluso para los profesionales. El riesgo asumido parece ilimitado y ese desconocimiento produce episodios de pánico en las bolsas y los mercados de bonos mundiales. Los bancos centrales hincharon las velas de las economías para cerrar la hemorragia de pérdi- L das de las punto. com relajando su política monetaria hasta situar los tipos de interés en mínimos históricos del 0 en Japón, del 1 en Estados Unidos y del 2 en Europa. Han reiniciado el vuelo de intereses para evitar el recalentamiento y una inflación subyacente que no cesa pese a que China e India exportan deflación a raudales. Cuando han divisado el horizonte se han dado cuenta que el dinero en circulación insuflado había provocado una orgía sin control. Índices bursátiles en máximos históricos y beneficios empresariales estratosféricos gracias a la fiebre de operaciones corporativas. El perímetro de las empresas ha engordado hasta la obesidad con el deporte de engullir al contrario endeudándose sin límite por que el dinero era barato. Esa ansiedad por comprar- -elevada a la enésima potencia por los fondos de capital riesgo- -dinamizó las economías, los mercados, la vida de los ciudadanos capaces de rehipotecarse ad infinitum. El abuso financiero se instaló en algunas sociedades como la americana. La Reserva Federal ha cifrado en al menos 100.000 millones las pérdidas de las hipotecas basura. La fiebre de adquisiciones aceleró hasta el descontrol las valoraciones empresariales. Paralelamente, esa facilidad crediticia ha estado detrás del boom inmobiliario en países como EE. UU, Reino Unido, Irlanda o España. El precio de los pisos ha aumentado en nuestro país un 130 en menos de una década, se han construido dos Españas. Cada año se visaban más pisos que en Alemania, Francia e Italia juntas. Y, de repente, la realidad. El precio del dinero saltó del al 5,25 en EE. UU. del 2 al 4 en Europa y ha empezado a subir en Japón, en China. La crisis inmobiliaria en EE. UU. ha sido previa al escándalo de las subprime, que afecta a minoristas, a grandes compañías, a bancos de inversión, a fondos inmobiliarios, a hedge funds, al capital riesgo. El grifo del crédito se cierra justo cuando la deuda empieza a ahogar a miles de empresas. Resurge la morosidad. Hay que pagar intereses más altos, las emisiones de deuda son más caras, los bancos dejan de prestar alegremente y las promotoras acumulan deuda con el miedo a los impagados. De repente, los bancos centrales advierten de lo que se nos viene encima, y el FMI. Unos hablan del necesario ajuste de valoraciones, de la recomposición del crédito, de las piezas del puzzle que se engranan. Otros, del fin de la fiebre de compras empresariales, del adiós a los máximos históricos, de una vuelta a la realidad, del pinchazo de la burbuja crediticia. Y en eso estamos.