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5 8 07 OPINIÓN TIRA Y AFLOJA Por César Oroz PILAR CERNUDA Política Cuestión de autoridad ues no se comprende, la verdad. No se trata de entrar en la llamada guerra de banderas que suele poner de los nervios a los nacionalistas vascos y últimamente también a algún socialista como Odón Elorza. Se trata de cumplir la ley y de hacer cumplir la ley, y no vale mirar para otro lado cuando el Tribunal Supremo dicta sentencia. Las leyes y las decisiones de los tribunales van a misa, nadie puede escaquearse, hay que obedecerlas. Y cuando se trata de una institución la obligación de obedecerlas es aún mayor. No se puede aceptar que quienes tienen la responsabilidad de hacer cumplir la ley se encojan de hombros cuando Ibarretxe se pone de perfil, el consejero Balza hace lo mismo cuando se le indica que la bandera española tiene que ponerse en la academia de la Erztantza en Arkaute, o cuando ciertos alcaldes relevantes deciden que nada de banderas, no se vaya a montar un follón. Algunos alcaldes vascos han demostrado que la cobardía la escriben con mayúscula al no atreverse siquiera a tomar posesión de sus cargos por miedo a la muchachada de la kale borroka, por tanto no extraña que sean cobardes también a la hora de colocar la roja y gualda. Pero no se puede consentir que la sentencia del Supremo la tomen a título de inventario: un país empieza a desmoronarse cuando no se cumplen las leyes y se percibe una evidente falta de autoridad. La de Zapatero es más bien poca. Los socialistas navarros, conscientes de esa falta de autoridad, se atrevieron a plantarle cara a ver si colaba como en otras ocasiones, y reintentaron el pacto de gobierno con Nafarroa Bai, lo que significa que las indicaciones de Moncloa y de Ferraz se las pasan P por el arco del triunfo, como ya sucedió en Cataluña con Montilla, cuando reeditó el tripartito a pesar de que se le había dicho que no lo hiciera no solo porque existía un pacto de caballeros entre Zapatero y Artur Mas, sino porque ese pacto perjudicaba el futuro de Zapatero si en las siguientes elecciones no conseguía una amplia mayoría. Luego, cuando los socialistas catalanes tiraron por la calle de en medio, presumían Zapa- La bandera nacional, en la Comandancia de Marina, en Bilbao. Al lado, la sede del PNV, con la ikurriña EFE tero y Blanco de que en su partido las federaciones tienen capacidad de decisión. Hay que ver, todavía habrá quien les crea. ¿Quién puso a Montilla de candidato en lugar de Maragall? ¿Quién puso a Sebastián de candidato en Madrid sin consultar a la dirección socialista madrileña, y quién a Puras en Navarra? Cuando vienen mal dadas, cuando la autoridad de Zapatero se queda en nada, en burbujas, entonces nos vienen con la autonomía de las federaciones y los partidos regionales. En fin, que cada uno crea a quien quiera creer, pero hay decisiones políticas que ningún dirigente con cierta talla podría permitir que se tomaran si contradicen lo que él dice, piensa y ordena. Sin embargo, una cosa es que gente relevante de un partido tome a la dirección por el pito del sereno y otra muy distinta que se hagan mangas y capirotes con una sentencia del Tribunal Supremo. No se puede admitir de ninguna manera que el gobierno se muestre incapaz de ejercer la autoridad, que no obligue a cumplir la ley. Y hablando de leyes, anda por ahí el runrún de que Zapatero no está muy contento últimamente con el Fiscal General del Estado. O más bien dice el runrún que hace tiempo que el presidente está distanciado de Conde Pumpido, pero que la distancia se ha acrecentado aún más a raíz de algunas decisiones que ha tomado motu proprio y que se han demostrado absolutamente desacertadas. ¿Será verdad la falta de complicidad, o poner en circulación ese rumor forma parte de la estrategia de preservar a Rodríguez Zapatero de todo mal y mantenerlo al margen de personajes polémicos y decisiones más polémicas todavía? Chi lo sa.