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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE La piedra de toque M. H. La clase empresarial valenciana guarda un discreto silencio sobre Enrique Bañuelos. Tan discreto y tan silencio, que nadie diría que Bañuelos se mantiene todavía vinculado a su tierra natal y podría parecer que se fue de la Comunidad hace muchas, muchas décadas, más de las que suma, por edad. Tal vez la rapidez de los acontecimientos, tanto en el crecimiento de sus negocios como en el brusco frenazo que ha sufrido su conglomerado financiero e inmobiliario, hayan impedido valorar los acontecimientos. O puede que Bañuelos sea ese tipo de emprendedor siempre un poco outsider por su carácter visionario, la audacia de sus planteamientos y el empujón ambiguo que a menudo le ofrece la violenta fortuna -Shakespeare dixit- -y que termina solo, sin que nadie le reconozca como a uno de los suyos. Tras el batacazo las reacciones de algunos sectores- -del dinero y mediáticos- -han tenido algo de funerario, algo de malicioso, algo de rencoroso, quizá porque en la cultura económica y emprendedora española- -y así nos luce el pelo- -están mal vistos los fracasos, corolario inevitable de muchos riesgos. Otros sistemas son más comprensivos en ese aspecto, no tanto con la caída, como con el caído, a condición de que sepa levantarse y ganar la siguiente mano. A juzgar por los análisis del propio Enrique Bañuelos sobre los avatares de su compañía y de su actuación, las posibilidades de que se recupere parecen muchas- -no ha quedado descalzo, precisamente- -y será entonces, a partir del verano, cuando se verá si es un hijo del azar o un emprendedor de largo recorrido. zaba el descalabro de Astroc. De valor estrella a valor estrellado, la inmobiliaria debutó en bolsa en mayo de 2006, a 6,4 euros por título y fue el valor estrella del año, con una revalorización del 1.000 Sin embargo, la caída fue tan acentuada que de la empresa ahora sólo queda el nombre, aunque el honor concedido por su hijo a la señora Castro tiene los días contados, porque de Astroc no va a quedar ni el nombre. Bastaron unas informaciones periodísticas acerca de la auditoría de la firma para que el mercado se pusiera a temblar. El resto- -batacazo incluido- -ya está sobradamente glosado. Ahora, por lo pronto, el abandono de la presidencia de Bañuelos- -avanzado en la última junta general de accionistas- -ha revalorizado los títulos de la compañía. Demasiado tarde para los minoritarios que compraron a 72 euros y ahora sus acciones valen poco más de doce. El asunto, no obstante, se dirimirá en la Audiencia Nacional, parada y fonda en la carrera del emprendedor valenciano, ante la que un grupo de accionistas le ha denunciado por un presunto delito de alteración del valor de las cosas. De valores Bañuelos entiende un rato. De momento mantendrá su participación en Astroc, donde cuenta con el 31 de las acciones, y tras el descanso de rigor en agosto- -está casado y tiene dos hijas- -prevé retomar la actividad desde su empresa matriz, CV Capital. En el sector inmobiliario o en cualquier otro y con el punto de mira en los mercados internacionales. Por otra parte, el futuro de la Fundación Astroc, parte del ambicioso proyecto del empresario valenciano, se ha visto afectado también por el descalabro de la compañía, al menos temporalmente. Creada el 22 de diciembre de 2003 en Valencia, abrió sedes en Valencia, Madrid, Palma de Mallorca y Nueva York (esta última vendida recientemente, a la vista de las circunstancias) La Fundación estableció acuerdos de colaboración con ARCO, PhotoEspaña, el IVAM, el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y promovía un equipo de balonmano en Sagunto. Sin renunciar a sus aspiraciones culturales, ya en fechas recientes se desvinculó del IVAM- -Instituto Valenciano de Arte Moderno- -y se desprendió del equipo justificando la decisión por el deseo de evitar malentendidos políticos, ya que, efectivamente, se habían buscado conexiones que no estaban entre los objetivos de la Fundación, de financiación propia y creada sin apoyos políticos. para ello, ni profesionales, ni de otro tipo. Estos días se cumple un año de la ostentosa celebración que organizó en el castillo de Benidat en Calvià, donde congregó a más de un millar de invitados, donde se encontraban algunas de las personalidades más influyentes de España. Enamoró a los mercados Enrique Bañuelos era capaz de una fiesta así, como fue capaz- -y eso era más complicado- -de organizar una paella para 20.000 personas en pleno corazón de Manhattan con el objetivo de promocionar su empresa. Bañuelos hizo trasladar de Valencia a Nueva York los ingredientes del plato, mientras esperaba levantar en esta ciudad cuatro rascacielos. Su afán para aparecer junto a lo más granado de los ámbitos empresarial y cultural le condujo a la mismísima Casa Blanca. Allí acudió a una recepción ofrecida por George Bush, con el Príncipe de Asturias como invitado de honor. El hombre de las 522.000 entradas en el buscador Google supo ver antes que otros las oportunida- des del sector inmobiliario y subió a la cresta de la ola que años más tarde le ha engullido. El origen de su fortuna se remonta a finales del siglo pasado. Su inmobiliaria, Terra Canet, le permitió construir en los terrenos donde había jugueteado de pequeño. Desde aquellas cinco mil viviendas forjó su particular imperio, con el que llegó a urbanizar cerca de dieciocho millones de metros cuadrados. De ahí a la salida a bolsa, en mayo de 2006. Enamoró a los mercados y la acción de Astroc- -denominación extraída del baile de letras de Castro, el apellido de su madre- -subió como la espuma. Antes de que la química hiciera el resto con el conocido efecto gaseosa, Bañuelos entró en marzo de este mismo año en la lista Forbes de los hombres más ricos del planeta- -en el puesto 95 y con la tercera fortuna de España- Los días de vinos y rosas de Bañuelos estaban cerca de pasar a la historia, aunque para entonces su riqueza personal estaba valorada en más de 10.000 millones de dólares (7.700 millones de euros) La Fundación Astroc Las ansias del que fuera vendedor de miel en su pueblo por alcanzar mayores cotas de poder le condujeron a operaciones que el mercado sancionó fuertemente, al mismo tiempo que el ciclo inmobiliario daba sus primeros síntomas de agotamiento. El descalabro y el adiós Así, el 18 de abril entró en erupción el volcán bursátil. Comen- Los días de vino y rosas estaban cerca de pasar a la historia, aunque su riqueza personal superaba los 10.000 millones de dólares (7.700 millones de euros)