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5 8 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Enrique Bañuelos, el pasado marzo, durante una rueda de prensa en la sede madrileña de la Fundación Astroc Enrique Bañuelos Deprisa, deprisa... POR ALBERTO CAPARRÓS FOTO: DANIEL G. LÓPEZ En muy pocos meses, este empresario valenciano ha pasado de ser un ejemplo sorprendente de éxito al paradigma del fracaso. El tiempo dirá la última palabra sobre Enrique Bañuelos l éxito fulgurante- -aunque efímero- -de Enrique Bañuelos de Castro (Sagunto, 1963) se basó en hacer partícipes a accionistas minoritarios del auge del sector inmobiliario. Paradójicamente, la especulación acabó devorando a la gallina de los huevos de oro en el parqué. Así lo ha reconocido el fundador y hasta hace apenas dos semanas presidente de Astroc, la E empresa que creó de la nada, elevó al firmamento bursátil y ha acabado por convertirse en símbolo del pinchazo de la tan temida burbuja inmobiliaria El de Bañuelos es el retrato del emprendedor de corte clásico. Huérfano de padre desde los nueve años- -su progenitor murió en un accidente laboral- comenzó su carrera como vendedor de miel. Siete años más tarde, con apenas veinticinco y la licenciatu- ra de Derecho, comenzó a probar el dulce sabor del éxito empresarial. El mismo que tres lustros después se ha tornado agrio, aunque con una fortuna en la cuenta corriente. Su sueño, sin embargo, se ha esfumado. Bañuelos, el mismo que estableció su residencia en Nueva York, pretendía instalarse en el selecto grupo de empresarios que configuran el círculo de poder en la sombra. No escatimó esfuerzos