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5 8 07 EN PORTADA María San Gil La fuerza de la libertad POR VIRGINIA RÓDENAS FOTO: IGNACIO GIL s mentira que María San Gil haya regresado esta semana. Porque desde que la presidenta de los populares vascos anunciara el pasado mes de abril que abandonaba temporalmente la política para combatir un cáncer de mama detectado en un control periódico, no han dejado de verla por su despacho donostiarra de la calle Illumbe, reincorporada ya totalmente la semana anterior y, a ratos, bastante antes, cuando después de las sesiones de radioterapia el tratamiento no lograba dejarla K. O. Y eso que el médico le había advertido: María, hay que empezar a conjugar en primera persona Y así se lo repetía María, radiante, fuerte, hermosa, a esa mujer que quiso compartir con ella la confidencia de haber sido también cercenada por un tumor, y que, como muchos otros, se acercaban a besarla, a felicitarla, a decirle que estaba estupenda cuando con ABC bajó a su playa de Ondarreta. Fue sólo unos minutos después de que le diera una buena zurra argumental a Rodríguez Zapatero. No hay duda: Ha vuelto totalmente recuperada. No te creas que me quieren tanto en todos lados, que por ahí me dicen cosas tremendas asegura mientras se ríe. María guapísima María, qué buen color María, estás estupenda Hace calor este jueves al borde del Cantábrico, pero la brisa lo va poniendo a raya. Un nudista, el primero que la política confiesa haber visto en sus 42 años de vida caminando por esta orilla urbana, le hace el signo de la victoria. Y María, rediviva, se muere de risa. ¿Peor la amenaza de la salud que la de saberse diana de los terroristas? Ni lo piensa. Es más E duro lo de la salud porque es más real, lo percibes mucho más, lo sientes, ves las consecuencias en tu propia carne. No es algo que creas que te puede pasar, sino que te está pasando, y es verdad que también es muy duro saber que eres objetivo de una banda terrorista, pero eso sólo lo sabes, no lo sientes en la piel. Aquí vas al médico, te hacen la biopsia, te operan, y todo eso es mucho más real... Lo otro también, pero... Desbordante de vitalidad, superado el cáncer, con dos niños pequeños, con toda una vida por delante, llegas a pensar que efectivamente no hay trastorno físico, que el estropicio debe rondarle por la cabeza cuando ni siquiera ha pensado en dejarlo todo, en mandar a la porra su vida escoltada y perseguida... ¿Está usted loca? ¡Loca! ¡Pero si soy una privilegiada! Dentro del cáncer he tenido una suerte enorme. Y luego creo en lo que hago y digo. Hago un trabajo que me llena, estoy en un partido en el que creo que se hacen bien las cosas, tengo unos compañeros magníficos, no sólo en el País Vasco, sino en el conjunto de España, y me parece que el día de mañana, cuando sea mayor y le pueda decir a mis nietos cómo luché por conseguir la libertad, será muy satisfactorio. En la vida estás para algo más que para nacer, crecer, reproducirte y morir. Si te toca una circunstancia un poco peculiar es importante aportar lo que tú crees que puede ser bueno. Esto no es para siempre. Yo estoy trabajando puntualmente para que la siguiente generación sea mucho más feliz y conviva en libertad. Bien es verdad que no es un objetivo que parezca alcanzable en el corto plazo, pero esto es una carrera de relevos; aquí toca estar en primera línea, y es muy duro, es muy intenso, y te de- MARÍA, RESERVA MORAL FERNANDO GARCÍA DE CORTÁZAR poca extraña la que vivimos hoy en España. Época de doble moral, de doble palabra en la que se ha querido tipificar como delito la apología del franquismo y se cierran los ojos al rostro totalitario de Otegi y su nueva firma ANV Época de maltrato de la inteligencia, en la que se manipula el pasado y se nos roba el presente, donde a los etarras huidos de la Justicia el obispo de San Sebastián les llama exiliados, donde el terrorismo, al crear una situación de excepción, de desafío global saca lo peor y lo mejor de los españoles. Hace brotar la pusilanimidad, el envilecimiento, la corrupción de la mente y el léxico pero también el coraje cívico, el altruismo excelso, la generosidad sin límite de personas comunes que son capaces de soportar por la defensa de la igualdad y la libertad molestias e incomodidades que van mucho más allá del deber. Conozco a un grupo de mujeres y hombres que se levantan todos los días poniéndose a salvo de la indignidad y la corrupción moral que puede heredarse del miedo. Son un É fragmento de esa España que pide la libertad y la palabra; son vascos que saben que forman parte de una sociedad de ciudadanos iguales, no de una comunidad de feligreses idénticos. He tenido la suerte de encontrarme en la misma trinchera con María San Gil, cuya envergadura humana me fascina, cuyo arrojo me conmueve. Es mi compatriota porque no sólo habita conmigo un espacio de convicciones sino porque además trasmite un oxígeno moral que puedo respirar a su lado. María sabe que las ideas no están hechas para morir o matar por ellas sino para argumentar su validez. No cree en la lealtad trágica a una sangre sino en el sobrio parentesco de la ciudadanía. Y está empeñada en trazar las coordenadas elementales de una convivencia. Con su ejemplo, nunca nos vencerá nada parecido a la desesperación o al engaño de los ilusionistas ni nunca nos entregaremos a un patíbulo sin resistencia, sino a una tribuna para empujar la sublevación moral ante la violencia, del tiro o del discurso, de la matanza o de la exclusión. Porque hay una forma de amar el país que consiste en no quererlo injusto, y en decírselo.