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29 7 07 GENTE BEATRIZ CORTÁZAR Al punto La nuera de la Pantoja Isabel Pantoja está de permanente actualidad. A sus vicisitudes profesionales y legales se añaden las que afectan a su hijo Kiko econozco que mi intención era no insistir en el caso Isabel Pantoja y todo lo que concierne a la figura de esta tonadillera que está que se sale a la hora de regalar titulares. Asumida y explicada esa intención los hechos son los hechos y aquí no hay semana que nos libremos de acordarnos de la que fuera viuda de España y hoy imputada en un delito de blanqueo de dinero. Suena a latazo pero es que Isabel Pantoja incumple la famosa frase de que en España no hay escándalo que aguante más de una semana. Con Isabel llevamos semanas, meses, años y todo apunta a que aún queda un tiempo largo por delante para que la calma chicha vuelva a su hogar. Esta semana la artista ha protagonizado dos momentos cumbre para rellenar minutos y horas de tertulias. Por una parte está su negativa a cantar en Alicante por incumplimiento de contrato, puesto que habían pactado una tarifa de 70.000 euros y la recaudación en taquilla apenas llegó a 60.000. Los organizadores quisieron arreglar el asunto con un cheque, pero no debieron convencer a la representante de Pantoja, María Navarro, quien optó por cortar por lo sano a pesar del daño que un plante así podía repercutir en la figura pública de Isabel. El público se enteró, se armó la marimorena e Isabel se fue en su coche ante los gritos de un gentío que no le perdonaba esa espantá No es la primera vez que pasa algo parecido ABC R con los conciertos de Pantoja y no se entiende que hasta minutos antes de salir al escenario estas cosas no estén más que arregladas para evitar momentos como el que se vivió el pasado miércoles. Pero si en lo profesional Isabel se quedó con 70.000 euros menos en su caja, en lo personal tampoco tiene que ser plato de agrado ver cómo en casi todos los programas de televisión y a cualquier hora del día se han emitido las imágenes de los numeritos lésbicos que la actual novia de su hijo practicaba a cambio de su importe. A la tal Tamara (cualquiera adivina el apellido) la presentaron como una bailarina de discoteca, una gogó de jaula, que había caído rendida ante los encantos de Francisco Rivera, Kiko, que todo lo que tiene de buenazo e ingenuo lo tiene también de descuidado y tremendo en su imagen. Pero debe ser que a Tamara el físico no le importa nada y que sea de las que se queda con la belleza interior de las personas, algo que ciertamente le honraría en el caso de que fuera verdad. En los primeros momentos se dijo que su oficio era de recepcionista en un gimnasio y también que era la persona idónea para encauzar a un Kiko que andaba de lo más despistado en cuanto a salidas nocturnas, amigotes y debilidades, y es que son muchas las horas libres que tiene al día puesto que a sus 23 años ni se le conoce oficio ni planes de estudio. Pero, como dicen los de Hormi- gas blancas el pasado siempre vuelve y a Tamara el hecho de tener 20 años no sido impedimento para que su pasado se revolviera por internet, donde empezaron a salir todos los numeritos porno que hacía en espectáculos para hombres. En un ejercicio de absurdo y cinismo general, lo mejor de todo era escuchar cómo algunos hasta defendían la normalidad de esas escenas y presentaban como habitual que una jovencita de dieciocho años recién cumplidos tuviera que recurrir a la pornografía para sacarse sus primeros ahorritos. No se trata de machacar ni juzgar a nadie, pero tampoco de aceptar como si nada que las mujeres españolas tengan que recurrir a estos espectáculos de sexo en directo para subsistir. No. Gracias a Dios este país ha evolucionado lo suficiente como para que todo el mundo tenga una oportunidad y un trabajo digno. Supongo que maldita gracia le habrá hecho a Isabel Pantoja encontrarse con que su posible nuera, aunque solo sea en formato de novia, esté en posturas de lo menos favorecedoras por todos los programas. Su hijo no es un lince, y ya son muchas las veces que le han tendido trampas los amigos con cámaras ocultas o confesiones a cambio de dinero para hablar de la intimidad de una persona cuya popularidad viene por ser hijo de una figura de la canción pero no por sí mismo. Es Excusas absurdas