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22- 23 D 7 LOS DOMINGOS DE La Gran Muralla icen que es la única construcción humana que se distingue desde el espacio. Es una antigua fortificación construida para proteger el imperio chino (siglo III a de JC) de los ataques de los nómadas de Mongolia y Manchuria. Cruza siete provincias y abarca 6.400 kilómetros, desde la frontera con Corea hasta el desierto de Gobi. Nada menos que 1.000 años tardaron en construirla. Una gran parte de la muralla está muy destruida (sólo se mantiene en pie el 30 por ciento) pues los campesinos del interior usaron durante años las piedras para hacerse sus casas; y otra, muy bien conservada o reparada, cerca de Pekín (la zona D más turística) y que se ha convertido en la excursión preferida de millones de chinos durante sus vacaciones de verano. Al espectáculo de la muralla en sí se unió en mi visita la impresionante vista de lejos del desierto de Gobi totalmente nevado. Remonté por pasillos y escaleras dos kilómetros y los chinos, previo pago, nos extendieron un certificado por la hazaña. Durante años fue llamada el cementerio más largo del mundo pues en su construcción murieron miles de obreros. Dejó de tener utilidad estratégica porque aquellos de los que China se quería proteger se convirtieron en gobernantes: la Dinastía Quing. Los turistas no madrugadores llegan en manada a la Tesorería REUTERS Petra unos 80 kilómetros del Mar Muerto, en Jordania, en un lugar angosto del valle de Arava, un impresionante y sombrío desfiladero, que atravesamos a caballo, desemboca de forma súbita en un templo de color rosa excavado sobre la piedra arenisca, que no sólo impacta sino que es el más vivo exponente del estilo arquitectónico de los nabateos, constructores de Petra, una activa y cosmopolita ciudad, con influencias grecorromanas y orientales. Durante siglos fue capital del antiguo reino pero, por esas cosas de la vida, quedó despoblada y en el olvido, hasta que un intrépido y aventurero europeo A disfrazado de musulmán la descubrió por casualidad en 1812. Se llamaba Johann Ludwig Burckhardt, y debió de quedarse obnubilado cuando, al atravesar el desfiladero, vio la Tesorería, el edificio más conocido de aquella espléndida ciudad de diversos colores (el sol del atardecer los torna rojizos) donde los nabateos tenían el control de las rutas del comercio entre Arabia y Siria. Hay que recorrer todos sus monumentos a pie, pero para acceder al monasterio, como hay que subir 800 escalones, es mejor alquilar un burro (con dueño, para que lo dirija) que remonta las escaleras como si nada. Lo malo fue el olor que nos dejó. Esta parte de la muralla china, muy visitada, está reconstruida EFE