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20- 21 D 7 LOS DOMINGOS DE Machu Picchu reo que si tuviese que elegir una sola maravilla me quedaría con Machu Picchu, no sólo por la ciudad de piedra que construyeron los incas en el promontorio rocoso que une las montañas de Machu Picchu y Huayna Picchu (en la vertiente oriental de los Andes peruanos) sino por el enclave. Ninguna fotografía ni película han podido reflejar la visión de 360 grados. Hay que vivirla. Machu Picchu es una obra maestra de arquitectura e ingeniería y sus peculiaridades arquitectónicas y paisajísticas la hacen única. Nadie se explica cómo estas gentes sin conocer la rueda pudieron trasladar por esas empinadas montañas (la coca hizo mucho) las piedras para la ciudadela que fue residencia del Inca Yupanqui, y que además fue usada como santuario religioso. Hay quien, para meterse en ambiente, hace el trayecto a pie (tres días completos) Para los menos sacrificados está el autobús que se coge en Aguas Calientes y serpentea la montaña. Dan ganas de mirar de reojo para evitar que el pánico nos invada al pensar en caer por el Cañón del Urubamba. Arriba, todo se olvida y nadie se acuerda ya de bajar. C Subir la gran pirámide de Chichén Itza es entender un poco más la compleja civilización de los mayas REUTERS Chichén Itza L o que en un principio (allá por el año 325) fue un pequeño poblado de chozas de madera y paja empezó a florecer cuando una élite de gobernantes formada por guerreros, sacerdotes y comerciantes introdujeron el culto al dios Kukulcán (el equivalente a la serpiente emplumada del altiplano) y le construyeron una ciudad levantando taludes y muros verticales donde aparecía siempre la figura del dios pájaro- serpiente. Una ciudad muy bien trazada, con grandes espacios entre los templos y unas calzadas elevadas sobre el suelo, donde colocaron los principales edificios: el Templo de los Guerreros, el Observatorio, el Cenote Sagrado, el Juego de Pelota, el Caracol... Allí, en el yacimiento arqueológico de Chichén Itzá, se alza la pirámide de Kukulcán, asentada sobre una plataforma de 55 metros de ancho que alcanza los 24 de altura y que aparece rematada por un templo. Conviene visitarla a primera hora de la mañana porque el calor húmedo agota. El Coliseo C El Coliseo, un monumento para evocar combates crueles, gladiadores, fieras, juegos... EFE ien días duraron los fastos de inauguración de este monumento que comenzó a edificarse bajo el mandato de Vespasiano en el año 70 y que lo acabó su hijo Tito en el 80. Se desconoce la identidad del arquitecto que lo construyo, pero no su función: albergar espectáculos como las venaciones (peleas de animales) los noxii (ejecuciones de prisioneros por animales) y las muneras (peleas de gladiadores, que fue para lo que más se usó) Del enorme edificio ovalado de 189 metros de largo, 156 de ancho y 48 de alto quedan unas magníficas ruinas, por la noche llenas de gatos y por el día, de italianos vestidos de romanos para las fotos de los turistas. En las gradas se sueña con tiempos de juegos, con luchas de leones, con gladiadores. Hay que perderse un rato por sus vomitorios e imaginar algo más de lo que nos mostró el cine.