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29 7 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Iberoamérica Los niños no deberían perder su infancia. Y, sin embargo, sucede TEXTO Y FOTOS: JESÚS BASTANTE LIÉBANA Historias de niños tristes Abandonados a su suerte, enfermos, inválidos, traicionados por los mayores que prometían un futuro mejor, ésta es la suerte de muchos pequeños en el mundo. E sta es la historia de un continente propiedad de muchos niños tristes. Y de muas sonrisas. De miedos y esperanzas. Una historia de niños que dejaron de serlo a la fuerza, que murieron secuestrados, que fueron obligados a trabajar de sol a sol. Es la historia de pequeños huérfanos, de madres adolescentes, de bebés enfermos de sida, de discapacitados. De niños que se atrevieron a soñar y sufrieron pesadillas, de aquellos que no pudieron despertar, pero también de los que durmieron descubriendo el calor de una cama, de quienes por la mañana no tenían otra cosa que hacer que, por fin, ser niños. Es una historia, la de Iberoamérica, protagonizada por menores, pero tristemente organizada por los adultos. Es una historia, y son muchas historias, que el padre Ángel, que Mensajeros de la Paz, ofrecen al mundo rico. Para que se sepa. Para que no olvidemos a los niños tristes. Gladys, protegida por sus hermanas Son cien niñas. Todas morenas, con los ojos grandes, vestidas para la ocasión, pues les visita la Primera Dama y están de fiesta. Gladys es una de ellas. Huérfana o abandonada por sus padres, como las demás. Alojada, como todas, en el Hogar Doña Chucha una venerable anciana que fue tirada a las calles por sus progenitores y que, en su madurez, se dedicó a recoger a todas las pequeñas que encontraba por el camino. Ahora trata, junto al padre Ángel, de que algunas de ellas sean adoptadas. Una misión casi imposible, pues en Santo Domingo cada día son abandonados miles de pequeños. Gladys es reconocible a simple vista; es la más buscada y protegida por sus hermanas Su melanoma en la piel la delata. Al principio se escondía entre los barrotes de las habitaciones, y así veía pasar los autos por la calle. Pero sus hermanas la sacaron al patio una mañana, y la obligaron a jugar. Hoy no para de hacerlo. Doña Chucha sonríe desde lo alto de su habitación. Ella también fue una niña como Gladys. Y como sus hermanas. Una niña sola y triste. Ángeles, mamá a su pesar Tiene doce años. Es bajita, menuda y su pelo castaño está recogido en una coleta. Se llama Ángeles, y entre sus brazos sostiene un pequeño bebé. Su hijo. ¡Su hijo! Entonces te fijas en sus labios, y encuentras huellas de tantas mordidas; te cruzas con sus ojos, y su mirada se ve apagada y con ojeras. Ángeles fue violada por su hermano y por su padrastro. Uno de los dos es el padre de ese bebé al que protege como una leona. Como otra veintena de chicas, algunas tan niñas que resulta imposible imaginarlas en estado de gestación, vive en un hogar gestionado -menudo eufemismo- -por el gobierno de El Salvador. Ángeles jamás debería haber pasado por esto. Es una niña, mujer a su pesar, de doce años. ¿La esperanza? Que, gracias a la labor de Mensajeros, Ángeles y otras chicas puedan seguir siendo niñas... aunque a su lado crezca una nueva vida.