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30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ Las películas no huelen ÁNGEL DE ANTONIO Pierre Casiraghi- -muy alto, muy delgado, muy bailón y muy fiestero- -acudió a la presentación de las hermanas Cruz que es lo más importante de su vida y que siempre estará pendiente de ella. Mónica no sabe qué hacer en verano. Le llaman de todas partes con ofertas para que hable en un plató y cuente lo que ha pasado pero prefiere esperar unos días para ver las cosas con más calma. El entorno de Lozano asegura que lo de la fiesta de cumpleaños fue una trampa que Mónica le tendió a su ex avisando a los periodistas para que fueran a la casa sabiendo como sabía que Lozano no iba a estar Vamos, que fue una puesta en escena con guión y dirección. Por supuesto ella lo niega tajante, recuerda que en todos los cumpleaños de su niña han estado los fotógrafos, que no hace falta avisarlos porque saben perfectamente cuándo es el día. Y luego está lo de la tercera en discordia. Lozano explica que Mónica tiene que rehacer su vida. Ella contesta que ninguna mujer tiene que soportar las infidelidades de su pareja. El tono va subiendo a medida que pasan los días. La familia y los amigos empiezan a decantarse. Esto está que arde... Mucho más tranquilo y al margen de todas historias estuvo el hijo de Carolina de Mónaco, Pierre Casiraghi, en Ibiza. Acudió como invitado de la fiesta que organizó Mango para presentar la nueva colección de las hermanas Cruz y demostró que sigue la línea familiar en cuanto a juergas y noches locas. Pierre es muy alto, muy delgado, muy bailón y muy fiestero. A su edad se puede permitir el lujo de hacer una empalmada (pa- sar de la noche al día sin dormir) y soportar las ojeras. Tanto esfuerzo será recompensado después con unas vacaciones en Cerdeña o unos largos en la piscina del Beach de Montecarlo. Después de ver cómo se las gasta en Ibiza y cómo sus hermanos hacen algo parecido allá por donde pasan, muchos se quedan con las ganas de saber por qué ninguno de los hijos de Carolina se ha matriculado en alguna universidad, escuela o, tan siquiera, un módulo profesional. Ni son buenos estudiantes ni tampoco han heredado de su padre la afición por los deportes de riesgo, puesto que sus acrobacias más arriesgadas suelen ser en una pista de baile o alguna cubierta de yate. La respuesta es clara. Ya que se supone que los hijos del desaparecido Casiraghi ya habrán heredado la fortuna de su malogrado padre, con esas rentas y esos cuerpos quién es el guapo que les habla de física cuántica. ¿Ernesto de Hannover? Justamente para hablar de deporte y de su tiempo como jugador de balonmano es por lo que Iñaki Urdangarín viajó un verano más hasta Lanzarote para participar en el Clinic de Entrenadores que se celebró en el hotel Princesa Yaiza. Aprovechando las jornadas Urdangarín se llevó a sus hijos para disfrutar de los tiempos de descanso. Esta vez no les acompañaron las Infantas Elena y Cristina puesto que el viaje tuvo que concluir el sábado pasado. El bautizo de la Infanta Sofía les reclamaba en el Palacio de la Zarzuela. hora resulta que ver una película de guarras no es echarse al cuerpo una de Ginger Lynn, es ver Niágara Con faldas y a lo loco o Eva al desnudo Bueno, de guarra, en singular. Es que Miss Caswell, la piba que Addison DeWitt (George Sanders) llevaba a casa de Margo Channing (Bette Davis) la noche que iba a ser movidita, y que había estudiado en la escuela de Arte Dramático de Copacabana, era un poco espesa. Marilyn Monroe, marrana. Lo dice un pollo que se llama David Bret y que es escritor supersónico y churrero de biografías faranduleras; de Elvis a Barbra, pasando por Errol Flynn, Marlene Dietrich, María Callas, Mistinguett, Joan Crawford o Tallulah Bankhead. Lo toca todo. En una biografía de Clark Gable de próxima aparición y presente promoción (la que le hacemos tantos memos que en el mundo somos) asegura Bret que Clark Gable nunca tuvo nada sexual con Marilyn Monroe porque el orejas era un obseso de la higiene (no sé si como Jack Nicholson en Mejor imposible y la rubia de bote se duchaba poco. También ha largado el tumba mitos que la actriz dormía desnuda (oh, qué novedad, se habrá quedado tan ancho con la explosiva revelación) que comía a menudo en la cama tirando al suelo los restos del plato antes de dormirse; que se teñía el pubis de rubio; que tenía el intestino irritable y que nunca llevaba bragas. A ver si nos entendemos, esto último alimenta el mito, tío. Mmm, yo había leído hace tiempo que la actriz era una máquina de lubricación, una especie de surtidor. Ahora entiendo que dejara rastros en las sillas. Pero lo del intestino... Acostumbrados como estábamos al divertido rollo kennedyano, a la teoría de la conspira- A ción y al si fue suicidio, descuido o asesinato, sale este señor con las flatulencias de Marilyn Monroe. Hombre, nooo (que suene como Antonio Ozores diciendo No, hija, nooo) Por supuesto, ya ha salido quien ha recordado la halitosis de Clark Gable (sí, hoy estoy poco fina, pero esto es según mercado) tomando a Vivian Leigh como testigo ¿se puede ser testigo de algo que se huele? Lo contó como una penuria del rodaje de Lo que el viento se llevó Debió de pasarle como a Jane Austen con aquellas señoritas, que fue todo lo amable con él que le permitió su mal aliento. Pero qué más da. Lo bueno del cine es que no huele. Bueno, el cine sí huele pero las películas no. Y tampoco los actores. De la misma forma que el espectador está lejos de beneficiarse a alguno de sus ídolos de la pantalla, también está lejos de sus efluvios. Algo bueno tenía que tener la distancia. Pese a no ser Marilyn Monroe una tía buena de mi devoción, entre ella y Clark Gable no tengo duda, me quedo con Norma Jean. Pero si me apuran, me quedo con Carole Lombard, que según la regla de tres de David Bret, debía de ser muy curiosa. Limpia, o sea. De Carole Lombard no tengo ninguna camiseta. De Marilyn Monroe sí. Una que me pongo poco. Es que me da corte ir por ahí con un pedazo de cara de MM (con otra de Greta Garbo, y encima es una de las fotos de Clarence Sinclair Bull, me pasa lo mismo) No deja de ser ridículo llevar en el pecho la cara de alguien con quien no tienes nada que hacer. Las comparaciones a veces son una pinchada en un palo, que diría Gillem Martínez. Pero es que no venden camisetas con la cara de Lola Gaos (viva Lola Gaos) que si no me hacía con una. Ni tampoco las venden con la de Laly Soldevila (viva Laly Soldevila) qué le vamos a hacer. Que David Bret no es un caballero está clarísimo. Ya lo decía Austin O Malley, un caballero es alguien que nunca ha oído contar antes ninguna historia. Y mucho menos la saca él. Y muchísimo menos si se trata de intimidades de una señora, lo fuera o no. Puestos a elegir casi preferiría que me acusaran de filonazi. O de fan de Celine Dion. Además, de estas cosas no se habla. Los temas de la higiene son tan incómodos como los incómodos de toda la vida. Siempre he mantenido que el hecho de que en las casas de Gran Hermano (además de la ducha) no haya bidé es una guarrería. Pues hay que ver cómo se me pone el personal. Por eso nunca discuto sobre política, sobre religión o sobre bidés. Y menos lo voy a hacer sobre flatulencias.