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18- 19 D 7 LOS DOMINGOS DE Vasco de Quiroga, más obispo de indios que de españoles POR ROSA BELMONTE Un expedicionario de la Ruta Quetzal muestra un real de a ocho en la ceca de México Magallanes había descubierto el archipiélago de San Lázaro en 1521, espoleando la competencia entre España y Portugal, las grandes potencias marítimas de la época, para hacerse con el control de las mercaderías orientales. Tras varios intentos fracasados (uno de ellas auspiciado por el propio Hernán Cortés, conquistador de México) el virrey Don Luis de Velasco costeó en 1542 una expedición que, al mando de Ruy López de Villalobos, logró llegar al citado archipiélago- -que fue rebautizado con el nombre de Filipinas en honor del entonces príncipe heredero, el futuro Felipe II- El problema era regresar al punto de partida sin morir en el intento, así que durante años el proyecto quedó suspendido. Andrés de Urdaneta descubrió la ruta directa de retorno tornavuelta de Filipinas a Acapulco en 1565. Natural de Villafranca de Ordicia (Guipúzcoa) -el año próximo se celebra el 500 aniversario de su nacimiento- este cosmógrafo, sacerdote, marino y explorador zarpó de Manila en dirección noreste hasta los 33 grados de latitud para encontrarse, frente a las costas de Japón, con la corriente marina Kuro- Sivo, cuya dirección este- oeste le permitió cruzar el Pacífico en una especie de semicírculo para llegar al Cabo Mendocino, en la Alta California, donde enfiló hacia el sur para arribar a Acapulco tras haber recorrido 20.000 kilómetros en poco más de cuatro meses. Con el establecimiento de esta ruta quedó unida Asia con América y, por extensión, con Europa, y España extendió su dominio sobre Filipinas. La travesía de estos galeones estableció un floreciente tráfico comercial y un intercambio cultural y espiritual. A Oriente viajaban pesos de plata (como el columnario que halló Miguel de la Quadra- Salcedo) cacao, maíz, frijol, azúcar, tabaco, vino, aceite, fierros de herrería... Los emigrantes- -en ambas direcciones- -formaron parte del intercambio. La nao de la China nunca recaló en China, por cierto. Los mercaderes chinos llegaron a Filipinas debido a la gran explosión demográfica en su país, y se establecieron principalmente en Manila, donde instalaron sus tiendas y negocios. Se les daba el nombre de sangleyes. Se calcula que en 1588 vivían en Manila mil chinos, número que se triplicó en cien años. El Fuerte de San Diego protegía la llegada del galeón. Las mercancías eran llevadas a lomos de mulas hasta Ciudad de México, y de ahí a Veracruz, y por fin a España. Eran otros tiempos, y los piratas de Odyssey aún no surcaban los mares. ÁNGEL COLINA Comercio en Manila uatro huesos en una urna de cristal es lo que queda físicamente de Vasco de Quiroga (Madrigal de las Altas Torres, 1470; Uruapan o Pátzcuaro, 1565) La urna está en el mausoleo dedicado al humanista en la basílica de Nuestra Señora de la Salud de Pátzcuaro, construida siendo el titular de los huesos obispo de Michoacán. En 1580 se trasladó la sede episcopal a Valladolid (la actual Morelia) y también se pretendió trasladar los restos, cosa a la que se opusieron sus fieles, los indios. Porque Vasco de Quiroga, el Tata (padre) Vasco de los indígenas, fue más obispo de indios que de españoles, como diría Fray Juan de Medina, quien trasladaría la diócesis. Pero no sus huesos. Lo impidieron los antepasados de Gaby y Angelina, dos expedicionarias purépechas de la Ruta Quetzal BBVA. Las jóvenes hacían cola el pasado viernes 13 en la iglesia de San Nicolás de Bari en Madrigal. La hacían para preguntar sobre el Tata Vasco al sacerdote sabio Francisco Martín, uno de los mayores conocedores de la sorprendente figura de don Vasco y que acababa de dar una conferencia que tuvo a los chavales boquiabiertos. La boca y la cola eran de chicos de 16 y 17 años, también conocedores de Quiroga. Mucho más de lo que se puede decir de la mayoría de la población española para quien el benefactor de los indios es un desconocido, aunque haya habido sellos (de dos pesetas) con su cara. Ello no pasa en México. El estado de Michoacán incluso está desarrollando una ruta Vasco de Quiroga, algo en lo que Miguel de la Quadra, hombre de acción como don Vasco, va por delante. Pero en España el famoso (si se puede utilizar esa expresión) es Bartolomé de las Casas. Como también es quien está pendiente de canonización y beatificación (Siervo de Dios es don Vasco) En cualquier caso, tan importante, o más, es el obispo de Michoacán como el de Chiapas. La marcha a México del jurista abulense fue como oidor o juez de la segunda Audiencia. Enviado por Carlos I para cortar los excesos de la primera, los del triunvirato de la iniquidad y el desgobierno (Guzmán, Matienzo y Delgadillo) Las instrucciones que los nuevos oidores recibieron en 1530 incluían tomar residencia (el juicio de residencia consagrado en las Siete Partidas) al trío calavera, así como proseguir la de Cortés. Pero el primer cometido de C Vasco de Quiroga los oidores era escuchar quejas, viniendo los conflictos de la anulación de las encomiendas y del trato a los indios. Y esa fue la gran misión de Vasco de Quiroga, empeñado en que vivieran en policía Propone soluciones y se ofrece para reparar las injusticias. Su principal obra, todavía siendo seglar, es la fundación de los pueblos- hospitales, para los que redactará ordenanzas. En Don Vasco de Quiroga. Protector de los indios escribe Francisco Martín que los organiza a modo de granjas y grandes establecimientos en los que todo se tenía en común. Los indios cultivan extensiones de tierras que él mismo les procura, se dedican a la ganadería, a oficios y a artes especializados; se ayudan mutuamente en la atención a pobres y enfermos, como si se tratara de una incipiente seguridad social; asisten a escuelas y colegios; se rigen por un sistema de trabajo y reparto de beneficios... Era como una mezcla de ideales, el de la Iglesia primitiva y el de aquella sociedad de utopía que Quiroga había creído encontrar en sus lecturas de Luciano de Samosata y de Tomás Moro... Fundó en 1532 el primero, al lado de México, y en 1533, el segundo, en Michoacán, en Santa Fe de la Laguna, de donde son las jóvenes purépechas Gaby y Angelina. Los pueblos- hospital duraron dos siglos y medio. Pero para Gaby y Angelina el legado del Tata Vasco está tan presente como para muchos de sus compatriotas. Aquí no entraría en una lista de españoles de la Historia ni dando con sus fémures en la cabeza de los hacedores de ignorantes listados. Claro, que tampoco entraría Bartolomé de las Casas. Reparador de injusticias