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15 7 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Partidarios de los talibán escuchan devotamente el discurso de uno de los líderes rebeldes afganos en un pueblo al oeste de Quetta, también junto a la frontera AP Tribus de Pakistán La cantera de Al Qaida (Viene de la página anterior) bad se comprometía a no enviar tropas y a devolver las armas incautadas a cambio de que las tribus se comprometieran a que no habría más ataques desde sus áreas. Un pacto de no agresión envenenado, que sólo ha servido para reforzar la presencia extremista que, por primera vez, ha sido capaz de exhibir su poderío en el centro administrativo del país. Los informes de los servicios secretos estadounidenses señalan a dos de estos distritos tribales como nuevos cuarteles generales de Al Qaida: Waziristán norte y Waziristán sur. La revista Time citando también informes reservados estadounidenses, incluso define esta zona como residencia actual de Bin Laden y de su número dos y estratega, Ayman Al Zawahiri. Allí se vive bajo el imperio de la sharia (ley islámica) que ya pusieron en práctica los talibán en Afganistán; por eso, cuando llegan a la capital, les parece un lugar de infieles. Aunque yo creo que Pakistán, en general, obedece la sharia y es un país de buenos musulmanes que no necesita que el Estado imponga nada, porque cada uno sabe cómo debe vivir su religión destaca el profesor Munir. Kabul reclama su soberanía sobre estas zonas tribales, pero Pakistán se niega a entregárselas. Según un pacto firmado con el imperio británico, la soberanía de Islamabad sobre la zona tendría un plazo, que ya ha caducado, de cien años. Las tropas de la OTAN desplegadas en suelo afgano, por su parte, presionan a Musharraf para que vi- El muro como solución La inexistente frontera entre Pakistán y Afganistán permite el tránsito libre de yihadistas de un lado a otro. La colonización inglesa en la región legó un contrato de cien años por el que Pakistán se hacía cargo de las zonas tribales del sur de Afganistán, a las que llamaron Independent Tribal Areas por un periodo de cien años. Vencido este contrato, los afganos reclaman la tierra. Sus vecinos se niegan y proponen además la construcción de un muro de mil kilómetros para marcar la línea divisoria y seguir manteniendo el área bajo su autoridad. Otro muro, que se sumaría a la lista de fronteras tapiadas como las que separan Israel de Palestina o la de Estados Unidos de México. gile este territorio en el que se entrenan muchos de los hombres que hacen imposible su misión y mantienen las provincias del sur en estado de máxima alerta. No en vano son las provincias del sur de Afganistán las que escapan al control de las fuerzas de la coalición. Hasta ahora estas cosas pasaban a muchas horas de Islamabad y a nadie le importaban, pero en ciudades como Peshawar o Quetta es la norma de cada día. Allí, ellos controlan tanto la calle como el poder local- -la coalición ultra- religiosa MMA (Muttahida Majlas- e- Amal) está en el gobierno provincial. Antiguos líderes talibán viven con total impunidad en suelo paquistaní y nadie En la frontera se vive bajo la misma ley de los talibán en Afganistán. Años de guerras, manipulaciones, abandono y olvido han propiciado la proliferación de yihadistas les molesta lamenta el periodista Shabbir Siham, colaborador del diario The Frontier Post principal cabecera de Peshawar, que ha pasado toda la semana en la capital siguiendo la crisis de la Mezquita Roja. La fuerza no va a solucionar nada, porque esta gente está dispuesta a todo y está muy bien preparada. Ni los ingleses, ni los rusos pudieron con ellos, ¿qué van a hacer ahora las tropas de Pakistán? se preguntaba Siham nada más conocer la receta a base de carros de combate, armamento moderno y entrenamientos especiales que Musharraf ofreció para evitar nuevas crisis como la de la Mezquita Roja. Las áreas tribales, lejos del mundo entero, se han hecho presentes en el corazón de Pakistán. Los años de abandono y olvido por parte del Gobierno central, unidos a la política de Estados Unidos de favorecer la existencia de yihadistas, a los que bautizaron como luchadores de la libertad para hacer frente al Afganistán soviético, permitieron la entrada de organizaciones religiosas extremistas que, con el paso de los años, se han convertido en verdaderas ONG armadas que cubren las necesidades de la población. Tienen medios y contactos en madrasas de todo el país, a las que envían a los pequeños desde los cinco años. La pasada semana se amotinaron en Islamabad, pero la amenaza de nuevos levantamientos es cada vez mayor en un país que se divide entre su respaldo a Occidente en la lucha contra el terror, y la losa que supone tener el más violento integrismo en su interior.