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8 7 07 VIAJES Al sur de EE. UU. Tras las huella de los héroes Atlanta, lo que el viento se dejó i el visitante quiere mantener intactas sus nociones peliculeras de mansiones decadentes, plantaciones en tecnicolor y julepes de menta es mejor que no venga a Atlanta. Aquí no podrá visitar Tara. Tampoco encontrará las tumbas de Escarlata O Hara y Rhett Butler. Hollywood es un excelente fabulador pero es un pésimo agente de viajes ya que sus películas, aunque longevas, están basadas en escenarios de poner, rodar y quitar. Ahora bien, si el objetivo es disfrutar de una gran ciudad de EE. UU. -menos conocida que el resto pero más amable y en constante transformación- -la opción de Atlanta no es ninguna banalidad. Lo que empezó como un nudo de ferrocarril y se convirtió luego en una gran metrópoli del viejo sur para ser arrasada tras la Guerra de Secesión es hoy una ciudad con aspiraciones de modernidad. Etiquetada a veces como la versión sureña de Los Ángeles. Es decir, con un ímpetu comercial, emprendedor y una pujanza que ya intentó exhibir al resto del mundo durante los Juegos Olímpicos de 1996. Atlanta es el área metropolitana que más ha crecido en Estados Unidos entre los años 2000 y 2006. La mejor prueba de esta actitud de expansión y negocio, que no es típicamente sureña, es que cuando se habla de Atlanta se termina hablando de sus empresas. Con nombres tan inevitables y legendarios en la aldea global como la CNN, Coca- Cola, Home Depot, UPS o Delta Air Lines. Compañías que tienen aquí sus cuarteles generales. Hasta el punto de que una visita a Atlanta parece incompleta sin participar en el inside tour de la CNN o pasarse por el New World of Coke nue- S ñado por grandes vasos de té con hielo y toneladas de azúcar. Aunque si las grasas saturadas no son un problema, una tradición de Atlanta desde 1928 es The Varsity templo del fast food que garantiza generosas dosis de colesterol, aglomeraciones casi a todas horas y hasta su propia jerga. No perderse las fotos de Clinton haciendo campaña entre hamburguesas, perritos calientes y empleados negros que recuerdan cómo Atlanta es punto de referencia clave para los afro- americanos. Quizá una de las calles más especiales para la cultura negra de EE. UU. sea la Avenida Auburn, etiquetada con el adjetivo dulce por simbolizar sueños de prosperidad y dignidad para afro- americanos. Aquí nació Martin Luther King y aquí está enterrado. Desde 1980, varios de sus edificios están considerados monumento histórico. Con un centro de visitantes que intenta explicar la dolorosa odisea racial de EE. UU. la heroica lucha por los derechos civiles y el liderazgo de Luther King hasta su asesinato en 1968. En busca de historia, más o menos glorificada, otra opción puede ser la Biblioteca- Museo de Carter. En esa tradición de mausoleos presidenciales, contemplar la chaqueta de punto con la que este ex gobernador de Georgia pidió ahorro de energía ayuda a entender la posterior apoteosis de Reagan. Y visítese el Ciclorama, mezcla de mural y diorama que se contempla desde un escenario que da vueltas mientras cuenta la toma de Atlanta por las tropas de la Unión al mando del general Sherman. Aquí sí podríamos intentar distinguir a Escarlata y Rhett. La odisea racial Llave del motel donde fue asesinado Martin Luther King vo y rutilante museo dedicado a la vida, milagros y promoción de la Coca Cola. Como ejemplo de ese afán de superación, la ciudad ha incorporado en el enclave del Centennial Olympic Park el extraordinario Acuario de Georgia. Este derroche de flora y fauna submarina patrocinado por empresas privadas va camino de superar récords millonarios de visitantes. Atraídos por superlativos tanques del tamaño de las pantallas gigantes de los cines antiguos, que ofrecen privilegiadas panorámicas de la vida acuática. Si tamaña exhibición de peces y crustáceos estimula el apetito, Atlanta ofrece toda clase de cocinas. Desde vietnamitas hasta restaurantes de pollo frito acompa- Central High Scholl de Little Rock, un hito en la lucha contra la segregación educativa Iglesia baptista Ebenezer, donde aún resuenan los discursos de Luther King