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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE ción para guardar un minuto de silencio que exprese el sentir de la sociedad en contra de ETA. Durante un minuto se pudo ver en los televisores un lazo azul y el mensaje: Miguel, te esperamos Viernes 11 de julio. 24.00 h. Nuevas Generaciones del PP decide declararse en encierro indefinido en todas las sedes del Partido Popular. Las organizaciones juveniles de todos los demás partidos democráticos suscriben de inmediato un comunicado en el que recuerdan a las juventudes de Herri Batasuna que son los únicos que no están aquí Sábado 12 de julio. 12.00 h. La ola de movilizaciones se extiende por el País Vasco. Medio millón de personas se manifiestan en las calles de Bilbao, donde acuden ciudadanos de todo el territorio vasco y de comunidades limítrofes. El dolor en las fiestas de Pamplona REUTERS Sábado 12 de julio. 15.59 h. Sábado 12 de julio. 16.00 h. Las televisiones interrumpen su programa- Expira el plazo que ETA había dado para cumplir su amenaza de asesinar a Miguel Miguel Ángel Blanco, trasladado al hospital, herido de muerte ABC DE ERMUA A LIZARZA La despiadada y sádica ralentización del asesinato fue una interpelación moral para todos los españoles. Quienes no se sintieron incumbidos quedaron definidos como indignos de vivir en sociedad S i ETA hubiera asesinado a Miguel Ángel Blanco cuando éste salía de casa hacia su trabajo, el 10 de julio de 1997, tal vez no se habría producido la inmensa movilización democrática que hoy recordamos como algo inexplicable y hasta dudoso ¿hubo alguna vez un espíritu de Ermua Desde la postración y el envilecimiento de la ciudadanía en el País Vasco, donde sólo un puñado de concejales del PP y alguno, muy aislado, del PSE se enfrentan hoy con las bandas abertzales, se hace difícil imaginar que hace tan sólo diez años la población se volcó en calles y plazas y ocupó durante varios días el es- Jon Juaristi Escritor y ensayista pacio público, clamando contra los terroristas y sus cómplices. ¿Qué fue lo que catalizó aquella impresionante demostración de vigor cívico? En primer lugar, la singularmente despiadada y sádica ralentización del asesinato, que supuso una interpelación moral para todos y cada uno de los españoles. No había forma de eludirla. Quienes aprobaron el crimen o no se sintieron incumbidos por la suerte del joven concejal de Ermua quedaron definidos, ante sí mismos y ante los demás, como indignos de vivir en sociedad con gente civilizada. Todos sabíamos, desde que se conoció el secuestro de Miguel Ángel y las condiciones exigidas por ETA para su libe- ración, que habían decidido matarlo, que no lo retenían con otro fin. Cuando se detuvo a los asesinos, confirmamos aquella certeza inicial. Irantzu Gallastegui Sodupe, fruto depurado de una pedagogía familiar del odio racista a España. Francisco Javier García Gaztelu, un desalmado burócrata del terror. ETA había encargado a sus dos matarifes verdaderamente vocacionales- -el tercero, De Juana Chaos, seguía en la cárcel- -la escenificación de la venganza por el rescate de José Antonio Ortega Lara, enterrado en vida. Era imposible sustraerse al deber cívico de intentar salvar a Miguel Ángel Blanco y no había otra forma de hacerlo que presio- nar sobre la trama civil del terrorismo, dejando claro que Batasuna pagaría con la exclusión social y la desaparición política su responsabilidad en la muerte del concejal secuestrado. Pero lo que era un imperativo ético- -señalar a los cómplices e informadores de ETA, aislar a quienes habían entregado a Miguel Ángel para ser asesinado, expulsarlos de las instituciones, marginarlos de la sociedad civil- -se convirtió en una catarsis colectiva de carácter sentimental, fácilmente manipulable por el nacionalismo vasco para la persecución de sus objetivos sectarios. Hay que tener en cuenta que la movilización afectó exclusivamente, en el País Vasco y Navarra, a los grandes núcleos urbanos: las cuatro capitales y ciudades secundarias con ayuntamientos socialistas- -el caso de la propia Ermua- -o con un cierto equilibrio de fuerzas entre nacionalistas y constitucionalistas (Guecho, donde yo vivía por entonces, un municipio duramente hostigado por el terrorismo y la violencia callejera, fue un puntal de la protesta democrática) Sin embargo, en las poblaciones dominadas por los nacionalistas, sin presencia significativa del PSE y del PP, la incidencia de aquélla fue mínima. El PNV escogió alguno de ellos para representar la farsa homeopática de su compromiso por la democracia constitucional (Mondragón, donde fue derrocado el minoritario ayuntamiento de Batasuna) mientras en otros (Arrigorriaga, por ejemplo) rompía dicho compromiso desvergonzadamente. Esperó a que se desinflara la burbuja emotiva, y se apresuró entonces a pactar con ETA la estrategia secesionista de Estella. Con todo, no es el PNV el principal responsable de la situación presente, caracterizada por el acoso de la izquierda abertzale contra las fuerzas democráticas y, muy en particular, contra el PP. Porque ETA ha aprovechado, sobre todo, las expectativas de negociación política y la apelación de los socialistas a la memoria de la guerra civil para arrebatar al presidente Rodríguez, en el País Vasco y Navarra, la iniciativa de aniquilamiento de la derecha democrática.