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1 7 07 OPINIÓN TIRA Y AFLOJA Por César Oroz PILAR CERNUDA Política A vueltas con R. R. e ha abierto la veda, todo vale a la hora de especular sobre el futuro de Rodrigo Rato, qué significa políticamente su regreso a Madrid. Sin embargo- -y bien que lo ha explicado RR a los no menos de veinte periodistas a los que ha llamado- -no tiene la menor intención de retomar la actividad en la cosa pública, pero cuando se está ante un animal político de la envergadura de Rato, pocos dan credibilidad a sus palabras. Como si no pudieran aceptar, comprender, que deje voluntariamente el rango de Jefe de Estado- -el director gerente del FMI lo es- -para dedicar más tiempo a sus hijos. Pocas personalidades lo han hecho cuando se encuentran en lo más alto, pero a lo mejor estamos ante la excepción que confirma la regla. No es cierto que Rajoy supiera desde tiempo atrás la decisión de Rato, aunque algunos así lo han asegurado; si yerran los que hacen circular ese dato, quizá también se equivocan los que afirman con tono rotundo que Rato regresa para hacerse con el Partido Popular en cuanto se abra la puerta a esa posibilidad. La verdad es que las razones de RR para regresar a Madrid se comprenden; mal que le pese a algunos, hay padres a los que les preocupan sus hijos adolescentes. Como es el caso, aunque a Rodrigo Rato, ni ahora ni dentro de unos años, le va a quitar nadie el sambenito de que se encuentra a la espera de recuperar su sitio en política. Mientras la foto de Rato es la de un hombre pletórico de entusiasmo, seguro de lo que quiere hacer y de cómo ha preparado su futuro, la del presidente de Gobierno en cambio se asemeja a la de un hombre que atraviesa momentos difíciles; está como S sin pulso, noqueado. Uno de sus colaboradores comentaba que efectivamente le ha afectado el anuncio de ETA de que finalizaba la supuesta tregua, anuncio que además no ha tenido tiempo de asimilar porque se encontró con el trágico atentado del Líbano. Decía ese colaborador que todo eso no ha dejado indemne el ánimo de Rodríguez Zapatero, y añadía que lo que le preocuparía a él sería que el presidente no se EPA No es cierto que Rajoy supiera desde tiempo atrás la decisión de Rato, aunque algunos lo aseguren sintiera afectado por lo ocurrido los últimos días. No le falta razón, pero cuando todo un país se siente angustiado por noticias de dolor y muerte, tras el primer minuto de dejarse llevar por el abatimiento un presidente debería sacar fuerzas de donde fuera para presentarse ante la opinión pública y pedir que nadie se deje vencer por las malas noticias. Entramos en la semana del debate sobre el estado de la Nación. Rajoy, ya lo ha dicho, no va a caer en la trampa del año pasado, cuando no quiso que las negociaciones con ETA envenenaran el debate y pasó lo que pasó, que Zapatero hizo importantes anuncios cuando Rajoy ya no estaba en el uso de la palabra. Esta vez no ocurrirá lo mismo, y preguntará al presidente por las negociaciones, negociaciones que Zapatero sigue negando aunque los indicios- -y no sólo los que apunta el Gara -son apabullantes. El PP se mueve en terreno resbaladizo, pero Rajoy sabe ya por dónde van los tiros. Si intenta poner mucho acento en la crítica a Zapatero, tiene garantizada la acusación de que utiliza el terrorismo o la defensa para hacer política electoral, pero todo apunta a que ese tipo de dardos le hacen ya poca mella, lleva tres años escuchándolos. Por otra parte, tiene su aquel que los lance un partido que utilizó el 11- M como lo utilizó, y que utilizó la guerra de Irak como la utilizó. A ver qué ocurre este martes en el Congreso, en el cara a cara entre un Rajoy crecido- -quizá debería rebajar su triunfalismo- -y un Zapatero como sin rumbo, desnortado. Quizá debería hacer un esfuerzo y remontar el ánimo.