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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE monjas, las iglesias, asuntos que no vale la pena contar. El hambre y los bombardeos fueron la causa de que mis padres nos enviaran a Alicante, concretamente a una colonia en Albatera. No hubo tal. Nos repartieron por casas particulares. A mí me tocó la de un miliciano y dormí en un pajar. A mis hermanos, con diez y doce años, los llevaron a trabajar a una finca, a pesar de que sus dueños se confesaban creyentes. Luego estuve con el dueño de un carro tirado por un burro en cuyas alforjas dormí. A veces, cuando pasábamos por Benidorm o Villajoyosa, íbamos a una posada. Mi alimento era pan con cebollas, habas, o naranjas, cogidas de las huertas. Tengo memoria, pero paso de ella. Le diré, eso sí, que mi madre, que tenía muy buena voz, cuando todo terminó, cantó una saeta ¡Qué hambre pasé! Ava Gardner, siempre tan amiga de castizos y bailaores, en el centro, a la derecha del artista Madrid estaba mi casa Le tocó por entonces la mili en El Goloso y allá que iba y venía en bici desde la zona militar hasta el territorio del teatro. Alguna que otra vez le dieron permiso especial, pero cuando llegó la petición de uno de ellos, el coronel hartito ya de tanta solicitud se mostró remiso, actitud que depuso cuando el emisario informó sin tapujos de que la llamada procedía del Palacio de El Pardo y al teléfono, ahí es nada, la voz del marqués de Villavicencio. Juan bailó. Lo hizo hasta los 33 años. El chico que empezó en compañías baratas de segundo orden llegó al Lido parisiense; a importantes teatros de Londres y del mundo en imnumerables giras y actuaciones con Pastora Imperio- hice de Carmelo en El amor brujo cuando ella era la bruja, porque ya tenía una edad, pero seguía siendo grande Carmen Amaya, Juanita Reina, Carmen Sevilla, Faico, Ana Esmeralda, Lena Horne, Ella Fitzgerald, Juliette Gréco... Era tanto el éxito que Los Triana teníamos con las sevillanas, que Juliette pidió abrir el espectáculo en vez de cerrarlo. En el Lido conocí a Ted Sullivan que iba acompañado por Gloria Swanson. Total, el lío de siempre, charlas, invitaciones y así acabé en el famoso show del americano Piensa que el baile español se ha ido comercializando, aunque apunta que hay gitanos muy buenos, que han sabido de la importancia de aprender ballet. De lo actual no le gusta el abandono de la chaquetilla corta, de los zahones, de las blusas de lunares... Los que bailan quieren ser progresistas esnobs, para llamar la atención. Oiga, mis trajes eran de alpaca y he llevado capas fantásticas para La malagueña de Lecuona A la hora de elegir, se queda con Antonio y Antonio Gades. Al primero lo recuerda endiosado, porque sabía que valía mucho. Gades era distinto. Genial pero sencillo. Aunque tuviera mil personas alrededor iba a saludarte Al dueño de un restaurante hay que preguntarle cómo realizó su cambio. Cuenta que en casa de los aristócratas y millonarios- les gustan los artistas porque se aburren, sólo tienen la preocupación de gastar, y parece que les va el contraste supo que no todo eran lentejas y se interesó por la cocina. El Handicap 1 tenía sólo barra, y una plancha pequeñita, que le bastó para innovar. En Handicap 2 nacido hace 31 años, no hay microondas ni freidoras, de modo que en la cocina se le unen Aurora, Andrés y Lucio, más de 20 años con él. Guisan tan divinamente que uno de sus clientes quiere que el Rey deguste sus platos. Sus patatas astronautas gozan, entre otras delicias, de reconocimiento. Aunque algunos le recomiendan que busque un lugar más amplio, el hombre que fue artista en el Pasapoga y el Villa Rosa de arriba de un Madrid que presumía de ellos, se niega. He trabajado para vivir, pero no he vivido para trabajar afirma con el convencimiento de un sabio. Para terminar el diálogo con una ojeada a su pasado de bailarín se pone cinematográfico: Fui feliz mientras duró Años que podían haber sido de estudios, incluido el baile, se le fueron en lo que narra y, ya en Madrid- las peluquerías se habían ido a pique fue botones, recadero... El empleo en una farmacia lo perdió porque, rememora, me comía y me bebía lo que fuera, desde las pastillas de la tos hasta el líquido de los jarabes, pasando por los bombones cuyo fin era actuar como purgantes. Los dueños me echaron y, aunque presumían de religiosos, nunca me dieron un bocadillo. ¡Qué hambre pasé! Cogía hasta lo que tiraban las fruterías Resulta lógico que el adolescente quisiera vivir de otra manera pero desechaba el camino que su familia le mostraba y que no era otro que el de la sastrería. Decidió iniciarse, por fin, en el baile y con no pocas angustias monetarias entró en la Academia Pericet ajustando el precio en 15 pesetas semanales. Por allí pasaron famosos como Carmen Sevilla, con la que luego trabajó en La Revoltosa en un papel pensado para Vicente Escudero que en un arranque de endiosamiento dio una de sus espantás Acepta con absoluta normalidad no haber alcanzado la grandiosa cúpula que adornan nombres inmortales. ¿La causa de no estar entre ellos? Quizá me faltaron oportunidades y estudios. Cuando el marqués de Cuevas me vio bailar en el Fontalva las danzas de Granados quiso que me formara en su compañía, pero yo necesitaba ganar dinero para mi familia. Pude, sin embargo, aprender muchísimo con Marifé y Alberto Torres, que bailó con La Argentina. Tampoco cobré, pero en