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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE NUESTROS CORRESPONSALES Roma Buenos Aires México Bruselas París San Cristóbal hace horas extra Aquí la gente conduce mal porque no les enseñan. No hay autoescuelas, la licencia se compra por 30 euros. Todo el mundo se sale con la suya: yo me cuelo, ese se me cuela... Y que viva el libre albedrío TEXTO: MANUEL M. CASCANTE FOTO: AP Rabat Nueva York Jerusalén Lisboa Y MÉXICO MANUEL M. CASCANTE Washington Berlín Atenas Londres Sao Paulo Pekín Viena o me temía que conducir un vehículo en México sería una pesadilla, pero no es para tanto. Aquí se maneja bastante mal, pero, como todo el mundo anda parejo en sus habilidades, casi ni se nota. Y los atascos tampoco son tan terribles como cabría pensar, pues existe una manera infalible de evitarlos: no salir de casa en hora punta. Es cierto que ir en coche por el Distrito Federal puede convertirse en una especie de Ruta Quetzal del asfalto. Los indicadores parece que han sido colocados por el enemigo: detrás de un árbol que impide su lectura, quince metros después del desvío que señalan... Incluso, en ocasiones, te encuentras con mensajes contradictorios (a la izquierda y a la derecha para alcanzar el mismo destino, por ejemplo) que sirven de acicate a la creatividad y son buen ejemplo del surrealismo que caracteriza a este país. La gente conduce mal, decía, principalmente porque nadie les enseña. Aquí no hay autoescuelas, y obtener la licencia no precisa de más que el preceptivo pago de impuestos (cuatrocientos y pico pesos, unos treinta euros. Cuando solicité la mía, nadie me preguntó si había conducido alguna vez o si sabía distinguir el volante del embrague: sólo se interesaron por si usaba lentes, y les dije que no. Eso sí, el carné es muy apañado y muy chulo, con tu foto, tu firma, tu huella dactilar... tran contra un puente... también es normal que las pipas (camiones cisterna) vuelquen en medio de la calzada provocando trancones kilométricos. Y no es extraño ver a niñatos de 15 años convertidos en Fernando Alonso con el potente carro de papá. Otra ventaja de la circulación rodada en esta capital es que nadie respeta las señales, tampoco a los guardias, con lo que, los unos por los otros, todo el mundo acaba saliéndose con la suya: yo me cuelo, ése se me cuela, aquél se salta un semáforo, ahora me lo salto yo... Y que viva el libre albedrío. El gobierno municipal ha intentado mejorar la situación con planes como el hoy no circula (un día a la semana los coches han de quedarse en el garaje para reducir la contaminación) los controles de alcoholemia (aunque después tuvieran que instalarse otros controles para verificar si los propios policías a su cuidado también iban cargados de copas, y esto no es un chiste) En septiembre entrará en vigor una nueva normativa para todo el Valle de México que prohíbe las pantallas de televisión en los tableros de los vehículos, el uso de teléfonos celulares, la utilización de antirradares o circular con más de 0,8 miligramos de alcohol por litro de sangre. También se establecerá un sistema de puntos por el que los automovilistas del área metropolitana perderán su licencia por tres años si acumulan doce puntos de infracciones, de los cuales pueden sumarse seis si no se lleva puesto el cinturón seguridad. Aunque yo, conociendo el fervor católico de los mexicanos, casi prefiero confiar en la nueva directriz del Vaticano, que considera pecado ser un cafre al volante. Pero tengo serías dudas de que el automóvil deje de ser expresión de poder y dominio y ocasión de pecado (aquí no basta con tener un Ferrari: tiene que ser amarillo canario, para que cante más) Tengo dudas de que en esta urbe tan tensa se pueda ser caritativo o de que en la carretera se tutele al más débil cuando lo normal es gritarle Apártate, pinche naco jodido paleto en español de España) A San Cristóbal le esperan horas extras, me temo. Con ayuda del Vaticano Cuando se la pegan... Estocolmo Esa falta de aptitudes viales hace que los conductores no aprieten demasiado el acelerador, por lo que los accidentes no suelen ser terribles. Ahora, cuando se la pegan, se la pegan a conciencia: saltan varios carriles de un cinturón de circunvalación, se empo- El atasco como calvario cotidiano en la selva automovilística mexicana