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24 6 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Au revoir François Cómo la política aniquila el amor POR JUAN PEDRO QUIÑONERO. PARÍS A la vez que sospechaba infidelidades en su compañero, Ségolène Royal descubría que tenía más posibilidades que él de ser presidenta. Así comenzó este shakespeareano drama de ambiciones y despecho a orquestación publicitaria de la separación de Ségolène Royal, candidata socialista a la presidencia, y su compañero y padre de sus hijos, François Hollande, primer secretario del PS, culmina dos largos años de rumores, desavenencias, traiciones conyugales, escándalos sofocados, aventuras carnales no siempre sentimentales, y feroces rivalidades íntimas de una pareja de hecho, que él definía como: Una pareja, dos libertades Ségolène y Hollande se conocieron en la Escuela Nacional de Administración (ENA) a finales de los 70. Ségolène tuvo algunos novios de paso, pero la ambición política la unía ya entonces a François comenta una antigua condiscípula. Por aquellos años, Hollande era joven brillante y ambicioso, con un arma estratégica para seducir: el humor. La pareja comenzó a hacer política a dúo, en 1980, entrando como negros (redactores de notas confidenciales) de Jacques Attalli, consejero personal de François Mitterrand, que los llevó consigo al Elíseo, tras la victoria de la izquierda. Ségolène y Hollande compartieron vida y tuvieron hijos antes de unirse, mucho más tarde, a través de la ley de parejas de hecho, que tiene una virtud política y fiscal evidente: permite construir un discreto patrimonio pagando menos impuestos. El patrimonio de la pareja Ségolène- Hollande se gestiona a través de una sociedad civil inmobiliaria, otro eficaz recurso fiscal. Ambiciosos, Ségolène y Hollande fueron fieles a los sucesivos equipos directivos del PS, hasta instalarse ambos en la cúspide de la burocracia del partido. Ellos fueron la primera pareja de la izquierda francesa en hacer política espectáculo la llegada de cada hijo (hubo cuatro) fue orques- L tada publicitariamente a través de Paris Match Cada función política y gubernamental fue acompañada de sesiones fotográficas: Una pareja que trepa unida decía François Thibaut. Instalado él como primer secretario del PS, y convertida ella en presidenta de la región PoitouCharantes (2004) las ambiciones precipitaron los primeros choques. Entonces se puso en marcha la carrera de dos trenes a toda velocidad, condenados a enfrentarse afirma un antiguo abogado de la familia. ¿Has leído los sondeos? preguntaba Ségolène a una amiga íntima, esposa hoy de un secretario de Estado de Nicolas Sarkozy, que agrega: Ségolène descubría, maravillada, que ella podía a ser presidenta de la República, tenía todos los sondeos a su favor Sin embargo, François también soñaba con ser candidato a la presidencia. Él era diputado por la lejana Corrèze, ella presidenta de Poitou- Charantes. La ambición política los alejaba del lecho conyugal. El uno y la otra vivían rodeados de consejeros de comunicación y periodistas, utilizados para transmitir la buena nueva política del día. Los cabildeos de Ségolène y Hollande comenzaron a ser discretamente divergentes. La antigua zapatera (fórmula en homenaje a nuestro ZP, a quien admira) recién elegida presidenta de Poitou- Charantes se transformó en zapa- terror perseguida judicialmente por una asistente parlamentaria. El primer secretario del PS se consideraba llamado a escalar los más altos puestos de la jerarquía del Estado. Ella se apoyaba en los jóvenes lobos socialistas. Uno de ellos, Arnaud de Montebourg, terminaría confesando: El peor enemigo de Ségolène es su compañero Los rumores sobre los amantes y las amantes de la pareja corrían de manera vertiginosa. ¿Quién hacía circular tales rumores. Desde finales de 2005, los asesores de comunicación de la pareja destilaban pequeñas frases asesinas. El romance más legendario atribuido a Ségolène fue el de una supuesta aventura con un antiguo presidente de una gran empresa automovilística nacional. Los romances atribuidos a Hollande eran menos novelescos y más fáciles de verificar. Quienes han cubierto la actividad parlamentaria y alguna de las últimas campañas electorales recordarán a François Hollande rodeado de jóvenes periodistas, rubias, morenas, castañas, delgadas, gruesas, solteras, casadas, contando chistes y destilando interesadas confesiones políticas. Hoy se sabe que Ségolène comenzó a sospechar las infidelidades de Hollande a finales de 2005. Sospechas bien fundadas y confirmadas por ella misma: el joven papá brillante, fotografiado para Paris Match haciendo vida hogareña, parecía haberse convertido en el menos joven dirigente político, predador carnal, dispuesto a embarcarse en tórridas aventuras con alguna redactora del mismo semanario. Con año y medio de retraso, Claude Bartolone, dirigente socialista, viejo amigo de la familia, lo reconoce con franqueza: En el partido no se hablaba de otra cosa. Pero todos callábamos. Las desavenencias entre Ségolène y Hollande eran como el Triángulo de las Bermudas. Todo el mundo temía perderse en la oscuridad impenetrable de ese agujero negro Nadie desconocía que la pareja había entrado en una zona de graves enfrentamientos conyugales. Pero nadie hablaba. Todos callaban. Ella podía llegar a ser presidenta. Él era primer secretario del PS. Mejor callar que correr el riesgo de enfrentarse a una pare- Rubias, morenas y castañas Ségolène comenzó a sospechar las infidelidades de Hollande a finales de 2005. Sospechas bien fundadas de quien se había convertido en un predador carnal El socialismo francés se había entregado en pleno a las inmensas ambiciones de una pareja enfrentada, a primera sangre política, en el lecho conyugal