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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Laporta entró en el Barça con una mano dura que ahora se echa en falta YOLANDA CARDO Ruiz de Lopera, convertido en prófugo del beticismo FELIPE GUZMÁN Famosos y polémicos Un político en el palco del Camp Nou Joan Laporta, abogado de profesión, transmite su ideario de patriota catalán desde la poltrona del Barça POR ENRIQUE YUNTA Lopera: para qué los yates y acapulcos La fortuna de Manuel Ruiz de Lopera es inescrutable y su vida pura leyenda... ¿o habría que decirlo a la inversa? POR GERARDO TORRES I nsiste en que no tiene ningún interés en hacer carrera política, pero sus actos y su verborrea le delatan. Joan Laporta Estruch (Barcelona, 29 de junio de 1962) es un hombre comprometido con la causa, con la lucha por construir el ideario de la nación catalana que él propaga a través del Fútbol Club Barcelona, nombre que utiliza para demostrar su incondicional devoción a Cataluña y a su cultura. Él mismo se define como un patriota Casado con Constanza Echevarría y padre de tres hijos, aterrizó Laporta en el Barcelona después de que la entidad atravesara una auténtica travesía del desierto, en la que él encarnaba la oposición más revolucionaria. Sin brújula después de que el ínclito Joan Gaspart le hiciera perder el rumbo, Laporta entró con mano dura en el club- -la misma que le falta ahora- -y utilizó todo su intelecto para recuperar la senda de antaño. Licenciado en Derecho por la Universidad de Barcelona, formó un grupo con jóvenes empresarios- -conocido como los chicos powerpoint -y se puso el mono de trabajo para rescatar al Barça de las tinieblas. Su bagaje en la parcela deportiva es el principal aval del amigo Jan, como le llaman en la intimidad. Renovado su mandato hace justamente un año- -abogado él, no supo interpretar los estatutos del club- Laporta vive empeñado en llevar a cabo el lema más que un club con campañas solidarias en colaboración con Unicef o reivindicando el uso del catalán por contrato en todo aquel que vista la camiseta del club. En una nube durante los dos últimos años, su círculo virtuoso, estancado en la autocomplacencia, necesita un impulso para seguir rodando. Kennedy -así le bautizaron- -no reparará en gastos por volver a la senda ganadora. rimero fue un mecenas, después se le aceptó como mesías autoproclamado y al cabo de los años se ha convertido en un presunto bandido, en un prófugo del beticismo que vive acorralado en la casa que ordenó construir como avanzadilla de su incipiente imperio en el barrio obrero en el que nació el 13 de agosto de 1943. Al fin y al cabo él siempre ha sido él, Manuel Ruiz de Lopera, algo más que un animal de costumbres, una rutina en sí mismo, pero sorprendente por inesperado cuando decide, y un misterio absoluto del que apenas se sabe algo hoy que no se supiera hace quince años, cuando desembarcó en el Betis. En esa opacidad suya en la que ayer se presumía una voluntad pétrea de preservar una privacidad inviolable, hoy se adivina la nada. Hay un agujero negro en la vida de este hombre casado (sin hijos) del que en realidad nadie co- P noce algo más que el resto. Yo no soy un hombre de yates, ni un hombre de acapulcos sino que me gusta trabajar veinte horas al día y llevar mis empresas a mi manera le dijo a un periodista que quiso saber sobre sus aficiones. ¿Y qué empresas son esas? Hay nombres (Tegasa, Farusa, Encadesa, Incecosa... pero nadie puede explicar a qué se dedican, ni se pueden determinar sus ingresos, ni cuantificar sus empleados. De Manuel Ruiz de Lopera sólo se puede decir a ciencia cierta que se dedica a ellas desde un lúgubre rincón de esa casa forrada de azulejo y pan de oro en la que tiene su piscina, dos salas de teatro y nueve perros danzando como vacas por la India. Es un Ebenezer Scrooge al que quizá nunca le visite el fantasma del futuro para que pueda comprender que el Maquiavelo que lleva dentro tiene que morir antes que él. Por su reconocimiento póstumo.