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D 7 17 6 07 A esta mujer pelirroja, menuda y de una amabilidad extrema, su primera novela le ha cambiado la vida. El cuento número trece un texto de intriga que incide en la mentira, la incomunicación y la pérdida, ha convertido a Diane Setterfield (1964) en una de las autoras del año tras sus ventas millonarias en Estados Unidos, Inglaterra y, también, en España. Hoy, esta profesora de Literatura francesa y lectora apasionada, reflexiona sobre la creación y al popularidad GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 32 D 7 LOS DOMINGOS DE Diane Setterfield ESCRITORA Leer, a veces, puede ser peligroso ISABEL GUTIÉRREZ- ¿Cómo se encaja un éxito vertiginoso con una primera obra literaria? -Al principio, estaba desconcertada y nerviosa. Hasta que tomé la decisión de digerir la popularidad adaptándome poco a poco a mi nueva vida. He tenido suerte, porque, de hecho, mi vida privada no es muy diferente de la que llevaba antes. Habito la misma casa, mi familia me trata exactamente igual que siempre, los amigos son los mismos y aunque se mostraron alterados durante un par de semanas, ahora se comportan como de costumbre... Cada día conozco a nuevas personas, pero cuando regreso a casa, ¡todo es normal! -Cuentan que usted es una lectora apasionada. ¿Ha sustituido el entusiasmo de leer por el sufrimiento de escribir? -Escribir es un trabajo, el mejor que posiblemente yo pueda tener, pero sólo eso. Leer es puro placer. Cuando supe que El cuento número trece iba a darme una seguridad monetaria, una parte de mí se dijo: ¡Oh, bien! Ya no tengo que trabajar más. Ya puedo quedarme en casa y leer para el resto de mi vida Aunque, ¿sabe? leer a veces puede ser peligroso. ¿En qué sentido? -Sí, leer es mi gran placer, pero tengo que protegerme a mí misma de mi propio deseo de hacerlo en todo momento. Una vida dedicada en exclusiva a la lectura no es una vida sana. ¿Y cómo se debe introducir a un niño en la lectura, guiándole o dejándole a su aire? -Todos los niños aman las historias y para que mantengan esa pasión de adultos, necesitan libertad y autonomía. Si la lectura se realiza bajo el control de otro, desaparece su efecto placentero. Es un acto que debe realizarse en completa libertad. ¿Y usted siempre disfrutó de esa libertad? -Mis padres leían mucho, aunque no eran unos lectores educados: me animaban y me daban tantos libros como podían sin pensar en si eran los adecuados para mi edad. Yo era libre para elegir, así que me sumergí en El fino hilo del pasado Todos tenemos una conexión con la infancia que aparentemente hemos perdido con el paso de los años, pero que está presente a través de ciertos sentimientos. Todas esas experiencias, de las que ya no nos acordamos, nos forman como seres humanos. Están escritas en nuestros huesos, aunque conscientemente no tengamos recuerdos de ello. Está olvidado, pero no perdido. Y eso me fascina DANIEL G. LOPEZ obras que ni comprendía. Por ejemplo, Dostoievski cuando tenía 11 años. El cuento número trece evidencia que la familia es un campo abonado para los secretos, los problemas sin resolver, los desencuentros... -Sospecho que apenas hay familias sin secretos. Cada niño, durante su crecimiento, cree que la suya es una existencia normal. Pero probablemente algún día ese niño descubrirá algo que le inquiete. Las familias están formadas por seres humanos y cuando interactúan, surgen conflictos. -La soledad y la incomunicación, ¿le resultan atractivas? -Me interesan quienes intentan superar un trauma y las diferentes maneras que eligen para sobrevivir. Me interesan las pérdidas. Y creo que la soledad, muchas veces, viene por la autorrepresión que desata toda pérdida. -Articular las voces de los personajes que tiene en su cabeza, ¿de qué manera le afecta? -Como escritora, establezco relaciones bastante estrechas con los personajes. Le confieso que, durante un tiempo, incluso odié a la protagonista de El cuento número trece por su reticencia, por su afán de ser invisible, por querer estar de espaldas al mundo... Hay personajes que me parecen detestables, otros inquietantes y a otros les adoro. -Necesitará tener la cabeza muy bien ordenada... -La verdad es que siento muchísima curiosidad por saber qué tienen otros autores en su cerebro mientras están escribiendo... ¿Es usted disciplinada? -Soy bastante lenta. Durante años trabajaba de lunes a viernes, pero el miércoles siempre caía en la desesperación, pensaba que lo que había escrito los dos días anteriores era una basura y que debía empezar de nuevo. Me ha costado años darme cuenta de que el miércoles es un día de descanso. -Dado que su libro es un bestseller y que ese término, en muchas ocasiones, tiene connotaciones negativas, ¿le parece justo que sea así? -No le voy a contestar como autora, sino como lectora: durante mucho tiempo no leía libros recién salidos al mercado, sino que me esperaba tres, cuatro o cinco años para hacerlo. Entiendo que haya gente que se niegue a leer una obra cuando todo el mundo la está leyendo y comentando. Ahora bien, espero que cuando alguien tome un libro, se olvide de las opiniones de los demás, del librero, de las críticas de los periódicos... Si funciona un libro no es por lo que otros te cuenten, sino porque tras leer sus primeras páginas, te olvidas de todo, y entras en una experiencia íntima entre el narrador y tú.