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17 6 07 VIAJES Cuenta la fábula que un gigantesco dragón que quiso regresar al mar se abrió paso con su enorme cola que abrió abruptos surcos en la costa En la mágica bahía de Halong Se diría que entre los miles de islotes que rocosos que erizan la costa habita un genio con poder sobre las fuerzas de la naturaleza. Tal vez el dragón de la leyenda TEXTO Y FOTOS: FRANCISCO LÓPEZ SEIVANE Vietnam P ara cruzar el río Rojo ya no se utiliza el famoso puente de hierro de Long Bien, de 1.682 metros de longitud, que diseñara el ingeniero francés Eiffel- -sí, el mismo que levantó la torre de París- -cuando agonizaba el siglo XIX. Durante la última guerra de Vietnam fue considerado objetivo estratégico por los norteamericanos y bombardeado en repetidas ocasiones. Aunque de una u otra manera, el ejército del vietcong siempre se las arregló para recomponerlo. Hasta que optaron por hacer trabajar en él a prisioneros de guerra norteame- ricanos y los bombardeos cesaron de inmediato. En la actualidad, el uso del largo puente está restringido a peatones y vehículos sin motor, así que no queda otra opción para llegar a la costa que atravesar el nuevo puente de Chuong Duong, unos seiscientos metros río abajo. Más allá se encuentra Halong, uno de los lugares más mágicos que jamás he visitado. Durante el día, su belleza se diluye en el trajín de los barcos cargados de turistas, pero al anochecer un cielo púrpura engalana las infinitas crestas que emergen por doquier. La belleza es entonces en magia. El horizonte, perfilado de sombras, no es más que el marco de un espectáculo inenarrable. No se escucha el crujir de una sola jarcia en las noches de Halong en las que la brisa amaina, la calma se apodera del ambiente y la inmovilidad de las aguas más quietas del mundo nos lleva a pensar que estamos en un abrigado lago antes que en el Mar de China. Pero describir un paisaje es el peor pecado de un escritor; siempre queda cursi y pretencioso. En las noches de la bahía de Halong, la belleza no está tanto en lo que