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17 6 07 VIAJES Una Pica en Flandes TEXTO Y FOTOS: FERNANDO MARTÍNEZ LAÍNEZ. ESCRITOR El camino español Ésta era la ruta que seguían los tercios de Flandes para ir a la guerra a través de media Europa. Una increíble hazaña logística y militar E n los siglos XVI y XVII, España se vio envuelta en una terrible guerra en los Países Bajos en la que se jugó la mayor parte de su poderío económico, político y militar. Una guerra larga, demasiado larga, que se tragó incontables recursos y ejércitos enteros, y que nos parece sin sentido si se pierde de vista el contexto europeo de ese tiempo, y el papel de gran potencia que desempeñaba la Monarquía Católica de los Habsburgo. La revuelta holandesa duró más tiempo que cualquier otro levantamiento en la historia europea. Se prolongó desde que los protestantes desataron en 1556 su furia iconoclasta, con incendios y saqueos de iglesias y conventos, hasta la paz de Westfalia, en 1648. Sus costos económicos, sociales y militares arruinaron a España y cambiaron la suerte del Viejo Continente. Sería un error considerar la guerra de Flandes como el enfrentamiento entre David y el Goliat de la poderosa Monarquía hispana. Los rebeldes no estaban, ni mucho menos, solos ni desprotegi- Un rincón de la ciudad de Besançon dos. En realidad, era el combate de España, ayudada a veces por Austria, contra toda la Europa protestante más Francia y en ocasiones Saboya. Eso sin contar al Imperio Turco, que desde el sur de Europa y el Mediterráneo convertía el tránsito por ese mar en un peligro constante. El problema principal al que se enfrentaba España era hacer llegar sus aguerridos tercios a Flandes, toda vez que la vía marítima por el Golfo de Vizcaya y el Canal de La Mancha estaba casi siempre descartada por las acciones corsarias de los hugonotes, la enemistad de Inglaterra y las correrías de los mendigos del mar y la flota holandesa. Pero si los soldados no podían ir por mar hasta Flandes, deberían hacerlo por tierra, atravesando Europa de sur a norte desde España o los dominios de Nápoles y Sicilia. Lo que se conoce como Camino Español es en realidad un haz de itinerarios ramificados, un conjunto de vías que integran tres grandes rutas por las que discurrían los derroteros de las tropas. Cualquiera de estas rutas empezaba en Milán, la mayor plaza de Armas de Europa, una vez desembarcados en Génova y otros puertos de Liguria los soldados que habían embarcado en Barcelona, Valencia, Denia o Cartagena. La primera de ellas cruzaba Europa desde Lombardía hasta las brumosas tierras de Flandes pasando por el Milanesado, Saboya- Piamonte, el Franco- Condado borgoñón, Alsacia, Lorena, Thionville, Luxemburgo y el obispadoprincipado de Lieja, hasta alcanzar la ciudad- fortaleza de Namur y Bruselas, sede del gobierno español de los Países Bajos. Esa era la ruta principal, pero cuando los franceses la cortaron fue necesario recurrir a dos itinerarios alternativos. Uno de estos, bordeando la ribera oeste del lago de Como, se internaba en el valle de la Valtelina siguiendo el curso del río Adda, por las regiones alpinas de Sondrio, Tirano, el Tirol y el sur de Alemania. Luego atravesaba el Rin cerca de Estrasburgo y retomaba la ruta principal en Alsacia. Aún existió una tercera ruta, poco utilizada, que- -contando con la buena voluntad y dinero suficiente para pagar a los cantones católicos- -se adentraba en Suiza por Belinzona o el desfiladero del Simplón, y desde allí seguía por Baden y el San Gotardo hasta cruzar el Rin en Waldshut. Para el viajero que hoy quiera recorrer el itinerario principal del Camino, lo indicado sería iniciar el periplo en Milán, donde resulta imprescindible la visita de-