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17 6 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Michael Seed Le llaman el Gran Conversor por los muchos personajes que ha ganado para la fe católica. Ha dado misa en Downing Street. Es una celebridad, pero a sus espaldas arrastra una vida plagada de desdichas TEXTO: ELIZABETH GRICE FOTO: MARTIN POPE El fraile que acercó a Blair al catolicismo l padre Michael Seed a veces se arrepiente de haber publicado su último libro, Hijo de Nadie Un truculento relato sobre cómo su padre le infligió golpes, quemaduras y abusos desde que tenía unos tres años, y sobre cómo su madre drogadicta, también maltratada, se lanzó al tren para acabar con su sufrimiento, dejándole a los ocho años en manos de su padre. Es, por tanto, una gráfica aportación más al popular género de literatura de desgracias en la que el autor relata su triunfo sobre un trauma personal, pero esta vez la obra proviene de un fraile franciscano que se ha convertido en el capellán católico no oficial de la Cámara de los Comunes, un hombre al que se atribuyen tantas conversiones que no habría incensarios suficientes para su obra. ¿Que si soy feliz? pregunta con aspecto preocupado. No Tiene las mejillas rosadas y las emociones, como el pelo, alborotadas. El libro es muy básico y brutal, y yo mismo odio su contenido. Pero, lo crea o no, he moderado el tono Aun así, su amiga Ann Widdecombe, la parlamentaria a la que acogió en la Iglesia en 1993, se quedó impresionada. ¡Pero, Michael, en serio! dicen que exclamó al llegar a la página 74. ¿Es necesario? En esa página, el niño de ocho años conoce la modalidad de abuso sexual que su padre bautizó como ordeñar un proceso descrito muy hábilmente, pero de forma exhaustiva, en el lenguaje de un niño aterrorizado. Creo que tildó el libro de pornográfico de una manera muy afectuosa El padre Michael es un hombre encantador. Tien 50 años, pero todavía parece el niño que llegó el último en la carrera de sacos. Es sencillo entender la facilidad con la E que su encanto de voz suave y falsa ingenuidad incita a los grandes, a los buenos y a los no tan buenos a abrirse a él. Dicen que, aunque le cuenten las cosas más espeluznantes, a él no se le mueve ni un pelo. Si intentan pasear por una pequeña calle con él, les llevará media hora, porque hay mucha gente que se detiene a saludarle, desde ricos empresarios hasta vagabundos. Se le conoce como el Gran Conversor, un pescador de almas y un prolífico recaudador para buenas causas. Le he visto después de haber bebido demasiado vino blanco en el Soho cuenta un amigo suyo. Y he visto su lado profundamente espiritual. Se preocupa de verdad. Es un tipo extraordinario. Una vez, una fiesta que celebré en mi jardín atrajo la atención de unos defensores de la reducción del ruido. Michael les cautivó- -creían que llevaba un disfraz- se rindieron y se marcharon Le da vergüenza que le llamen el sacerdote de los famosos Sólo tiene que estrechar la mano a alguien como Heather Mills McCartney para que los periódicos den por hecho que está a punto de atar la cabellera de otro converso al cordón blanco de su hábito. Pero siente una atracción fatal por los políticos y las estrellas. Cuando veo el titular de sacerdote de las estrellas me aterroriza salir a la calle No es ningún secreto que ha oficiado misa en el número 10 de Downing Street para los Blair, pero en lo relativo a las inclinaciones religiosas del primer ministro, el padre Seed mantiene un silencio tan profundo y confidencial co- mo el de un médico con su paciente. Ocurrió lo mismo cuando se rumoreaba que había convertido al parlamentario Alan Clark en su lecho de muerte. El difunto cardenal Basil Hume comentaba de él: Si no existiera, habría que inventarlo. Todas las catedrales deberían tener a un padre Seed La divertida tolerancia de Hume se resumió un día en que el padre Seed, desesperado porque un político laborista atrozmente borracho le había llamado repetidas veces en mitad de la noche, grabó una de las peroratas nocturnas y se la llevó a su jefe con la esperanza de recibir algún consejo. Michael le dijo el cardenal. La verdad es que tiene usted una vida interesante Lo asombroso del padre Seed es que sobreviviera a su espantosa infancia. Su padre, Joe, era celador de la cárcel de Strangeways y empleaba generosamente su bastón negro en casa, sobre todo cuando estaba ebrio. Su primer recuerdo es el de haber sido empujado contra las rejillas incandescentes de la chimenea y quedar marcado por las barras cuando tenía cuatro años. A los cinco, se convirtió en el esclavo sexual de su padre. La mayor parte del tiempo estaba hambriento porque nadie cocinaba ni compraba comida. Su madre se suicidó saltando delante de un tren. Seed lo supo en el patio del colegio, en Bolton, por un grupo de niños de ocho años que le atormentaron con palabras como picadillo destrozada y cubos de sangre Fue el comienzo de mi crucifixión Cuando quería morir Su encanto de voz suave y falsa ingenuidad incita a los grandes a confiarse con él. Dicen que aunque le cuenten las cosas más espeluznantes a él no se le mueve ni un pelo La noche de su muerte su padre solicitó los servicios sexuales de rigor. Sabía que aquello era la personificación del mal, algo completamente inhumano comenta. Después de la muerte de mi madre, me abstraje por completo. Me convertí en un zombi Demasiado traumatizado para aprender (padece una grave dislexia) le trasladaron a una escuela para niños inadaptados, pero fue casi igual de perjudicial. Su abuela materna le ofreció algún que otro atisbo de afecto, pero sufrió las crueles maquinaciones de la madre de su padre, que le pegaba y ridiculizaba. Se pasó lo que debería haber sido su infancia queriendo morir. Dice que comprende la atracción natural del suicidio. Es algo que siempre me acompaña. No se cura. Tienes que vivir con ello a diario. Como con Alcohólicos Anónimos, tienes que concentrarte cada día y cada hora Cuando tenía 16 años supo que una chica irlandesa de esa misma edad le había dado en adopción y que Joe y Lilian Seed no eran sus verdaderos padres. Era,