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10- 11 D 7 LOS DOMINGOS DE Nada fue un obstáculo para la Cuadrilla Mágica que construyeron desde falsos camiones, a la izquierda, hasta falsos tanques como este armazón de Sherman antes de ser montado lo, y el bigote lo llevaba siempre pulcramente recortado y cepillado. Sus profundos ojos verdes y los hoyuelos que se le formaban al reírse, combinados con otro que tenía en la barbilla, hacían de él un digno rival de la bravuconería de los ídolos de las matinés Pero no se engañen, también en esto la apariencia les puede jugar una mala pasada: este inglés con trazas de galán de cine- -en donde, por cierto, también hizo sus pinitos- -fue hombre de una sola mujer, su inseparable Mary, su amante esposa, su indispensable ayudante y su confidente. Su separación por la guerra le procuró uno de los tragos más amargos de su vida. Cuando Bélgica cayó bajo los nazis y se consumó el desastre de Dunkerque, Maskelyne era demasiado viejo y con algún problema de movilidad para marchar a las trincheras (tenía 37 años) pero estaba sin embargo irreductiblemente decidido a contribuir a la victoria aliad. Tras ser rechazado en varias ocasiones por la oficina de alistamiento, consiguió a principios del verano de 1940 que H. Hendley Lenton, un bien situado amigo de la familia, lograra acceder a Sir Winston Churchill y contarle por escrito la sugerencia del mago: He tenido conversaciones con The Maskelyne -nombre de guerra del artista en los escenarios- -y me ha convencido de que hay grandes posibilidades (él dice certezas) de que algunos de sus trucos se conviertan en activos muy valiosos en las presentes circunstancias bélicas y en particular contra los ataques aéreos Con esta introducción, Jasper Maskelyne accedió al profesor Frederick Alexander Lindemann, asesor para asuntos científicos del primer ministro británico, al que expuso sus proyectos que incluían toda clase de efectos especiales sobre el campo de batalla: crear cañones donde no los haya, colocar ejércitos fantasmas o hacer invisibles a los acorazados, incluso puedo proyectar en el cielo una imagen de Hitler sentado en el váter a miles de pies de altura Después de semejante proposición, ¿quién se podía resistir a un atrevimiento como ése cuando además no había nada que perder? Estaba decidido, Maskelyne serviría en la guerra. Con el visto bueno de Churchill Un poco de sugestión, algo de conocimiento de la naturaleza humana y el uso de las bases elementales de los principios científicos proporcionaron al mago el sustento de su arte, bastante similar al que utiliza la pericia del camuflaje militar. Pertrechado de todo ello logró que se vieran nidos de ametralladoras donde sólo había láminas de madera cubiertas con hierba y suciedad, que un acorazado de juguete y unos espejos resucitaran el fantasma del Graf Spee surcando el Támesis... Déme cartulina y pegamento suficiente- -había dicho a su general- -y construiré un ejército para usted Y ocasiones no le faltaron. Enviado a Oriente Medio donde la escasez de hombres y material era dramática hubo de sostener un duelo mágico con un imán que amenazó con iniciar la jihad si las tropas británicas utilizaban una vía de escape que atravesara Palestina, Transjordania, Siria y Turquía. Pasada esta primera prueba de fuego, logró el mando de una sección experimental de camuflaje y con esa Cuadrilla Mágica, formada por un catedrático de Oxford (experto en el camuflaje de animales) un oportunista, un carpintero, un dibujante pacifista, un artista de cierto prestigio y un soldado regular que conocía El Cairo con la misma soltura que los procedimientos militares, obligó al enemigo a gastar recursos fundamentales atacando blancos ilusorios. Esconder de la Luftwaffe (aviación alemana) y con ella de los ojos del mariscal Rommel el puerto de Alejandría fue una de sus mayores proezas. El zorro del desierto sabía que los aliados necesitaban mantenerlo abierto desesperadamente para acceder a los suministros y eso le convirtió en un objetivo estratégico. Para Maskelyne, que había hecho desaparecer hasta elefantes, hacer invisible un puerto entero era un desafío excitante. Debía ocultarlo todo. Y para ello, el prestidigitador armó el señuelo: haría creer a los Maskelyne, amén de usar la magia en el frente, entretuvo con ella a la tropa alemanes que Alejandría era la bahía de Maryut a una milla costa abajo. Todo lo que tenemos que hacer- -así cuenta Fischer la explicación que dio el mago de su magistral actuación- -es colocar una red de luces y estructuras terrestres parecidas a las de Alejandría en Maryut. Cuando sepamos que Jerry -el enemigo- -está en camino, apagamos las luces del puerto verdadero, y accionamos algunos de los explosivos que hemos colocado. El fuego los atraerá como abejas a la miel Luego sólo tuvieron que poner escombro en el objetivo real y algunos cráteres de cartón piedra para que los equipos de inspección constataran sus destrozos Cuenta que durante gran parte de la guerra el general Rommel creyó que sus aviones habían destruido Alejandría y nunca pudo explicarse cómo fue tan rápidamente reconstruida. Al Zorro del Desierto y a su Afrika Korps por fin alguien les había tomado algo más que el pelo. Tampoco anduvo parco de ideas para la supervivencia en el mar y Maskelyne camufló barcos de guerra británicos hasta hacerlos pasar por aguas infestadas de submarinos alemanes como inofensivos pesqueros egipcios. Y no perdió ocasión de sacar a escena viejos trucos familiares en el diseñó de equipos de espionaje y artilugios de escape para los pilotos aliados capturados. Se cuenta en El Mago de la Guerra cómo el periódico alemán Berliner Illustrierte Zeitung en una edición en francés, informó de que los británicos se han dado cuenta de que su situación es desesperada y han contratado a un famoso mago, Jasper Maskelyne, ¡para intentar asustar al Africa Korps! y que el Führer había dicho a Rommel que el ejército alemán no necesita a un Maskelyne para hacer que el ejército británico desaparezca Poco después se gestaba la máxima hazaña del ilusionista cuando en 1942 logró convencer a las fuerzas de Rommel de que el VIII Regimiento Británico estaba al sur del desierto egipcio, donde al mariscal le hicieron ver un gran número de aviones, tanques, cañones y soldados, sólo pura utilería, mientras el general Montgomery avanzaba por el norte con todas las tropas disponibles. Con la victoria de El Alamein, que empezó en ese falso escenario sur, se esfumó el sueño de los alemanes de hacerse con Egipto y con el petróleo de Oriente Medio. Pero la historia del mago que engañó a las tropas de Hitler se consumió en otro ramalazo de ingratitud y el Ejército al que tantas satisfacciones había dado pronto olvidó a su estrella, que murió a los 71 años en una granja de Kenia, pobre y retirada de los espectáculos de magia a los que hubo de volver tras abandonar el campo de batalla. Se escribía así el fin de una historia, entre la leyenda y la verdad histórica, de la que sólo se conocerá sus auténticos recovecos, y el intríngulis de sus trucos, cuando en 2046 se desclasifiquen por el gobierno británico todos sus secretos. Más listo que El Zorro Acorazados como pesqueros Colocó una red de luces y estructuras terrestres en la vecina Maryut y dejó a oscuras el puerto de Alejandría haciendo creer a los alemanes que lograban su objetivo