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4- 5 D 7 LOS DOMINGOS DE Dopaos con leche dicen este aficionado y su hija al pelotón del Tour en la etapa que finalizó en Estrasburgo el año pasado EPA ESCUELA DE CINISMO El autor destaca que en vez de haber realizado una catarsis para ir a la raíz del problema, se ha procedido a una caza de brujas donde los principales perjudicados han sido los ciclistas n lo concerniente al tan manido, bochornoso y al parecer crónico tema del dopaje en el ciclismo, a mi humilde entender se sigue cayendo en un error que, por acumulación, está dejando herido de muerte ese deporte que tanto amamos. En vez de dar un auténtico golpe de Estado para modificar en esencia la situación, algo que sin duda habría resultado traumático pero subsanable con buena voluntad y algo de tiempo, lo que se ha venido haciendo es dar rienda suelta a un afán tan punitivo como purificador mediante episodios que recuerdan la tristemente famosa Noche de los Cuchillos Largos a saber, razias y más razias, mayormente dando palos de ciego, tras las que los grandes- -y me atrevería a decir que únicos- -perjudicados son los propios ciclistas. Así, estos bravos y admirados deportistas se han convertido, en apenas una década, en seres represaliados cíclicamente, lo cual es el motivo de todos los males. Para empezar, digamos que desde el inicio del siglo XX, cuando el ciclismo de alta competición se E Javier García Sánchez (autor de El Alpe d Huez Miguel Indurain, una pasión templada y K 2 convirtió en acontecimiento público, la práctica totalidad de ciclistas tomaron cosas Ese sería el concepto clave, en toda su ambigüedad: tomaron cosas ¿Qué cosas Diversas cosas que fueron cambiando con los años, pero cosas a fin de cuentas. De lo contrario, y éste es el otro aspecto fundamental del problema que aún hoy muchos se niegan a aceptar, hubiera sido literalmente imposible que los ciclistas realizaran su trabajo. Pero estaba tácitamente aceptado: no había otro remedio si lo que se quería era dar espectáculo. Se tomaban cosas no sólo en categoría de profesionales, sino en categorías inferiores. De hecho, sigue sucediendo así porque continúa inamovible el criterio de lo que debe ser el ciclismo de competición: concebir pruebas y recorridos muy, pero que muy por encima de las posibilidades físicas de ningún ser humano, incluidos los ciclistas. Ya lo dijo José Mauleón en el Tour del 95: Con cereales y espaguetis los ciclistas no podríamos andar como andamos El desaparecido José Manuel Fuen- te me lo confesó un día: en ciertas etapas del Giro con final en alto, las Dolomitas o los Alpes, podía verse la cuanto menos curiosa escena de que en la línea de salida, y una vez el grueso del pelotón se ponía en movimiento, toda la calle quedaba llena de jeringuillas y frascos de supuestos complejos vitamínicos basura que unos carabinieri recogían con escobas especiales ante la mirada tranquila del personal. Y allí estaban todos los grandes de la época: Merckx, Hinault, Moser, Gimondi, Ocaña, todos. O si no de qué habrían podido escalar las Tre Cime di Lavaredo, el Stelvio o Sestriere, dándose tralla de la buena después de una burrada de kilómetros y puertos. De qué. Y en esto que apareció la EPO, la odiada EPO. Se habló de casos de ciclistas belgas y holandeses, algunos muy jóvenes que habían enfermado e incluso muerto. Los políticos, viendo el filón, entraron a saco en el deporte, y se montó la Cruzada. Habían ido un siglo con cosas empujados por la propia dinámica de los acontecimientos, y de la noche a la maña- na se les dijo: A partir de ahora, únicamente cereales y espaguetis Y se creó esa nefasta imagen del ciclista delincuente. Yo mismo, seguidor acérrimo del ciclismo desde los años sesenta, no me di plena cuenta de la magnitud y absurdez del problema hasta el linchamiento de Marco Pantani en aquel Giro en el que fue descalificado tras ofrecer una de las mayores exhibiciones que se recuerdan. Pasó de héroe a villano en unas horas. Y Pantani, señores, dio una tasa de hematocrito de 51 por 100, mientas que Paolo Salvodelli, a la sazón segundo en la general y jornadas después vencedor del Giro, daba 49,8 por 100. A Pantani se le criminalizó y Salvodelli era un santo, aunque bien es sabido que el hematocrito varía según cada organismo y las circunstancias físicas concretas de cada corredor. La Santa Inquisición de la Salud en Deporte había triunfado. Pero, a diferencia de cuanto sucede en otros deportes, a los ciclistas se les persiguió y se les persigue con inusitada saña. Aún desconozco las causas. Pienso que la condición humana es así: necesita un judío sobre el que descargar la ira de tanto en tanto. Los ciclistas son el judío ideal Presionados, amenazados, acorralados desde su más temprana juventud, son a la postre seres incapaces de defenderse. Da igual que Zidane reconociese implícitamente haberse dopado, o que Cannavaro alardeara incluso de ello. Hubo una leve marejada y luego todo se calmó como por arte de magia. ¿Fue Juanito Muehlegg, tan aclamado y laureado, el único culpable en su affaire ¿Quién más debió haber caído con él, por qué se permitió que lo crucificasen de aquel modo tan vergonzoso? Ahora Riis- -sabia decisión confesar antes de que te fusilen- -cuenta todo, y Zabel... todos podrían hablar. ¿Por qué entonces no se quita el Tour a Riis con efecto retroactivo? Porque los que le seguían estaban más o menos en lo mismo. Y a Amstrong, que según L Equipe se dopó por lo menos en su primer Tour victorioso, ¿por qué no se le priva de algún Tour? Es más fácil ensañarse con un Roberto Heras- -y no digamos un Santi Pérez- lanzándolos directamente a la hoguera. Vidas rotas. Los inquisidores continúan en lo suyo, y si no veamos qué recorridos plantea el próximo Tour que, por supuesto, será demencial. Insisto en que hasta que no se reúnan todas las partes implicadas (políticos del deporte, jefes de equipos, sponsors médicos y representantes de los ciclistas sobre todo ellos) para rediseñar cómo podría ser el ciclismo del futuro sin cosas no cesará esta caza de brujas constante e indigna de la tradición de tan bello deporte.