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10 6 07 GENTE BEATRIZ CORTÁZAR Al punto Los médicos de Rocío Jurado Los Ocean patrios, quienes, por cierto, no deben de ser nada supersticiosos i una foto, ni una bata blanca acompañando a Rocío Jurado cada vez que entraba o salía del hospital Montepríncipe. Ni una entrevista. Ni tan siquiera una declaración. En plena era de las vanidades, donde todo el mundo busca su minuto de gloria, sorprende el impresionante silencio y saber estar del equipo médico que atendió a Rocío Jurado desde el fatídico día que le diagnosticaron un cáncer de páncreas. Ni entonces quisieron acaparar los micrófonos, ni ahora, a un año de su muerte y tras unos comentarios nada afortunados de su viudo Ortega Cano, han querido romper ese anonimato que todo profesional debe proteger cuando su fama se debe a su profesionalidad y no a sus posados ante las cámaras. Sólo los que estuvieron cerca de la más grande saben perfectamente lo que vivió la artista durante sus últimos meses. Rocío confiaba plenamente en el cirujano Emilio de Vicente, que fue quien le intervino de una larga y compleja operación para extirpar el tumor. Con la doctora Quijano y resto del equipo (anestesistas, intensivistas, enfermeras... este doctor, uno de los mejores del mundo en su especialidad, siempre estuvo cerca de su paciente quien, no obstante, decidió viajar a Houston. Fue en uno de sus desplazamientos cuando, tras una intervención para eliminar unas molestias, la salud de la artista se complicó. El resto de la historia se conoce a grandes trazos aunque la letra pequeña aún está por escribir. Pero ni antes ni después sus médicos de España quisieron salir a ABC N G 0O NZALO CRUZ Rocío Jurado, un año. La discreción sigue guiando, como manda la ética, la actuación de quienes fueron sus médicos aclarar nada, ni ahora van a hacerlo pese a esos comentarios que Ortega hizo ante las cámaras de Nieves Herrero criticando el hecho de que a Rocío la mandaran a su casa de La Moraleja cuando ya estaba muy malita. Cuando Rocío volvió de Houston ya todos sa- bían cuál era su destino. La medicina no podía hacer más y de ahí que a la familia se le comunicara que lo mejor era administrarle cuidados paliativos y trasladarla a su residencia donde siempre encontraría la paz y tranquilidad que uno anhela en esas situacio-