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10 6 07 VIAJES Füssen, pueblo con encanto, en la ruta de los castillos La sala Antiquarium, en la Residenz de Múnich, es una joya renacentista, restaurada tras los destrozos de la guerra Nunca le gustó Múnich. Pasaba el menor tiempo posible. Pero los palacios de la familia en la ciudad, Nymphenburg y la Residenz, sí merecen la visita de los turistas II se hizo construir una cueva artificial, bautizada como La gruta de Venus otra alegoría al universo Wagner: el escenario del monte del Venus en la ópera Tannhäuser. Una barca en forma de concha, un escenario donde sus amigos cantantes interpretaban fragmentos de sus obras favoritas, e iluminación eléctrica, una novedad en la Baviera de 1876. Ese era el sitio de su recreo, tan lejos de Múnich y del Gobierno. Luis de Baviera escucha Lohengrin escribió Luis Cernuda. Ni existe el mundo, ni la presencia humana Interrumpe el encanto de reinar en sueños. Pero, mañana, chambelán, consejero, ministro, Volverán con demandas estúpidas al rey: Que gobierne por fin, les oiga y les atienda. ¿Gobernar? ¿Quién gobierna en el mundo de los sueños? El último de sus proyectos, Herrenchiemsee, se construyó en una isla situada en el lago Chiemsee. Debe ser en cierto modo un templo de la gloria, donde quiero celebrar la memoria de Luis XIV escribió en el proyecto, otro retiro opulento que no pudo disfrutar (sólo vivió nueve días en su nuevo Versalles) y al que hoy llegan los turistas en barcos, con sus cámaras digitales dispuestas para almacenar unos jardines perfectos, las fuentes... Múnich está a 80 kilómetros, no muy lejos realmente, pero un salto en el vacío para Luis II, y también para los dirigentes de la época, que miraban asustados las cuentas de gastos del rey loco Hay quien ve en esos excesos el argumento de los que terminaron con su vida. Sea como fuere, una vez hallado su cadáver, se le arrancó el corazón, como a todos los miembros de la familia, y se llevó a Altötting, un capilla de peregrinación. El resto de su cuerpo reposa, con su leyenda, en la iglesia de San Miguel, en el centro de Múnich. Baviera Los castillos de Luis II (Viene de la página anterior) Luis II nació en Nymphenburg, el palacio de verano de la familia de fotos, con las risas de los viajeros. Al fondo, los Alpes, y Austria, un horizonte esta tarde envuelto con un papel de niebla. A pocos kilómetros se halla Füssen, un pueblo bellísimo, cruzado por el río Lech. Su casco histórico está lleno de edificios de principios del siglo XVI, de calles adoquinadas por las que dar un paseo mientras tras los visillos suena un violín o un laúd. No en vano aquí siempre ha habido artesanos que los han construido con la máxima de la excelencia. Una estatua recuerda a uno de esos maestros, Kaspar Tiefenbrucker. En Füssen, por cierto, termina la clásica ruta romántica alemana (romantischestrasse. de) Luis II visitó Versalles en 1867, y el esplendor francés le caló hasta los huesos. De hecho, no tardó mucho en adquirir un terreno de cincuenta hectáreas alrededor de Linderhof donde su padre ya tenía una pequeña casa de caza. Cerca, en la mitad del bosque, en uno de esos paisajes que se sueñan cuando la ciudad abruma, construyó un castillo- palacio menos conocido que Neuschwanstein, pero fascinante, rodeado de agua, de pendientes, cascadas y miradores, y de referencias a la Corte francesa, empezando por una estatua de Luis XIV en el vestíbulo de la entrada. Es un complejo inmenso, con varios edificios complementarios, como la Casa de Marruecos. En este entorno rodó Visconti Ludwig atraído como otros artistas (Verlaine, Rimbaud... por un personaje al que el destino colocó fuera de su tiempo, como aquella cara del actor que le dio vida, Helmut Berger. Al final de una pendiente en el bosque que rodea Linderhof, Luis El sueño francés La imagen del Rey está en los quesos y en cientos de souvenirs