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10 6 07 CLAVES DE ACTUALIDAD PREPUBLICACIÓN El Mayo del 68 de Karol Wojtyla Stanislao Dziwisz acompañó durante casi 40 años a Juan Pablo II, uno de los Papas más carismáticos de la historia. En el libro Una vida con Karol escrito junto al periodista Gian Franco Svidercoschi, recorre las etapas más significativas de la trayectoria y hace la crónica de la vida cotidiana de Wojtila. A continuación reproducimos el capítulo de sus tormentosas relaciones con el comunismo ojtyla vivía sistemáticamente controlado. Todas sus predicaciones se grababan y se sometían a una meticulosa vivisección, frase por frase. Los servicios secretos le seguían a todas partes, por muy lejos que fuera. Estaban de guardia las veinticuatro horas del día al otro lado de la calle Franciszkanska; apenas salía el coche del arzobispo- -él, por cierto, les saludaba con la mano, a veces hasta les bendecía- -montaban en sus vehículos negros, tenebrosos, y se deslizaban detrás de él. Mis ángeles custodios los llamaba. El chófer de Wojtyla, el gran Mucha, era un lince a la hora de despistarlos. Una vez en la que el arzobispo tenía una reunión que quería mantener en secreto, ideó una maniobra digna del agente 007. De repente, aceleró y se metió por una zona llena de callejones; el cardenal salió, rapidísimo, y se subió a otro coche; Mucha continuó su camino, con los espías detrás. Y no fueron sólo historias de aquella época. El Gran Hermano continuó en su puesto, impertérrito, incluso cuando Karol Wojtyla, ya elegido Papa, iba a visitar su país. También entonces, como, por ejemplo, una vez en que iba a reunirse en Varsovia con los miembros de la oposición, el Santo Padre tomó las mismas precauciones de siempre, y salió con sus interlocutores al jardín de la residencia del primado, donde estaba alojándose. En el viaje de 1983 se negoció, más que por extenso, si Juan Pablo II podía reunirse con el ex líder de Solidaridad, Lech Walesa. Al final, el general Jaruzelski dijo estar de acuerdo y eligió el lugar de la reunión: un refugio de montaña a los pies de los montes Tatra, en la zona de Zakopane, en la que se dispuso una espléndida sala, enteramente decorada e iluminada para la ocasión. El Santo Padre entró y miró a su alrededor; algo, evidentemente, no terminó de convencerle del todo. Tomó a Walesa del brazo y se lo llevó afuera, al pasillo. Hablaron allí, al abrigo de escuchas. La primera protesta juvenil po- W Título: Una vida con Karol Autor: Stanislao Dziwisz Editorial: La Esfera de los Libros Páginas: 248 Precio: 17 euros Fecha de publicación: 12 de junio de 2007 laca explotó en el 68. Iniciada en Varsovia, pronto se extendió por todo el país. Y constituyó una etapa importante, significativa, en el camino hacia la libertad. A pesar de que, según se supo más tarde, en sus orígenes, muy probablemente, estaba una estrategia precisa de la policía secreta para provocar la revuelta estudiantil y, así, desencadenar la represión y arreglar cuentas en el interior del mundo comunista. La revolución del 68 no triunfó porque los jóvenes no contaron con el apoyo de los obreros, que constituían la fuerza principal de Polonia. Es más, con frecuencia eran precisamente los obreros los que actuaban con mano fuerte contra los manifestantes, seguramente manipulados y arrastrados a la calle por los agitadores del Partido. La Iglesia, y muy especialmente el cardenal Wojtyla, se había alineado junto a los jóvenes. Y, apoyándolos, había demostrado de forma irrebatible que los jóvenes no eran los responsables de los conflictos, de las protestas. La culpa había que achacársela a aquellos que habían expropiado a los jóvenes de la libertad, que les habían arrebatado la perspectiva de poder alcanzar en el futuro un auténtico desarrollo social y cultural. Por este motivo, la Iglesia no había perdido a los jóvenes, al contrario, los había reconquistado. Y los jóvenes no habían perdido la esperanza. Habían entregado, quizá, las armas materiales, pero habían conservado las espirituales. No habían pasado ni diez años, y ya tuvo lugar la segunda gran protesta juvenil, esta vez en un es- Stanislao Dziwisz Fue secretario personal de Juan Pablo II desde 1966 hasta la muerte del Papa El chófer de Wojtila, el gran Mucha, era un lince a la hora de despistar a la policía política con acelerones, cambios de coche y maniobras dignas del agente 007 Wojtila se alineó junto a los jóvenes. Y, apoyándolos, demostró que la culpa de los conflictos había que achacársela a quienes les habían despojado de su libertad cenario profundamente cambiado. Ya no era en Varsovia, sino en Cracovia, donde el mundo estudiantil- -gracias, sobre todo, a la presencia de un autorizado protector como el cardenal Wojtyla- -no podía ser manipulado por el régimen. Además, ya no había jóvenes que se definiesen a sí mismos como comunistas ya se habían esfumado las últimas ilusiones puestas en el socialismo histórico y en su capacidad para llevar a cabo un auténtico progreso social. En resumen, se podría decir que el método vencedor fue el de Karol Wojtyla, que se había opuesto al marxismo no frontalmente, sino desinflándolo desde el interior, es decir, contrastándolo con la realidad misma del hombre, con la verdad sobre el hombre. Me gustaría profundizar en este punto. El método de actuación del cardenal Wojtyla era puramente eclesiástico, evangélico. Intentaba que en los jóvenes madurase su conciencia moral y, por lo tanto, esa libertad interior que brota del contacto con Dios, del diálogo con Él a través de la oración. Pero, luego, esta nueva vida interior y esta fuerte unión con Dios conducen, casi de forma natural, a una comprensión más profunda de las cuestiones sociales, al interés por aquellos que sufren, que han sido privados de la libertad, de sus derechos fundamentales. De este modo nacía también la oposición moral, espiritual. A la cabeza de la cual no estaba, en cualquier caso, Karol Wojtyla, que era sólo un pastor, no un agitador político. Él se limitaba a proclamar la verdad conforme al dicho evangélico La verdad os hará libres anunciando por eso mismo la libertad del hombre. Eran otros los que sacaban sus conclusiones de todo esto. Los que actuaban... En Cracovia, el 7 de mayo de 1977, fue descubierto en un entresuelo el cadáver de un joven universitario, Stanislaw Pyjas, que colaboraba con el KOR. Su cuerpo presentaba demasiadas heridas, era excesiva la sangre derramada como para creer la versión de la