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10 6 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Kosovo Limpieza étnica bajo la ONU Nadie quiere arrojar la primera piedra sobre el avispero kosovar y nada se ha avanzado en la reunión del G 8, a pesar de que el tiempo corre a favor de otra guerra TEXTO: ENRIQUE SERBETO INFOGRAFÍA: EDUARDO REVALDERÍA E l único tema en el que no se ha avanzado nada en la cumbre del G 8 en Alemania ha sido Kosovo. Ni siquiera la propuesta de Francia de darse seis meses de tiempo más para tratar de encontrar un compromiso. El problema avanza hacia una situación en la que cualquier cosa que se pueda hacer va a ser tan mala como seguir sin hacer nada. Los actuales líderes de la mayoría albanesa amenazan con proclamar la independencia por su cuenta, si no hay un acuerdo pronto para aprobar el plan elaborado por Marti Ahtisaari, el enviado del secretario general de la ONU y a pesar de las advertencias de los serbios. Pero aunque el plan lo apoyan Estados Unidos y la mayor parte de los países de la UE, la sombra del veto de Rusia es una amenaza que mantiene bloqueado el proceso que de todos modos se hace insostenible. Serbios y albaneses están esperando para saber cuál será el futuro de su casa, de su barrio o del campo donde se ha sembrado la cosecha de este año, mientras la OTAN y la UE temen que se reproduzcan los ataques anti serbios de 2004. Veton Surroi, uno de los dirigentes albaneses más influyentes de Kosovo, se reunió esta semana en Praga con George Bush y el presidente norteamericano le reiteró su apoyo decidido a la independencia de esta provincia teóricamente todavía territorio de Serbia. Pero a juzgar por su modo de explicarlo, seguramente en la entrevis- ta debió quedar claro también que para Estados Unidos hay en estos momentos media docena de asuntos más importantes a tener en cuenta con Moscú que el futuro de este minúsculo territorio que cristianos y musulmanes se disputan al menos desde el siglo XIV En el periodo de desmembramiento de la Federación Yugoslava, Kosovo fue utilizada por Slovodan Milosevich como el símbolo de la exaltación del nacionalismo serbio. Cuando estalló la crisis de 1999 había allí casi dos millones de habitantes, el noventa por ciento albaneses. Ahora es bastante difícil saber cuántos han vuelto o cuántos estarían dispuestos a hacerlo. Lo único que se sabe es que bajo esta administración de las Naciones Unidas y la OTAN, los albaneses han logrado hacerse con el control de sus territorios, y los serbios que quedan, tienen que resistir protegidos por las fuerzas de la OTAN y rodeados de alambradas como si fueran prisioneros. Cuando uno llega a Mitrovice, la capital del norte de Kosovo, y cruza las alambradas tras el puente, el teléfono móvil envía el mensaje de Bienvenido a Serbia Los habitantes hablan serbio y se manejan en dinares serbios en vez de en euros. Hasta la electricidad viene de Serbia, en vez de las renqueantes centrales de Kastriot, al lado de Pristina. Ha habido que hacer pasarelas porque hay serbios y albaneses que tienen sus pisos en la orilla equivocada y aunque hay un programa para fomentar el intercambio, la ONU no se ha atrevido a ponerlo en marcha porque en medio del proceso político sólo faltaría un conflicto en un lugar tan sensible. De aquí no se pueden ir los soldados de la OTAN ni se puede pensar que los serbios aceptarían sin más la independencia de Kosovo, sin proclamar a su vez la de su propia provincia. Después de las matanzas y los bombardeos, con más de un 40 por ciento de paro y con una fama internacional de exportadores de mafias, el nombre de Kosovo no le trae buenos recuerdos a nadie. Sin embargo, aunque son musulmanes, apenas se ven mujeres cubiertas y las mezquitas están normalmente vacías. Los ser- La paz de los soldados Ante el temor de la independencia de Kosovo, algunos serbios se llevan hasta sus muertos de los cementerios EPA