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10 6 07 CLAVES DE ACTUALIDAD 15- J Muere una dictadura, nace la democracia El Rey Don Juan Carlos y Torcuato Fernández- Miranda (en el centro) TORCUATO FERNÁNDEZ MIRANDA, EL ARTÍFICE El papel esencial de Torcuato Fernández- Miranda en la Transición puede resumirse con una máxima: De la ley a la ley sin sobresaltos, sin rupturas, sin desenterrar odios o memorias on la aprobación de la Ley para la Reforma Política el 16 de noviembre de 1976 se termina la transición a la democracia en España y se hace posible que todos celebremos en estos días el XXX aniversario de las elecciones generales del 15 de junio de 1977. Para sorpresa y admiración de propios y ajenos, España recuperó, por la determinación del Rey y de un puñado de hombres y mujeres que le acompañaron, la condición de nación libre. Fueron muchos los que participaron, respaldados por la propia sociedad española, testigo y protagonista silencioso de un camino deseado por todos y a la vez temido. Torcuato Fernández- Miranda y Hevia, mi padre, fue uno de ellos. En palabras de Rodolfo Martín Villa muchos años después, si aquella operación política pudiera compararse con una obra de teatro, el empresario y productor habría sido el Rey, el guionista Torcuato Fernández- Miranda, y el primer actor Adolfo Suárez. Esa condición de guionista, de diseñador de una de las operaciones políticas más apasionantes del siglo XX en España, comienza a cuajarse muchos años atrás. El destino hace, si no la casualidad, que en mo- C Enrique Fernández Miranda y Lozana Ex secretario de Estado de Inmigración. Hijo de Torcuato Fernández Miranda mentos determinados de la historia coincidan personas muy distintas. Algo así sucedió cuando el entonces Príncipe Don Juan Carlos comienza sus estudios universitarios y mi padre, catedrático de Derecho Político, es responsabilizado de la Comisión que desarrollará aquellos estudios. Después de muchos años y conversaciones, de muchas discusiones sobre las luces y sombras de la historia de España, siendo ya más colaborador que profesor, empiezan a plantearse situaciones políticas que precisan de actitudes de compromiso de futuro y que constituyen los primeros pasos de la transición, de la reforma y del éxito de nuestra actual realidad democrática. Cuando Don Juan Carlos es nombrado Príncipe de España se le impone la obligación de jurar las Leyes Fundamentales del Movimiento y en aquel momento es consciente de una doble realidad: que jurar es poner a Dios por testigo, y que el futuro que él quiere para España no podía construirse sobre aquellas leyes. Mi padre rescata en una de sus notas manuscritas la siguiente afirmación: Señor, al jurar las Leyes Fundamentales, las juráis en su totalidad, por lo tanto también juráis el artículo 10 de la Ley de Su- cesión que dice que las leyes pueden ser derogadas y reformadas, luego aceptáis, desde ellas mismas, esa posibilidad de reforma Quedaba definida en aquella afirmación la filosofía que empapó todas las actuaciones de futuro: De la Ley a la Ley Sin rupturas, sin sobresaltos, sin desenterrar odios o memorias, respondiendo a lo que la sociedad española quería, reformando las normas de convivencia aceptadas por parte de la sociedad, para dotarnos de otras que aceptásemos todos. Y así se hizo. Torcuato Fernández- Miranda había cumplido su compromiso de aportar tanto como pudiese para conseguir la transición hacia la democracia. Su trabajo concluía como tantas veces había soñado, como tantas veces había inventado, consciente de haber contribuido a una de las piezas maestras de la política del siglo XX. Mi padre hizo una clara apuesta vital por la concordia, por proponer a la sociedad española el olvido de la confrontación como instrumento de autoafirmación del individuo o de la sociedad. En estos día, gracias a S. M. el Rey, y entre otros a mi padre, somos beneficiarios de una nación libre que tenemos la obligación de cuidar.