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16- 17 D 7 LOS DOMINGOS DE Correspondencia poética Entre Sissi y Luis II de Baviera (el Rey loco hubo una amistad teñida de admiración y fundada en locuras comunes, como su afición a la poesía. En 1885 la Emperatriz le mandó sus: A tí Águila allá arriba en la montaña La Gaviota te envía desde el mar Un saludo de olas espumeantes Que sube hasta nieves eternas En una ocasión nos encontramos mutuamente Delante de la inmemorial y gris eternidad Reflejados en el espejo del más hermoso de los lagos En la época en que los rosales estaban en flor... Y Luis II le contestó con su Saludos Desde El Mar Del Norte El saludo de la Gaviota desde lejanas playas Supo encontrar el camino al nido del águila, Llevaba balanceando en sus delicadas alas El recuerdo de los viejos tiempos De cuando una bahía inundada de aromas de rosas Gaviota y Águila al mismo tiempo visitaron, Y encontrándose al trazar un orgulloso círculo, Se saludaron al pasar uno ante el otro Respuesta Desde Los Alpes La Emperatriz frente a un cielo nocturno, cuadro de Franz Xaver Winterhalter, autor de sus más famosos retratos tencia mortal de Sissi un agradable día de septiembre, junto al lago Leman, donde todavía no podía sospecharse el otoño. Sin tener ni siquiera dinero para comprar un cuchillo, se fabricó un arma tan sencilla como letal y le atravesó el corazón a la Emperatriz. El último aliento de la Emperatriz queda guardado entre las paredes de sus habitaciones, en el Hotel Beau- Rivage, mientras su séquito comprobaba, con desesperación, que nada podía hacerse para salvar su vida. Muy pocas personas fueron testigos de la salida de sus despojos mortales hacia la estación de Ginebra, camino de la cripta de los Capuchinos, en Viena. Sissi fue apartada de la vida como había vivido y como ella misma había imaginado: Me escaparé como el humo por una pequeña abertura en el corazón Fanny Mayer, esposa de Charles Albert Mayer, abuela de los actuales propietarios del Beau- Rivage, escribió sobre la muerte de la emperatriz un texto que todavía sobrecoge. Al final de las tres páginas del relato autobiográfico comentó: El drama tuvo lugar hace cincuenta años, pero el recuerdo me ha quedado como si hubiera ocurrido ayer. El original de Fanny- -explican los propietarios- -se ha conservado con todos los documentos relativos a esta tragedia que han sido piadosamente guardados hasta hoy en el museo privado del hotel El Beau- Rivage custodia aún el espíritu de Sissi. En unas vitrinas de la planta noble, donde ella residía, se guardan como auténticas reliquias, unos guantes y un sombrerito negro de la Emperatriz, que atesora Jacques Mayer, Vive en la dolorosa convicción de una felicidad inencontrable y se acerca al siglo XX tal y como proclamaba Paul Morand, como quien se equivoca de puerta heredero de la dinastía del establecimiento, quien explica que fueron comprados en una subasta. El resto de su equipaje volvió a Viena. Sin embargo, las flores blancas que cubrían el cuerpo de Sissi le fueron regalados a la propietaria del hotel y acompañan una cubertería y unos encajes de la Reina, así como una gaceta con la fecha fatídica: 10 de septiembre de 1898. Un vestido de fiesta con pedrería, como de bailarina, irradia desde otra vitrina, una luz opacada por el tiempo. En las habitaciones de Sissi, el orden y el sosiego- ¡finalmente! -parecen haber detenido el paso del tiempo. Las ventanas de la suite se asoman al lago, y la luz de la mañana acompaña la mirada llena de interrogantes de la Emperatriz en el retrato de luces en que la inmortalizó Winterhalter. El ayer y el mañana han aprendido a dialogar y la vida cambia como cambian los tiempos. Pero Sissi sigue habitando en algún lugar del Hotel Beau- Rivage y es toda ella mucho más que su spleen y que el contacto del éter, un suspiro, el silencio, la nada.