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3 6 07 CLAVES DE ACTUALIDAD Sissi Sus días más tristes Culta, vital, poeta, Sissi se sumió en una ensimismada tristeza, perseguida por un destino de pérdidas personales que algunos ven como reflejo de la melancólica enfermedad del Imperio POR ALICIA PERRIS VILLAMOR FOTOS ABC ¿Podrás atreverte a no pensar jamás en obtenerme? mi frío ardor es mortal y bailo sobre cadáveres Elizabeth de Austria lizabeth de Austria, Sissi, como se la conocía en familia, es uno de los personajes más emblemáticos de la segunda mitad del Siglo XIX. Su fama y la leyenda edulcorada que vino después, tiene su origen en las conocidas películas de Ernst Marischka, que, en los años cincuenta, dieron vida a los jóvenes años de una reina encarnados por una lozana y jovencísima Romy Schneider. Pero, detrás de esa dulce leyenda, aparece también la Emperatriz culta, brillante, pero desdichada. Casada con apenas dieciséis años con su primo hermano Francisco José, por sus genes corrían a la vez la tradición de muchos siglos de hegemonía de los Habsburgo y los desvaríos fantasiosos de los Wittelsbach. Tuvo en cuatro años tres hijos y perdió a la primera durante un viaje por tierras de Hungría, para final- E mente dar a luz a una cuarta, María Valeria, su kedvesem la más querida. La relación con el esposo se hace cada día más distante mientras viajar se convierte en el remedio para todos los males del alma. Escapa de Viena y de la Corte. Y construye palacios, como el Achilleion de Corfú que inmediatamente abandona, mientras la antigüedad griega, la del héroe de la Guerra de Troya, la de Safo y Hermes la seducen, con la posibilidad de evadirse de una cotidianidad que encuentra asfixiante y opresiva. Políglota, enamorada de la Belleza, defensora de Hungría, amante de los animales, se convirtió muy pronto en una de las mejores amazonas de Europa, al tiempo que Winterhalter la inmortaliza en un retrato iluminado por los diamantes y el vestido de un tul relampagueante diseñado por Worth. Sometida por su propia voluntad a dietas draconianas, su cintura nunca superó los míticos cincuenta centímetros que la hicieron parecer, durante toda su vida, una eterna adolescente. La Reina transforma su cuerpo en un icono de su personalidad y termina por conferirle la condición de templo. Mientras Sissi adelgaza y ejercita su cuerpo en la soledad del Hofburg, el Imperio Austrohúngaro se desgarra en guerras, miseria y muerte. Comienzan los movimientos que reivindican los derechos de las clases trabajadoras, las ideas anarquistas, la búsqueda de la igualdad, mientras la aristocracia se deslumbra con un vals cojo que no termina nunca. Elizabeth escribió poesía a la manera de su idolatrado Heinrich Heine, y representó, en su peculiar estilo y siempre contracorriente, el declive de una época Hotel Beau- Rivage, donde murió tras ser atacada por un anarquista Sometida a dietas draconianas, su cintura nunca superó los míticos cincuenta centímetros que la hicieron parecer durante toda su vida una eterna adolescente terminal. El Eros y el Tánatos de una civilización agonizante, que autores como el triestino Claudio Magris sintetizaron a la perfección: La historia del mito habsbúrgico es la de una cultura que, con la excusa de su amor por el orden, descubre el desorden del mundo La literatura, la pintura, la música de la Viena fin de siglo se dibuja como una metáfora del wienerselbsthass (odio a sí mismo) y plasma la ambigüedad creativa del vienés, a mitad de camino entre la floración vital y el germen de su propia destrucción. Esta indescifrable enfermedad vienesa es la que el padre del psicoanálisis, Sigmund Freud, intenta decodificar. En medio de esta fascinación por el desastre, la figura de la Emperatriz de Austria se convirtió en espejo de su época. A lo largo de su vida Elizabeth va perdiendo en circunstancias trágicas a sus hermanas, a su cuñado Maximiliano, a Luis II de Baviera, al conde Andrássy, su fiel amigo húngaro, y sobre todo a su único hijo, desaparecido en medio del misterio de un pequeño pabellón de caza conocido como Mayerling. La muerte de Rodolfo es el punto de inflexión definitivo de su vida. A partir de ese momento su comportamiento y su eterno deambular por el mundo, en barco, en trenes infinitos, encoge el corazón de los que la acompañan. La emperatriz Eugenia de Montijo, su contemporánea, escribió: Era como si hubiéramos viajado con un fantasma, pues su espíritu parecía residir en otro mundo Elizabeth se mueve a partir de la dolorosa convicción de una felicidad inhallable y se acerca al siglo XX tal y como proclamaba Paul Morand, como quien se equivoca de puerta Hay sin embargo un trasfondo de aislamiento, de evasión de la realidad, de inmersión en la riqueza y la distinción propias de la clase privilegiada, que no están ausentes de su vida. Y en esa búsqueda de la excelencia se relaciona con los Rothschild y hace de Suiza un refugio para ella. El último año de su vida, 1898, fue una vez más un periodo de traslados y viajes. La riviera suiza, Pregny, Caux, Montreux, Territet, el castillo de Chillon y Ginebra, se convirtieron en su última morada. Pero la austera y conservadora Suiza se había convertido- -paradójicamente- -en tierra de asilo para refugiados revolucionarios italianos, y hasta Ginebra acudió Luigi Lucheni, un joven anarquista, en busca de una víctima que lo inmortalizara para la Historia. Lucheni acabó con la exis-