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14- 15 D 7 LOS DOMINGOS DE de escape en las relaciones sexuales no reproductivas, o ambas cosas. Incluso el significado de conceptos clave, como qué constituye a un individuo era diferente. Los escritores, entre ellos Shakespeare, estaban sólo empezando a hablar de la individualidad en el sentido moderno de distintivo o especial justo lo contrario de lo que durante mucho tiempo había significado, inseparable Dado que era una época de fe, o al menos una época en la cual era obligatorio ir a la iglesia, la religión desempeñaba asimismo un papel más importante en cuanto a condicionar la manera en que se imaginaba la vida, la muerte y el más allá. Todo esto hace pensar que por mucho que deseemos que Shakespeare fuera como nosotros, no lo era. Las biografías convencionales de Shakespeare son ficciones necesarias que siempre nos acompañarán, menos por lo que nos cuentan de Shakespeare que por lo que nos revelan de nuestras fantasías acerca de quién queremos que sea Shakespeare. Tengo la esperanza de que el relato que se ofrece en estas páginas pueda transmitir una sensación de cuán profundamente la obra de Shakespeare brotó de su implicación con su época. Llegar a ese punto, sin embargo, supone volver a narrar buena parte de la historia política y social. He hecho cuanto estaba a mi alcance para presentar este contexto de una manera breve y accesible, pero reconozco que algunos considerarán quizá los primeros capítulos demasiado lentos. Ruego indulgencia a quienes estén ansiosos por saber más acerca de cómo escribió Shakespeare sus obras, pero sientan impaciencia ante una serie de marchas forzadas por terrenos tan variados como los jardines de Whitehall Palace y las ciénagas del Ulster. Como en las comedias de Shakespeare, tienen que pasar una o dos escenas antes de que el héroe ocupe el centro del escenario. Y por mucho que mis afirmaciones estén basadas en lo que han descubierto los investigadores, buena parte de lo que obtengo de esta información sigue siendo una conjetura. Cuando se escribe sobre una época en la que no existían los periódicos ni los testimonios fotográficos, es la plausibilidad y no la certeza lo más cerca que se puede llegar a lo que sucedió. En vez de esparcir torpemente por las páginas que siguen una salvaguardia tras otra- quizá tal vez es muy verosímil probablemente o la más desalentada de todas, segura- mente prefiero ofrecer aquí una matización global. Este libro es, necesariamente, mi reconstrucción de lo que le sucedió a Shakespeare en el transcurso de ese año; cuando matizo una afirmación, ello indica que la prueba no es incluyente o que el argumento es altamente especulativo El Shakespeare que aparece en estas páginas no es tanto un Shakespeare enamorado como un Shakespeare trabajando. Cuando John Aubry, el biógrafo shakespeariano del siglo XVII, preguntó a quienes habían conocido al poeta lo que recordaban de él, le dijeron que no era un hombre muy sociable y que no quería que lo arrastraran a una vida disoluta, y, si lo invitaban se excusaba diciendo que estaba en- Los que le conocieron decían de él que no quería que lo arrastraran a una vida disoluta y, si lo invitaban el poeta se excusaba diciendo que estaba enfermo Ocupaba la mañana con los ensayos, la tarde con las funciones y las veladas con la compañía. Le quedaban sólo unas pocas horas por la noche y al alba para escribir fermo La imagen de Shakespeare rechazando invitaciones con tan pobre excusa resulta verosímil, y la anécdota revela tanto como probablemente llegaremos a saber el valor que Shakespeare daba al tiempo que le quedaba libre para escribir. Como dramaturgo residente y actor de los Hombres de Chamberlain, una compañía teatral que representaba durante casi todo el año, Shakespeare tenía la mayor parte de la mañana ocupada con ensayos, la tarde con las funciones y muchas de sus veladas con asuntos de la compañía, tales como escuchar a autores que trabajaban por cuenta propia nuevas comedias que añadir al repertorio. Le quedaban unas pocas y preciosas horas ya entrada la noche y por la mañana temprano para leer y escribir, con frecuencia a la luz temblorosa de las velas y luchando con la fatiga. Si Shakespeare estaba enamorado en 1599, lo estaba de las palabras. Lo que sigue, pues, es la vida de un escritor: lo que Shakespeare leyó, escribió, interpretó y vio publicado, y lo que sucedía en Inglaterra y más allá de sus costas que contribuyó a dar forma a sus obras, que cuatrocientos años después siguen influyendo en la manera en que entendemos el mundo.