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3 6 07 EL LIBRO PREPUBLICACIÓN El año milagroso de Shakespeare Entre los muchos milagros que aparecen al paso de la vida y obra de Shakespeare tal vez el más intrigante sea el de cómo fue capaz de escribir en un solo año Hamlet Julio Cesar Enrique V y Como gustéis James Shapiro se adentra en ese prodigio y traza una doble biografía: la del año 1599 en la Inglaterra isabelina y la del genio que lo habitaba E Título: 1599: Un año en la vida de William Shakespeare Autor: James Shapiro Editorial: Siruela Colección: El ojo del tiempo Páginas: 464 Precio: 26 Euros n 1599, los isabelinos enviaron a un ejército a aplastar una rebelión irlandesa, resistieron una amenaza naval española y apostaron por una joven Compañía de las Indias Orientales mientras esperaban a ver quién sucedía a su reina, que se iba haciendo vieja y no tenía hijos. También acudían en masa a los teatros de Londres, entre ellos el Globo, recientemente construido. Era en el teatro, observaba Thomas Platter, un turista suizo que visitó Inglaterra y vio allí comedias en 1599, donde se pasaban el tiempo los ingleses, informándose con las comedias de lo que sucedía en el extranjero Los dramaturgos ingleses no decepcionaban, en especial Shakespeare, copropietario del Globo y cuyas obras de aquel año se elevaron a una nueva y extraordinaria altura. En el transcurso del año 1599, Shakespeare terminó Enrique V escribió Julio César y Co, mo gustéis en rápida sucesión y después hizo el borrador de Hamlet. El presente libro trata de los logros de Shakespeare y de las experiencias de los isabelinos en aquel año. Ambas cosas están casi inextricablemente unidas: no es posible hablar de las obras de Shakespeare con independencia de su época, como tampoco lo es entender aquello por lo que pasó la sociedad en la que vivió Shakespeare sin la ayuda de las concepciones de éste. Él y los demás dramaturgos fueron en verdad, como dice la bella expresión de Hamlet, el resumen y la crónica del presente Los dos únicos retratos suyos auténticos que se han conservado son póstumos. Muestran a un hombre de aire serio y constitución mediana, modestamente vestido; tiene cabello oscuro, labios gruesos, grandes ojos atentos, nariz larga y recta y frente excepcionalmente despejada. Pero ni el grabado de la portada del First Folio ni el monumento funerario que aún se eleva en la iglesia de Stratford- -en el cual tiene más aspecto de contable que de artista- -nos dan la oportunidad de atisbar en el alma del poeta. Si Shakespeare tuvo alguna influencia en este monumento funerario, tal vez fue responsable del rasgo más llamativo de éste, para ser recordado como un autor: debajo de su mano izquierda hay una hoja de papel y en la derecha, en posición de escribir, una pluma. El dominante deseo de un Shakespeare más expresivo, de un retrato más verdadero del artista, explica por qué los cuadros que representan a los impostores más parecidos al Shakespeare que imaginamos se hallan ahora en la National Portrait Gallery y sitios semejantes, y son los que encontramos reproducidos en todas partes, desde tazas de café hasta ediciones de sus obras. Los biógrafos sólo pueden conjeturar los sentimientos de Shakespeare hacia su madre, su padre, sus hermanos, sus hermanas, sus vecinos, sus amigos, sus compañeros de colegio o sus patronos, o también cómo e incluso dónde pasó su adolescencia o los cruciales años perdidos entre su marcha de Stratford y su llegada a Londres. Quienes ponen su empeño en descubrir la personalidad del Shakespeare adulto en sus experiencias formativas acaban buscando indicios en las obras, que luego pueden releer sacando conclusiones excesivas de lo poco que se puede inferir acerca de sus años tempranos (lo cual, dado que las obras contienen casi todos los géneros imaginables de experiencias y relaciones, no es tan difícil de hacer como pa- rece) Pero las obras no son espejos de ida y vuelta: aunque Shakespeare muestra a la perfección lo que uno siente cuando está enamorado, es traicionado o se siente James Shapiro Profesor de literatura. Uno de los mayores especialistas en la obra y la vida de Shakespeare En 1599 la idea de casarse por amor era bastante nueva. Shakespeare muestrá qué siente el enamorado, pero ello no quiere decir que él fuera desgraciado como Romeo Los ingleses se pasaban el tiempo viendo comedias, e informándose con ellas de lo que sucedía en el extranjero según relata un turista suizo de la época terriblemente decepcionado, ello no quiere decir necesariamente, como dijo un crítico del siglo XIX, que sin duda fue tan desgraciado en amores como Romeo, y, como Hamlet, estuvo un tiempo sin saber qué hacer después La circularidad y la arbitrariedad no son más que una parte del problema: los biógrafos que se han ocupado de toda la vida de Shakespeare suelen dar por sentado que lo que hace que las personas sean lo que son es lo mismo ahora que entonces. Los historiadores de la Inglaterra del siglo XVI no están tan seguros. Como en la época de Shakespeare a casi nadie se le ocurría escribir sus memorias o llevar un diario íntimo- -reveladores de suficientes hechos en sí mismos- no sabemos si la vida emocional de la gente era como la nuestra. Sus años de formación, desde luego, no lo eran. A los bebés los amamantaban extrañas, y era frecuente que las criaturas pasaran su primer año de vida fajadas. La niñez era corta; la mayoría de los adolescentes, ricos y pobres, eran enviados fuera de casa a vivir y servir en otras familias. La peste, la muerte al dar a luz, las cosechas perdidas y las elevadas tasas de mortalidad infantil disminuían quizá la fuerza de los lazos familiares. Y estos lazos no duraban mucho: la gente vivía, por término medio, hasta alrededor de los cuarenta y cinco años (sólo uno de los siete hermanos y hermanas de Shakespeare pasó de los cuarenta y seis) Los hijos mayores, como el dramaturgo, lo heredaban todo, dando lugar a fricciones entre los hermanos. Ni siquiera constantes tales como el amor y el matrimonio eran iguales. La idea de casarse por amor era bastante nueva. Y aunque la vida era más corta, la mayoría de los hombres y mujeres isabelinos retrasaban el matrimonio hasta los veintitantos años (y una sorprendente proporción, que incluye a los tres hermanos varones de Shakespeare, no se casaba) Teniendo en cuenta las tasas de ilegitimidad de la época, extremadamente bajas, hay que pensar que el deseo o bien era sublimado o bien hallaba una válvula