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12- 13 D 7 LOS DOMINGOS DE Las galerías del búnker G 0- 42 tienen una extensión de siete kilómetros y sus paredes cuentan un blindaje de seis metros de espesor ABC Moscú POR: RAFAEL M. MAÑUECO. MOSCÚ Otra ciudad bajo tierra El subsuelo moscovita es un laberíntico universo de pasadizos, galerías, criptas, búnkeres, refugios nucleares, ruinas arqueológicas, laberintos e incluso urbes enteras subterráneas l subsuelo moscovita. perforado de galerías y búnkeres, era hasta hace poco un hervidero de marginalidad habitado por vagabundos, niños abandonados o huidos de sus casas, drogadictos, prófugos de la justicia y prostitutas. En 1999, la Policía calculaba en 30.000 el número de personas que vivían en los bajos de la capital. En invierno, gracias a las tuberías del agua caliente, las cloacas son un buen refugio contra el frío. En verano, la humedad protege del calor. Los subterráneos de Moscú eran también frecuentados por aficionados al mundo de las catacumbas. Aventureros a la búsqueda de emociones fuertes o de algún tesoro oculto. Cuenta la leyenda urbana que sectas satánicas celebraban allí sus rituales y que una tribu de vagabundos an- E tropófagos utilizaba un recóndito colector para organizar sus festines. Habladurías. Aunque durante una inspección de la Policía hace siete años se encontraron esqueletos y cadáveres humanos en descomposición. Bastantes de ellos con orificio de bala en el cráneo. La red de galerías subterráneas era un sitio ideal para deshacerse de las víctimas de un crimen. Las mafias utilizaban también los recovecos para ocultar armas, narcóticos, objetos robados y maletines con dinero. Otro tesoro por el que correr el riesgo. El osado no sólo podía ser capturado por matones o gentes del subsuelo. Tam- Un refugio nuclear con capacidad para alojar a 10.000 personas alberga bibliotecas, hospitales, lámparas de araña, salas de proyección y un parque de automóviles bién podía ser atacado por las ratas, cada vez más numerosas en Moscú, o caer en las viejas trampas tendidas durante los años 30 por el NKVD, la policía de Stalin. En su libro El Moscú subterráneo Taísia Beloúsova relata que, tras la revolución, para dar caza a los maleantes del subsuelo, se instalaron trampas en forma de compuertas que se activan al paso del intruso para apresarle y convertirle en pasto de las ratas. El gas tóxico que desprenden las antiguas líneas telefónicas oficiales al perder su recubrimiento puede también causar la muerte. Cables venenosos que se utilizaban para impedir que el teléfono de algún alto responsable pudiera ser pinchado Pero las medidas antiterroristas adoptadas en los últimos años han vaciado los subterráneos. Los accesos más conocidos han sido cerrados a cal y canto. Y un destacamento policial vigila el alcantarillado. Su base de entrenamiento es un enorme refugio atómico: una auténtica ciudad subterránea, diseñada a finales de los 40 para albergar a 10.000 personas en caso de ataque nuclear. En su interior hay dormitorios, comedores, bibliotecas, salas de proyección, hospitales, depósitos de víveres y un parque de automóviles. La idea era utilizar los vehículos una vez que el descenso de la radiación en el exterior permitiera abandonar el refugio. Uno de esos refugios, el búnker GO- 42, acaba de abrirse al público como museo de la Guerra Fría Se encuentra en el callejón Kotelnicheski, cerca de la estación de metro de Tagánskaya. Su directora, Olga Arjárova, advierte de que el museo está aún sin montar y que es necesario terminar algunas obras. Las galerías tienen una extensión aproximada de 7.000 metros cuadrados y se encuentran a una profundidad de 60 metros. El blindaje de las paredes alcanza los seis metros. El refugio, que terminó de construirse en 1956, comunica con el metro y fue totalmente saqueado en los años 90 por la fauna underground moscovita. Las salas para los generales estaban dotadas de suntuosas lamparas de araña de cristal y de ricas alfombras. Iba a ser el centro de mando y comunicaciones del Ejército Rosoviético, en caso de guerra atómica. Desde aquí tendría que partir la orden de disparar los misiles de respuesta al ataque puntualiza Arjárova.