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3 6 07 EN PORTADA Consortes En la carrera a la Casa Blanca Sencilla, sólida y honesta, Elizabeth ha conectado con la gente gracias a su buen carácter AFP ELIZABETH Y JOHN EDWARDS Cuando la tragedia forma parte de la campaña lizabeth suele quejarse, medio en broma o medio en serio, de que su marido parece haber firmado un pacto con el diablo. Mientras ella envejece, engorda y arruga, él retiene el mismo aspecto estelar de su juventud. Frente al populismo y manierismos de abogado litigante de su es- E poso, ella es una persona sencilla, sólida y honesta que desde las pasadas elecciones presidenciales ha conectado con el público. Con detalles encantadores para los estadounidenses como el de celebrar sus aniversarios de boda en una hamburguesería Wendy s, tal y como festejaron el primero hace tres décadas cuando no tenían dinero. Elizabeth, abogada como su esposo, ha tenido un papel decisivo en la carrera de su marido en las filas del Partido Demócrata, limitada a 6 años en el Senado y dos candidaturas presidenciales. Ha estado presente en las reuniones importantes y ha tenido muchas veces la última palabra en las decisiones electorales de su marido y en la formación de su equipo. La pareja comparte dos grandes tragedias familiares que han terminado por convertirse en tema de campaña para Edwards. En 1996 falleció en un accidente de coche su primogénito, Wade, de 16 años. Ella dejó de trabajar, tomó el apellido de su marido, se quedó en casa y se dedicó a honrar la memoria de su hijo con toda clase de proyectos filantrópicos. Hasta que, finalmente, logró salir de su depresión y traer alegría a su casa con la ayuda de dos hijos más, logrados gracias a duros tratamientos de fertilidad. Tras la derrota electoral de 2004, año en el que Edwards compitió como número dos de John Kerry, a Elizabeth se le diagnosticó un cáncer de mama. Enfermedad que no ha sido atajada y ha vuelto con virulencia. A pesar de todo, la pareja decidió continuar con su segunda candidatura presidencial, donde ella tiene un papel aún más visible. Esta decisión ha provocado un gran debate sobre el impacto y las duras decisiones asociadas con diagnósticos como el de Elizabeth. ANN Y MITT ROMNEY Personificación mormona del matrimonio perfecto n lo matrimonial, el multimillonario y telegénico Mitt Romney es el sueño de todo asesor electoral. El candidato mormón se casó con su novia del bachillerato, a la que en su primera cita llevó a ver Sonrisas y lágrimas La pareja ha tenido 5 hijos y disfruta de 10 nietos. Un retrato familiar que parece un póster de campaña a favor de los valores tradicionales republicanos. El problema es que Ann ha demostrado una incómoda divergencia con el programa de su marido, quien se declaró fervorosamente pro- vida frente a su pasado pragmático como gobernador de Massachusetts. En la polémica trascendió que Ann donó dinero al grupo Planned Parenthood, bastión de los llamados derechos reproductivos de la mujer en EE. UU. Sin embargo, ahora E Sonrisas y lágrimas sigue siendo la película favorita de Ann Romney AP ella dice estar de acuerdo con la novedosa oposición al aborto de su marido, por el cual también abandonó su confesión episcopaliana para hacerse mormona. A pesar de disfrutar de un patrimonio de más de 200 millones de euros, los Romney tienen su correspondiente dosis de problemas que no se solucionan con dinero. Justo antes del día de Acción de Gracias en 1998, a ella se le diagnosticó esclerosis múltiple. Enfermedad que combate con terapias alternativas hasta haber logrado una mejoría que le permite practicar la equitación. No le gusta dar entrevistas pero, de llegar a ser primera dama, aspira a ocuparse de cuestiones como la prevención de embarazos entre adolescentes. Sonrisas y lágrimas sigue siendo su película favorita.