Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
30- 31 D 7 LOS DOMINGOS DE ROSA BELMONTE Expediente Ñ Frikismo napoleónico hora dicen que es falsa. La Junta de Castilla León compra la Tizona por una pasta y el Ministerio de Cultura dice que no es la espada de Rodrigo Díaz de Vivar. Y que lo sabían desde 1999. No obstante, la pieza siguió en el Museo del Ejército, donde estaba desde 1944 y cuyo propietario, el marqués de Falces, se la quiso colocar al Ministerio, que declinó la oferta. La ha comprado la Junta por 1,6 millones de euros. Y la consejera habla de un ataque de cuernos del Gobierno. Qué políticos. Y a mí qué me importa la espada del Cid estando tan de actualidad el pene de Napoleón. La semana pasada se murió John K. Lattimer, urólogo y orgulloso propietario del trocito imperial, de una ampolla de cianuro de Hermann Göring o del cuello ensangrentado de la camisa que Lincoln llevaba cuando fue asesinado. Bueno, los que vivimos en una cultura de reliquias tampoco nos escandalizamos por el afán conservador de trozos humanos. Ahí están desde la garganta de San Antonio a la cabeza de Santa Catalina de Siena, pasando por el dedo de Santo Tomás o el cuerpo entero de Santa Clara. Y eso sin entrar en la fascinante leyenda del Santo Prepucio. En inglés (The Holy Prepuce) todavía me gusta más. Al morir Lattimer, The New York Times publicó un artículo sobre las reliquias, otras partes de Napoleón y sobre el corazón del marido de Mary Shelley. Pero mucho antes, Gregorio Doval, en El libro de los hechos insólitos tenía un capítulo Después de morir donde repasaba algunas muestras de ese tipo de fetichismo más que rarito. Ahí van unos cuantos ejemplos. En 1412, Enrique V de Inglaterra desentierra el cuerpo de Ricardo II, que llevaba doce años muerto, y lo exhibe. Lo vuelve a enterrar dejando S La actriz Elsa Pataki estuvo en un concurso de bañadores, pero para elegir modelo, no para lucirlo sino que aseguró que era muy amigo de mi madre y un gran admirador de su talento. Cuando le puse esta cinta a mi madre en casa lo único que comentó fue a buenas horas, con el daño que me ha hecho y se fue a dormir la siesta. Así era ella. Con la visita de Rocío a nuestra casa pasa lo mismo. Fue en el año 56 o 57. Yo estaba de vacaciones del internado en Suiza y por eso pude verla. Llegaron a las cuatro. Las pasé al salón donde las esperaba al piano el maestro Posadas a quien mi madre invitó a comer un arroz con mariscos. Venían muy nerviosas. Rocío comentó que traía la voz rozaíta y mi madre le dijo que se relajara y que cantara. Creo que empezó con Mañana sale una canción de mi madre. Me miró y por su mirada supe que le gustaba cómo lo hacía. No es verdad que le gritara porque se apoyara en su piano. Lo que le indicó fue que para cantar esas canciones había que echarse hacia adelante, que las líricas son las que se apoyan en el piano pero que para esos temas había que andar, abrir los brazos. Avanza y empieza a cantar le indicó. Después de varias canciones Rocío le dijo que también cantaba flamenco y de ahí que esa noche a mi madre ÁNGEL DE ANTONIO ra a su tablado de El Duende Y así empezó a trabajar Con estas palabras Concha Márquez Piquer quiere acabar de una vez con las leyendas que rodean a su madre y su mal carácter. No era amiga de aclarar las cosas. No lo hizo con Molina ni con Rocío Volviendo a la actualidad mucho arte fue el que se vio en la presentación del disco de Manuel Lombo en Madrid. Desde Jaime de Marichalar a la condesa de Romanones pasando por Finito de Córdoba y Arancha del Sol, muchos fueron los que le aplaudieron y animaron en su puesta de largo. Otro tipo de arte mostró la actriz Elsa Pataki en la entrega del premio de Diseño Venus de Gillette. Los diseñadores Modesto Lomba, Andrés Pastora Imperio para que la lleva- se le ocurriera recomendársela a mejor traje de baño del concurso que presentó la actriz Carolina Cerezuela y trajo, por unas horas, a una Pataki que está mucho más precavida pero igual de encantada con su novio Adrian Brody, quien la semana que viene también tendrá su minuto de gloria en Madrid. Los dos son de anuncio. Sardá, Nuria Sardá, Angel Schlesser, Roberto Torreta, Guillermina Baeza y Belén Larruy eligieron el un agujero en la tumba para que se pudiera tocar la calavera. El hueco debía de ser considerable porque en el siglo XVIII un estudiante se llevó la mandíbula, que sus descendientes conservaron hasta 1906. Otra. Enrique VIII mandó decapitar a Tomás Moro. La cabeza se hirvió, se pinchó en un palo y se colgó en el Puente de Londres. Su hija untó a un vigilante para que se la consiguiera, guardándosela en una caja de plomo. La pillaron y encarcelaron. Cuando murió, la enterraron con la cabeza cocida de papá. Más. El cadáver de René Descartes fue desenterrado dieciséis años después de su muerte en Estocolmo, adonde lo había llamado la reina Cristina, y llevado a París, aunque el caprichoso embajador francés se quedó el dedo índice. Pero es que en el viaje del resto del cuerpo en tren, al cráneo le dieron el cambiazo por el melón de alguien que no era ni la mitad de listo que Descartes. Fue de mano en mano (de vitrina en vitrina) como la Zarzamora, hasta que llegó al naturalista francés Georges Cuvier. Lo de Shelley. El poeta se ahogó en el golfo de La Spezia. Su cadáver fue quemado en presencia de sus amigos Lord Byron, Edward Trelawny y Leigh Hunt (parece que era un antiguo ritual griego) Trelawny rescató el corazón de cadáver consumido (se quemó, claro) y se peleó por el músculo con Hunt. A Byron se ve que no le hacía tilín el cacho de Shelley. Al final, como debe ser, se lo quedó la viuda, que lo envolvió en un pañuelo de seda. Cuando murió fue hallado en su escritorio, entre las páginas de Adonis Y Napoleón. No sólo se guarda el pene (de unos tres centímetros y supuestamente conservado por su confesor) también una muela del juicio, el pelo (que alguien le afeitó totalmente) el corazón, parte del estómago, una porción de intestinos (vale, ésta no porque fue destruida en el Real Colegio de Cirujanos de Francia por un bombardeo en 1940) y el pene, que Lattimer compró en 1977 por 3.800 dólares. Y luego alguien es friki (friki y rico) porque puja en una subasta por el bastón de Yoda en El imperio contraataca o por la auténtica espada láser que Luke Skywalker empuñó en La guerra de las galaxias Espada que, encima, no rula. Es un tubo cromado normal y corriente de donde no salen rayos láser. Al Día del Orgullo Friki va a haber que invitar a unos cuantos chiflados más. Dice Chris Rock que te das cuenta de que el mundo está loco cuando el mejor rapero es blanco, el mejor golfista es negro y Suiza gana la Copa del América de vela. Y cuando se guardan esas cosas como lo más normal del mundo.